EL ASTRO, DESCONCERTADO

Koeman se enfrenta al descomunal desafío post-Messi

Lionel Messi estrecha la mano con Ronal Koeman

Lionel Messi estrecha la mano con Ronal Koeman / ALBERT GEA (REUTERS)

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Marcos López
Marcos López

Periodista

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Hace más más de un mes que ya no era jugador del Barça. Pero ni siquiera él se sentía así. Es más, creía Leo Messi que estaría el domingo, ya con el nuevo contrato firmado, dirigiéndose a los aficionados en el Estadi Johan Cruyff coincidiendo con el trofeo Joan Gamper. No intuyó el astro que extinguido el contrato que le firmó Bartomeu en noviembre del 2017 se quedaría sin equipo.

 Cuatro años más tarde, y a inicios de agosto, no aparece ni en la web oficial del club. Borrado casi de forma inmediata, mientras él, aturdido y desconcertado, intenta buscar explicaciones a lo sucedido. No quiso el astro hace un año ir a juicio "contra el club que más amo, el que me lo dio todo" y ahora -¡quién se lo iba a decir!- se ve sin club, por mucho que los grandes de Europa, a los que ha pillado también con el pie cambiado, observen el nuevo escenario en el que se ha sumergido Messi tras el comunicado en el que el Barça informa que no seguía.

Justo antes del debut en la Liga

 Y Koeman, a 10 días de que se inicie la Liga, pierde a su jugador referencia. Se queda sin el máximo goleador del equipo. Huérfano, además, del mejor asistente. Desprovisto, además, del capitán. Del jugador que ha servido como hilo argumental del mejor Barça de todos los tiempos en tres lustros llenos de éxitos. En el 2017 se fugó Neymar a París. En el 2020, Koeman le comunicó a Luis Suárez que no contaba con él, abriendo un cisma en el universo Leo que veía marchar a sus mejores amigos. Y en el 2021 es el club quien informa que Messi no sigue.

O sea, el tridente sobre el que Bartomeu cimentó su éxito electora en las elecciones del 2015 ha desaparecido del Camp Nou. No existe ni tridente. Ni tampoco rastro alguno del triplete (Liga, Copa y Champions), la obra colectiva diseñada por Luis Enrique hace seis años. La última Copa de Europa que llegó al Museo del Camp Nou.

Un nuevo mundo, un territorio virgen e inexplorado deberá transitar ahora Koeman. Y el club. Y, por supuesto, para el propio Messi

¿Ahora? El vacío. Un nuevo mundo, un territorio virgen e inexplorado por el que deberá transitar Koeman. Y el club. Y, por supuesto, para el propio Messi, quien pensó que el jueves firmaría, tal vez, su último contrato con el club de su vida. Pero, de repente, se encuentra libre. Esa libertad que exigió, y no tuvo, hace un año.

Un nuevo orden

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Tan extraño y desconcertante resultó este jueves 5 de agosto, día en que Messi se desligó del Barça, que incluso él decidió callar. Tanto Leo como sus compañeros, siempre activos, tremendamente activos en las redes sociales. Ayer, en cambio, estuvieron mudos. Sospechosamente mudos sin emitir mensaje alguno hacia el comunicado oficial del club. Ningún jugador ni tampoco el entrenador, obligado como está Ronald Koeman a enfrentarse al monumental desafío de construir el Barça pos Messi, algo para lo que realemnte no estaba preparado nadie. Tampoco Leo.

Ni, por supuesto, el propio técnico. Todos callados, digiriendo en silencio la noticia que realmente nadie aguardaba. Callado y abatido anda Messi, intentando descifrar lo ocurrido en las últimas indescifrables horas donde creía que iba a firmar el último contrato. Pero no había documento alguno que rubricar. Yeso que Laporta le había traído a Barcelona al Kun Agüero, su mejor amigo. Ni un minuto estarán juntos en el Camp Nou.