EL FINAL DE UNA ÉPOCA

Laporta aprieta el botón nuclear de la revolución en el Barça

Laporta y Koeman tras almorzar juntos en presencia del vicepresidente deportivo Rafa Yuste.

Laporta y Koeman tras almorzar juntos en presencia del vicepresidente deportivo Rafa Yuste. / JAVI FERRANDIZ

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Marcos López
Marcos López

Periodista

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Se acabó la jerarquía y el gobierno de los jugadores. O eso, al menos, pretende gritar Joan Laporta, el nuevo presidente del Barça, que empezó a colocar el epitafio de un ciclo ya acabado hace un par de años -todo se destruyó en Anfield-, aunque Bartomeu eludió acometerlo hasta dejarlo explotar en sus propias manos con el 2-8 de Lisboa. Messi es el único que no se toca.

Solo hay dinero para intentar renovar al capitán (Neymar ya firmó por el Paris SG y Haaland es fruta prohibida, según anunció TV-3) porque los demás, incluidas las vacas sagradas, tienen la puerta abierta de salida en un mercado pandémico, con la dificultad que implica cualquier revolución de esta magnitud. Activó Laporta el botón nuclear sin un euro en la caja y sin un plan, o al menos que sea visible hasta ahora.

Koeman saluda a Zidane en Valdebebas.

/ Reuters / Sergio Pérez

No dio nombres Laporta. Ni puso el foco exclusivamente en Koeman, colocado bajo sospecha después del “incomprensible”, esa fue la palabra escogida por el presidente, desplome en la Liga, con solo cinco puntos de 15 posibles tirando cualquier opción de aspirar al doblete. Pendiente la continuidad del técnico neerlandés de un débil hilo, a no ser que el dirigente de un giro a su idea inicial.

Más bien, amplió Laporta la mirada para orientar la luz hacia los futbolistas que han visto desfilar a tres entrenadores (Valverde, Setién y Koeman) en solo 16 meses, manteniéndose el mismo y grave defecto estructural que ha transformado al Barça en un equipo perdedor. Solo le ha alcanzado para ganar una Copa en dos años. Y gracias.

"A partir de la semana que viene iréis viendo una serie de decisiones para tener un equipo más competitivo"

Laporta, presidente del Barça

"A partir de la semana que viene iréis viendo una serie de decisiones para tener un equipo más competitivo", anunció Laporta, condicionado de manera terrible por la terrible crisis económica que ahoga al club. Habló Laporta, eso sí, pocas horas después de que se supiera que Goldman Sachs inyectara 500 millones de euros para proporcionar respiración artificial y pagar facturas de forma inmediata. 

En esa “serie de decisiones” busca el nuevo presidente airear, ahora sí, el viciado aire de un vestuario, al cual no se atrevía ni a entrar Bartomeu. Laporta sí lo ha hecho en estos dos meses, mucho más cercano a los jugadores, especialmente con los que coincidió (Messi, Busquets y Piqué) en su primera etapa.

Klopp, en el partido del jueves ante el Tottenham.

/ Reuters

Aunque al dar por finiquitado el ciclo también concluyó ese fugaz enamoramiento con una plantilla que ya da por amortizada, exigiéndole primero que rebaje su salario -es la más cara del mundo- mientras se le presiona para que salga. Por las buenas o por las malas, aunque genere malestar entre los jugadores señalados, aferrados como están, además, a los largos y carísimos contratos suscritos justo antes incluso de las elecciones: Piqué (2024), Ter Stegen (2025), De Jong y Lenglet (2026).

Mirando mercado de entrenadores

Enterró el ciclo Laporta, pero esquivó hablar de Koeman, mientras busca entrenador. La lista ha oscilado de la triunfadora corriente alemana. Nagelsmann (Leipzig) siempre fue uno de sus preferidos, pero el Bayern Múnich pagó 25 millones de euros para llevárselo, también imaginó la opción de Klopp (Liverpool), mientras de Hansi Flick, que ha renunciado al club bávaro tras conquistar el sextete, está a punto de sellar su compromiso con la selección alemana. No falta la tradicional mirada a Holanda fijándose en Ten Haag (Ajax). Pero tampoco le complacen, por una razón u otra, esas vías más de casa. Ni el ascenso de García Pimienta del filial ni el retorno de Xavi de Doha.

