DE AGOSTO-2020 A AGOSTO-2021

Del burofax a Bartomeu al comunicado de Laporta

En agosto del 2020 quiso irse del Barça, pero no le dejaron. En agosto del 2021 quería Leo Messi continuar. Pero el Barça no ha podido inscribirlo. No es él quien dice que se va sino que es el club quien comunica la ruptura.

Laporta se abraza a Messi antes de la foto oficial con la plantilla en la ciudad deportiva de Sant Joan Despí.

Laporta se abraza a Messi antes de la foto oficial con la plantilla en la ciudad deportiva de Sant Joan Despí. / FCBARCELONA

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Marcos López
Marcos López

Periodista

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No hay agosto tranquilo. Del burofax a Bartomeu enviado el pasado 25 de agosto del 2020 al comunicado, apenas 12 líneas, emitido el 5 de agosto del 2021. Un par de veranos para enterrar una hermosa historia de amistad con el club que lo acogió siendo un niño, con apenas 13 años. No quería Messi hace un año seguir en el Camp Nou. Quería ahora, o eso esgrime el club, Messi continuar. Pero Joan Laporta no ha podido abrirle la puerta dejando un escenario tenebroso, que arranca precisamente, en otro verano. El del 2017. El punto de partida de una crónica que ha terminado con el final de tan bella historia. Llegó el París SG, ejecutó la cláusula de rescisión de Neymar, fijada en 222 millones de euros, y abrió el principio del fin. 

Desde entonces, el Barça entró en una espiral de malas decisiones, elevando su masa salarial de tal manera ("está al 110% de los ingresos", recordó Laporta en su primera asamblea como presidente, capítulo dos) que no tenía dinero para complacer las demandas de Messi. Por mucho que quisiera Laporta, el candidato que presumió de tener hilo directo con Leo en la campaña electoral. Pero ni esa conexión con el astro le ha permitido garantizar la continuidad en el Camp Nou, envenenado como andaba el club desde ese verano del 2017 cuando Neymar se fugó al Parque de los Príncipes sin que el Barça se enterara.

Recibió el club una fortuna (222 millones). El mayo traspaso en la historia del fútbol mundial. No batido ni antes de la pandemia. Ni tampoco después cuando la austeridad se impone, incluso en clubs como el Barcelona que derrocharon tanto y tanto dinero (105 millones más 40 en variables primero por Dembélé, 120 más 40 por Coutinho después y, finalmente, 135 por Griezmann) que desnudaron la caja para siempre. No solo por la fortuna mal invertida en el sucesor de Neymar sino porque se elevó la masa salarial a niveles inasumibles, rubricando en el camino amplias y carísimas renovaciones (Piqué, Busquets, Jordi Alba, Sergi Roberto, Ter Stegen, entre otros), que rompieron el ecosistema. Por fuera, era un lujoso Barça, pero, por dentro, un mísero Barça.

Ni con rebaja

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Laporta estaba convencido de que hallaría la puerta para inscribir a Messi, reduciendo el salario de las ‘vacas sagradas’, además de encontrar salida a jugadores con salarios altos (Umtiti), que no tenían presente en la plantilla. Ni tampoco futuro. Ni tan siquiera que el capitán aceptara rebajar su sueldo le ha hecho tener sitio en el nuevo Barça que está construyendo Koeman. El presidente, y mucho antes de que expire el plazo del mercado (a inicios de septiembre), ordenó emitir el comunicado que jamás habría imaginado.

No, no es Messi quien dijo que no quería, o no podía, seguir en el Barça, como sí sucedió el verano pasado cuando decidió dar la orden de pulsar el botón para enviar el burofax que provocó un trauma del que no se recuperó el barcelonismo. Ha sido, precisamente, Laporta. Y no, no ha sido Bartomeu el presidente con quien Leo dejó el Camp Nou, cansado como estaba el delantero de sentirse engañado en varias ocasiones por el dirigente. Con Jan apareció el joven Messi (2003); con Jan se va (2021).