EL FAMOSO DEDO EN EL OJO

Mourinho entona el 'mea culpa' por la agresión a Tito 10 años después

"Yo fui el que falló, no debería haber hecho lo que hice. Tito no tuvo nada que ver con eso", reconoce el nuevo técnico de la Roma

Mourinho agrede a Tito Vilanova en la Supercopa del 2011.

Mourinho agrede a Tito Vilanova en la Supercopa del 2011. / Archivo

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José María Expósito

Casi 10 años han tenido que pasar para que José Mourinho entone el 'mea culpa' respecto a su agresión al malogrado Tito Vilanova en la vuelta de la Supercopa de España disputada en el Camp Nou en agosto del 2011, cuando le metió el dedo en el ojo en una tangana. El entonces entrenador del Madrid, que ahora emprende un nuevo reto en la Roma, reconoce ahora en un libro que todo fue culpa suya y que el entonces asistente de Pep Guardiola no tuvo ninguna culpa (como todo el mundo sabía ya).

Aquel célebre partido se encaminaba hacia la prórroga (2-2 en la ida y en la vuelta) hasta que Messi marcó el 2-3 en el minuto 88. Marcelo cometió entonces una dura falta sobre Cesc que derivó en una tangana ante los banquillos. En medio del tumulto, con el célebre Josep Satorra de espectador ('The Observer', se le bautizó), Mourinho se aproximó por detrás a Tito y, sin venir a cuento, le metió un dedo en el ojo y se apartó sonriendo, a lo que el sorprendido técnico culé respondió con una colleja. Los dos fueron sancionados (dos partidos al portugués, uno al catalán, a cumplir en la Supercopa) y posteriormente amnistiados por Ángel María Villar como medida de gracia por su reelección al frente de la Federación España de Fútbol y la conquista de España de la Eurocopa del 2012.

'Pito' Vilanova

"Yo fui el que falló, no debería haber hecho lo que hice. Claro que no, la imagen negativa se queda para siempre. Tito no tuvo nada que ver con eso. Lo siento por él", reconoce ahora Mou en 'Manténganse locos y hambrientos', un libro sobre comunicación del periodista de João Gabriel. No es el mayor de los arrepentimientos y llega diez años tarde, pero al menos contrasta con la actitud mostrada tras aquel partido, en el que además menospreció al técnico en la rueda de prensa llamando al técnico "Pito Vilanova".

Mourinho fue glorificado por parte de la afición del Bernabéu, que durante tres meses mantuvo una enorme pancarta que rezaba 'Mou, tu dedo nos señala el camino' sin que ni Florentino Pérez, ni la Liga, ni Antiviolencia la retirasen. "Mourinho es el que mejor defiende los valores del madridismo. No tengáis ninguna duda de que esto es así", llegó a decir Florentino a un socio que afeó la actitud del técnico en una asamblea del Madrid.

De lo que no parece arrepentido Mourinho es de la acusación que lanzó tras aquel partido (en el que el Barça ganó "un título pequeñito", según apuntó), de que los jugadores azulgranas fingían: "Yo he sido educado en el fútbol para jugar como hombre, para no caer al primer soplido", soltó entonces. Y en el libro de João Gabriel se reafirma: "El Barcelona era bueno jugando, pero mejor al condicionar al rival y al manipular decisiones y percepciones".

"Un cabrón para algunos"

En el libro, Mourinho deja otras perlas, como cuando asegura que siempre le ha guiado la honestidad, en referencia al trato igualitario que dice haber dado a todos los jugadores: "Siempre les dije a los jugadores: en mí encontrarán un tipo honesto. Al tipo que te dice la verdad, que te dice las cosas que quieres y las que no quieres oír. Algún día podrán decir que soy un mal entrenador, que fui un cabrón, pero nadie podrá decir que no fue serio y honesto".

Hablando de una discusión que mantuvo con Cristiano Ronaldo, desvelada en la biografía de Luka Modric, apunta: "Tengo problemas con los jugadores egocéntricos que anteponen sus metas personales a las colectivas. Consagrados o desconocidos son iguales, siempre que trabajen a favor del equipo".

Y también se refiere a su breve etapa como futbolista.

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La influencia de su padre

Mou también rememora su efímera etapa de jugador, analizando sus fuertes y sus carencias: "Conocía mis limitaciones, porque no era rápido y la velocidad es clave en el fútbol. Lo que me destacaba de los demás era la capacidad para leer y analizar equipos. Podía ver cosas que otros no veían, pero si no hubiera sido jugador mi formación como entrenador hubiera sido más pobre". Y asegura que ser hijo de su padre, que fue portero internacional y entrenador en varios equipos profesionales de Portugal, resultó clave. "Crecí con acceso a espacios prohibidos. ¿Qué niño está en un vestuario en el descanso de un partido de la liga principal? ¿Qué niño que escucha la charla del entrenador? ¿Qué niño, ya un poco mayor, ve a su padre ser despedido durante el almuerzo de Navidad de la familia?".