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Los revueltos primeros 100 días de Laporta en la presidencia del Barça

El presidente azulgrana ha tomado medidas expeditivas en un contexto económicamente delicado desde que tomó posesión del cargo

Joan Laporta en la rueda de prensa de presentación del Kun Agüero como nuevo jugador del FC Barcelona

Joan Laporta en la rueda de prensa de presentación del Kun Agüero como nuevo jugador del FC Barcelona / JORDI COTRINA

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Albert Guasch
Albert Guasch

Periodista

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Joan Laporta se proclamó presidente del Barça hace hoy 100 días y desde entonces, desde ese 7 de marzo, sus días al frente de la nave barcelonista han sido de una navegación revuelta. Fue una victoria incontestable sobre Víctor Font y Toni Freixa,. Pero a partir de entonces las complicaciones se han sucedido, empezando por juntar un monstruoso aval de 124,6 millones que le exigía la Liga.

Más allá de eso, Laporta ha entomado un reto monumental que requiere de tanta valentía como inspiración. La pandemia que ha arrasado con todo y la manga ancha de la anterior directiva han llevado al club a la situación delicada que todo el mundo conoce. Este domingo, en la Asamblea de Compromisarios, se revelarán los detalles.

En este contexto se mueve un Laporta que ha entrado en el club con una maleta llena de cartas de despido, tanto en oficinas como en la Masia y el Palau. Muchas de estas decisiones se han entendido más como una voluntad de colocar a personas de confianza y del entorno propio que como impugnación a la labor realizada por los salientes.

En cualquier caso, no hay decisiones más trascendentes que las que se adoptan alrededor del primer equipo. La renovación a punto de caramelo de Messi, la accidentada continuidad de Koeman y los fichajes a pelo han jalonado estos 100 primeros días.

Estos son los 11 episodios más destacados que han sucedido desde ese 7 de marzo:

La retirada prematura de Jaume Giró.

El exdirector general de Caixabank era uno de los hombres fuertes de la candidatura de Laporta, clave en la reparación de la fracturada economía del club. Pero menos de una semana después de la victoria electoral, se comunicó que se retiraba. Se iba a Londres, se dijo no se sabe muy bien por qué. En realidad se fue poco después a la Conselleria d’Economia.

El thriller de los avales.

De madrugada, con la cuenta atrás amenazante y el fantasma de una repetición electoral agitándose de fondo, Laporta finalmente reunió los 124,6 millones de aval al préstamo del Banc de Sabadell. Los directivos acabaron cantando el himno del Barça en la gestoría de la Diagonal después del logro. Como si hubieran ganado una Champions.

La investidura triunfal.

La mejor versión de Laporta en estos 100 días se escuchó en su discurso de investidura en que presentó uno por uno a los 19 directivos, con una sola mujer, Maria Elena Fort. Una amalgama de amigos de toda la vida, como el vicepresidente deportivo Rafael Yuste, y empresarios no tan conocidos dispuestos a aportar mucho dinero, como Eduard Romeu y la empresa de la que procede, Audax Renovables. Ese día Laporta insufló optimismo al club con un discurso de media hora sin papeles, divertido en algún momento, emotivo en algún otro. Luego se hizo esperar muchas semanas antes de volver a comparecer en público. El silencio se hacía insoportable y reapareció ante el ojo público para decir aquello de que "en el Barça, ahora, perder tiene consecuencias".

La renovación de Messi.

En el discurso de investidura lanzó un guiño ya a Messi para su renovación. Durante toda la campaña convirtió el tema en una de sus prioridades y ciertamente su carisma personal ha ayudado a convencer al rosarino de que se quede. Mensajes, llamadas y comidas con el padre Jorge han colocado cuesta abajo la firma. No hay nada oficial, pero hasta a Agüero se le escapó lo masticado que parece el tema. "Vamos bien, pero no está hecho aún lo de Messi", dijo recientemente el mandatario.

