DIÁLOGO ENTRE PORTERAS

Las manos del Barça femenino

  • La primera guardameta del Barça y la actual hablan de las zancadillas superadas y la evolución del fútbol femenino

  • "En aquel tiempo la mujer no podía jugar a fútbol. Había que abrir una vía para que la mujer pudiera volar", dice la pionera Maria Antònia Mínguez

  • "El Barça es pionero y ha hecho una apuesta brutal. Tanto vosotras como nosotras hemos dejado sello", ensalza Sandra Paños, que hereda su marco

Maria Antonia Mínguez y Sandra Paños en la ciudad deportiva del Barça.

Maria Antonia Mínguez y Sandra Paños en la ciudad deportiva del Barça. / VALENTí ENRICH

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Roger Pascual
Roger Pascual

Periodista

Especialista en fútbol, baloncesto, balonmano

Escribe desde Barcelona

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No se conocían hasta esta semana pero la conexión ha sido inmediata. Sandra Paños (28 años) mira a Maria Antònia Mínguez (74) con ternura de nieta mientras esta le cuenta cómo lo que empezó con un anuncio en un periódico en 1970 puede convertirse, 50 años después, en una corona europea. Maria Antonia, primera portera de la historia del Barça femenino y que levantó el primer trofeo tras ser decisiva en una tanda de penaltis en el Camp Nou, espera que la heredera de su marco sea también clave en la final de la Champions femenina en Gotemburgo.

“El fútbol femenino está abriéndose camino. Y está llegando a Barcelona. Tanto es así, que una simpática señorita acude a nosotros para solicitarnos ayuda en su deseo de completar una plantilla de buenas jugadoras”, rezaba el anuncio que leyó Maria Antònia. Se buscaban jugadoras de entre 18 y 25 años. Ella, que no había jugado a fútbol en su vida, decidió apuntarse.

¿Cómo nació el Barça Femenino? La portera pionera María Antonia Mínguez y Sandra Paños repasan la historia del Club.

“A mí eso de jugar al fútbol me fue al punto. Porque antiguamente hasta eso de los 23 años no eras mayor de edad y no podías hacer lo que querías. Yo en marzo cumplí los 23 y en noviembre leí la nota en un periódico que pedían chicas para poder hacer un partido benéfico. Y como mi padre ya no podía opinar sobre mí me fui a apuntar”, cuenta Maria Antònia.

Insultos machistas

La conversación entre las que hasta esta semana eran dos desconocidas fluye y Sandra le revela que ella también se topó con zancadillas cuando quiso jugar en su Alicante natal. “En nuestra época no fue tan duro de hasta los 23 no poder jugar pero si nos hemos ido encontrando con situaciones de insultos”, evoca. Los “vete a fregar” que escuchaba Maria Antonia en 1970 los escuchaba Sandra hasta “hace relativamente poco”. “En mi colegio no había equipos de fútbol de chicas, ni permitían que las niñas jugasen con los niños. Pero me reuní con la coordinadora y le dije ‘es que yo tengo que jugar al fútbol’. Y me peleé hasta que me dejaron jugar. Y a partir de ahí ya se organizó un equipo de fútbol sala femenino y se fue abriendo un poco”.

Maria Antonia Mínguez y Sandra Paños en la ciudad deportiva del Barça.

/ VALENTí ENRICH

Maria Antonia no había escuchado improperios cuando hacía atletismo, pero el fútbol era hasta el año de su debut coto privado masculino. “El atletismo lo consideraban más femenino y el fútbol, masculino. La gente de aquella época asimilaban que el fútbol era para hombres”. No solo en esa época. El primer Mundial femenino no llegó hasta 1991, 71 años después del masculino. “La sociedad hasta entonces era bastante machista en ese sentido y tenía catalogados los deportes, igual que al principio la gimnasia era cosa de mujeres”, valora Sandra. “Con toda su insistencia para que las dejasen jugar ahora nosotras estamos donde estamos gracias a ellas”.