Ha eludido el presidente poner nombres y apellidos a la revolución, que le evoca a la que ya hizo en el 2008 cuando echó a Ronaldinho y Deco cambiando a Rijkaard por Guardiola

Elude el presidente ponerle nombre y apellido a esas vacas sagradas a las que pretende sacrificar después de exponerlas públicamente, algo que había evitado en estos dos primeros meses. Perdida ya la Liga matemáticamente, entra en erupción para regenerar a un Barça perdedor y sin dinero. "Ya dije que valoraría los resultados y el juego", afirmó Laporta. "Y, por supuesto, la mentalidad, la actitud y la ambición. Hace tiempo que trabajamos para tener los elementos que nos permitan hacer un equipo muy competitivo", proclamó el dirigente.

En el 2003, el único precedente que se tiene de un escenario apocalíptico (entonces el equipo venía de un lustro en blanco), Laporta echó a Antic, quiso fichar a Koeman y Hiddink, pero no pudo. Tampoco tenía un euro entonces. Y se conformó entonces con Rijkaard, un técnico tan novel como inexperto, marcado por el fracaso de que acababa de descender a Segunda División en los Países Bajos con el Sparta de Rotterdam.

Laporta es el más cruyffista de la estructura deportiva. Casi el único entre Alemany, recién llegado al club y sin conexión emocional con el vestuario, y Planes, herencia de Bartomeu

Echó entonces a 15 jugadores, fichó a Ronaldinho tras flirtear con Beckham sabiendo que Florentino ya lo tenía contratado para el Madrid y activó el círculo virtuoso con la autoría intelectual de Cruyff en la trastienda y de Txiki Begiristain, el secretario técnico. encargado de la ejecución diaria de un plan meditado y elaborado.

El precedente del 2008

Hasta dos equipos construyó Txiki; el del 2003 y el del 2008, cuando Guardiola abrió la puerta del vestuario a Ronaldinho, Deco y Etoo, aunque este se quedó un año más, asumiendo que le habían dado una temporada extra a Rijkaard cuando el problema ya no tenía buena pinta. Una experiencia que le puede venir bien ahora al presidente en su segunda etapa.

Guardiola, durante el partido entre el City y el PSG.

/ REUTERS

Laporta es el más cruyffista de los tres que han diseñado la hoja de ruta del nuevo ciclo. Diríase que es el único de una estructura deportiva que fusiona, de momento, lo nuevo con lo viejo. Mateu Alemany, director de fútbol, es el nuevo. El hombre que ha trazado las líneas maestras, con la autoridad que le da estar totalmente alejado de cualquier vínculo emocional con un vestuario al que acaba prácticamente de conocer. Ramon Planes es el viejo nexo. Llegó hace tres años al club para ayudar a Abidal y ahora es el secretario técnico que trabaja a diario con Alemany para lo sencillo. Y lo complicado, claro.

Memphis Depay celebra un gol con el Lyon.

/ Jeff Pachoud

Fichajes 'low cost'

Lo sencillo será dar salida a la segunda unidad (Junior Firpo, Braithwaite, Neto, Umtiti, Pjanic, Matheus Fernandes y quien sabe si hasta Trincao) y encontrar respuesta a problemas complejos como Griezmann, Piqué, Busquets, Jordi Alba, Sergi Roberto, Coutinho).

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Porque el nuevo ciclo se empieza con el Messi de siempre (30 goles en la Liga), escoltado con fichajes low cost (Eric García, Depay y Kun Agüero, entre otros), protegidos por alguna que otra vaca sagrada que continúe, pero ya sin el poder de antes, y una pandilla de jóvenes para construir el futuro.

Al final, el ‘Ronaldinho del 2021’ debe ser Messi. No hay más. La sonrisa del brasileño sería ahora la firma de Leo por dos años más en un tenebroso escenario de reconstrucción porque el lujoso y carísimo álbum de cromos que compró Bartomeu no ha servido de nada.