La continuidad de Koeman.

Si con Messi Laporta ha actuado con eficiencia, en el caso del entrenador no puede decirse lo mismo. Él mismo reconoció al ratificar al técnico que no había medido bien el impacto del periodo de reflexión que había reclamado. Un eufemismo para sopesar alternativas que no encontró. El menosprecio al que fue sometido Koeman, héroe de Wembley, resultó hiriente. Pero tras las rencillas, la paz, y Laporta se ha hecho suyo a Koeman. Ya no es solo el entrenador elegido por la anterior directiva.

Los cambios en el primer equipo.

Ha ejecutado lo más sencillo hasta ahora. Ha incorporado a dos jugadores que llegan gratis (Eric Garcia y Sergio Agüero) y a otro por una cantidad pequeña (Emerson). Queda pendiente alguna más, como Depay. Lo difícil, no obstante, va a ser expulsar a futbolistas con contrato. O que se reduzcan la ficha. La masa salarial está disparadísima, del 110% de los ingresos, dijo el presidente un día. Insostenible. Le espera al presidente y sus dirigentes técnicos un verano agitado.

La Superliga.

Laporta tomó el asiento de acompañante de Florentino Pérez en el desafío de los clubs ricos al status quo de la UEFA y la FIFA. Las cosas se torcieron enseguida, con tumultos callejeros incluidos en Inglaterra. La UEFA adoptó el papel de vengador y Florentino lideró la defensa. De momento parece que hay tablas. La Asamblea de Compromisarios deberá manifestarse al respecto.

Revolución en el Palau.

Laporta ha entrado en las secciones a bordo de una apisonadora. Pocos cargos quedan de cuando entró. Se salva Jasikevicius. En baloncesto precisamente se cargó al director técnico, Nacho Rodríguez, para colocar a Juan Carlos Navarro. En balonmano sacó la recortada y eliminó a David Barrufet y Xavi Pascual. En fútbol sala relevó al entrenador; en hockey al director técnico. Contrató a Xavi O'Callaghan para supervisarlo todo.

Revolución en la Masia.



La última de las sacudidas imponentes. Adiós a Garcia Pimienta, a técnicos de toda la vida como Aureli Altamira y Jordi Roura. José Ramón Alexanco, nuevo jefe de la cantera, ha colocado también a su hijo en el departamento de metodología. No se ha explicado la necesidad de tanta sacudida.

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Relevo de ejecutivos.

Cada presidente ubica a personal de su confianza. En todas los departamentos. Laporta ha sido particularmente activo en oficinas, de donde se han ido ejecutivos con salarios muy elevados como Albert Soler (Director de las Secciones Profesionales), Roman Gómez-Ponti (responsable de los Servicios Jurídicos), Pere Jansà (director del Área Social) o el CEO Òscar Grau. Adiós también a Guillermo Amor en relaciones institucionales. En este espacio Laporta ha caído en un nepotismo poco estético. Ha contratado a su hermana para un nuevo cargo asociado al Compliance Officer (recuérdese, la oficina que vela por la pulcritud de la gestión presidencial) y planea anunciar a su prima hermana, Marta Segu, para dirigir la Fundació. Esta se incorporará el 20 de julio. Dos designaciones importantes y mediáticas han sido la de Mateu Alemany como director de fútbol y Jordi Cruyff como asesor, o comodín como dijo Laporta. Es la peculiar etiqueta con la que se le asociará.

La auditoría.


Todo queda a expensas del resultado de las diversas auditorías emprendidas por la nueva junta. El domingo se expondrán los resultados. Sabremos de verdad cómo está el club. Se ha filtrado que la acción de gobierno del nuevo presidente empezará con un déficit de más de 300 millones. Una losa muy considerable. A partir de ahí, aprobadas o no las cuentas, se pondrá de verdad en marcha el contador para Laporta y los suyos. Un contador, qué remedio, marcado por la austeridad.

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