Como les pasó a muchos porteros y porteras las dos empezaron bajo los palos a regañadientes. “Nos pusieron a los 16 en fila delante del señor Antoni Ramallets y el señor César Rodríguez [dos mitos azulgranas que se pondrían al frente de aquel nuevo proyecto]. Y nos dijeron tú a correr tú de defensa y cuando Ramallets llegó a mí dijo ‘tú, hala, a la portería’. Y yo, que había hecho atletismo, le dije 'a mí me gusta correr'. 'No no, de portera, de portera'”, cuenta Maria Antònia que le insistió uno de los más célebres cancerberos de la historia culé. Sandra también llegó al marco casi obligada. “A mí me pasó un poco parecido. Empecé en el colegio peleándome para que me dejaran jugar al fútbol y cuando estaba en tercero o cuarto de primaria hacíamos la liga escolar de fútbol sala y yo era prácticamente la única chica de mi competición. Yo empecé de jugadora, pero como no había nadie que se quisiera poner en la portería me dijeron ‘tú que eres más grande, a la portería’. Y yo, 'no'. Y mira hasta dónde ha llegado la broma”, comenta con una sonrisa una de las mejores metas de la actualidad.

Maria Antonia Mínguez, primera portera del Barca femenino, en el Camp Nou.

/ MARIA ANTONIA MÍNGUEZ

Aunque en principio no querían, descubrieron enseguida que se sentían a gusto en sus dominios. “Creo que se me daba mejor eso de portera y mira que yo soy más de correr”, comenta Maria Antònia. “Yo no soy mucho de correr, creo que los porteros y porteras es porque lo de correr tampoco nos gusta mucho”, bromea Sandra. “Al final ves que se te da mejor que otras cosas”.

Maria Antònia no había parado un balón hasta 15 días antes del debut en el Camp Nou con la Selección Ciudad de Barcelona (embrión del Barça femenino) ante el Unión Deportiva Centelles en esa tarde histórica. “Nosotras empezamos ya de mayores. Vosotras jugáis mejor que nosotras porque venís con una base de pequeñas”. “Y las que vengan en un futuro jugaran mejor que nosotras –destaca Sandra-. En el puesto específico de portera se necesita un trabajo específico y se ve mucho la diferencia de las chicas que vienen del formativo con la calidad técnica que tienen. La figura del entrenador de porteras yo la he tenido pero muchas compañeras no”.

Referentes

Sus referentes eran masculinos, Mínguez aprendía de Ramallets y Sadurní mientras que Paños se fijaba primero en Casillas y luego en Ter Stegen. Cuando eran pequeñas ninguna pudo ver fútbol femenino por la tele. Quizás la portera del Barça de aquí a 10 años habrá tenido a Paños o a alguna otra guardameta como espejo.

Las conversación corre al primer toque. Tiki-taka. Y Sandra se sorprende al saber que entrenaban juntos el Barça masculino y el femenino, cada uno en una mitad de un campo. “¿Compartíais campo? Ahora eso es impensable que eso ocurra”. Maria Antonia le cuenta que no solo eso sino que incluso había habido algún coqueteo y alguna pareja que había salido de ahí. De hecho Imma Cabecerán, la joven que convenció a Agustí Montal para crear el equipo femenino, era la novia de Pau García Castany.

Aunque entrenaran juntos, la perspectiva de cobrar por jugar como ellos era impensable en aquel entonces. “No nos pagaban pero íbamos a hoteles de cinco estrellas y viajábamos en tren y avión”, relata Maria Antònia. “Nosotras ahora hacemos bastantes viajes en tren y en avión, pero hasta hace pocos años muchos viajes en autobús. Pero la verdad es que poder viajar en avión o ave a nivel de descanso es una comodidad enorme”, apunta Sandra.

Puntos de inflexión

“¿Qué dices?”, espeta pasmada al saber por qué había tenido que colgar Maria Antonia los guantes, tras cuatro años y medio de carrera y a la edad que tiene la actual portera. “Cuando me eché novio y dijimos de casarnos un año antes me soltó ‘bueno empieza a pensar en dejar el fútbol que tienes muuuuucho trabajo para organizar una boda’”, comenta Maria Antònia.

Su hermano David tomó el relevo familiar y fue entrenador del Barça femenino un par de años. Ninguno de los dos podía intuir el crecimiento que tendría aquel proyecto amateur. “No nos hubiéramos pensado la buena aceptación y triunfo que ha habido del fútbol femenino”, asevera Mínguez.

Maria Antonia Minguez, primera portera del Barca femenino.

/ MARIA ANTONIA MÍNGUEZ

Sandra lleva seis temporadas en el Barça y ha visto en este tiempo el crecimiento, en paralelo con el equipo azulgrana, que ha disputado dos de las tres últimas finales de Champions y ha ganado las dos últimas ligas. “En los últimos cinco años ha habido una diferencia de crecimiento enorme. Los puntos claves fueron el Mundial de Canadá, de 2014, que se vio que el fútbol femenino tenía tirón y también el Mundial de Francia 2019. Los medios de comunicación por éxitos y cosas se han ido metiendo en el fútbol femenino, pero creo que esto tiene un margen muy grande de mejora”, reflexiona la meta ilicitana.

La exportera del Levante le cuenta que, pese a las mejoras derivadas del primer convenio, aún queda mucho camino por andar y que no todas tienen ni de lejos la situación que se vive ahora en el vestuario barcelonista. “Estamos en camino que las futuras jugadoras de fútbol tengan mínimas condiciones y largas épocas de jugar al fútbol y ser valoradas como tal. Porque nosotras somos unas privilegiadas por estar en el Barça, pero hay otras que ni de cerca están en condiciones profesionales”.

Club pionero y motor de cambio

Ambas coinciden en la importancia que ha tenido el Barça como motor de cambio. El equipo jugó el célebre encuentro del Camp Nou en 1970 apenas dos semanas después de que se disputara el primer partido de fútbol femenino en España. “En aquel tiempo las mujeres no podíamos jugar al fútbol. El Barça ayudó en todo a que fuéramos adelante. El señor Agustí Montal más que nadie”, apunta Maria Antònia. “El Barça es pionero y ha hecho la apuesta más brutal por el fútbol femenino. Y la apuesta de futuro es mayor aún -ensalza Sandra-. A los hechos me remito. Las cuatro ligas seguidas [entre 2012 a 2015], pioneras en llegar a finales de Champions, en hacer el fútbol femenino profesional. También porque nos lo hemos ganado. Porque tanto vosotras cuando empezasteis como nosotras hemos dejado sello para que se haya conseguido todo”.

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¿Otra heroína en los penaltis?

Sandra no quiere despedirse sin agradecerle de nuevo que pusieran la primera piedra. “Todas nosotras valoramos todo el esfuerzo e implicación que tuvisteis. Estamos aquí y ahora gracias a lo que iniciasteis en su día. Gracias de corazón por haber peleado tanto por el deporte que amamos”. Maria Antònia sonríe mientras tira por último momento la vista atrás, a aquel día en el que una mujer pisó por primera vez el césped del Camp Nou. “Nosotras lo hicimos para que la mujer saliera un poco al espacio. Había que abrir una vía a la mujer para que pudiera volar”. “Y gracias a ello con la oportunidad de ganar ahora una Champions”, añade Sandra. “Y yo quiero que la consigáis. Me gustaría que el próximo título lo consiga un portera como lo hice yo, ¿vale?”, responde Maria Antònia con rápidos reflejos. “Ojalá, lo importante es que traigamos el titulo para aquí. Tenemos el apoyo de los aficionados del Barça y de otra gente de España porque será muy bueno para el fútbol español, para el fútbol femenino. Espero sinceramente no ser la heroína yo en parar los penaltis y que se solucione antes. Pero si hay que hacerlo lo haré”, remata Sandra este trayecto de 50 años de puerta a puerta.

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