UN MADRIDISTA EN EL EQUIPO DE LAPORTA

Mateo Alemany, la culminación de una carrera meteórica

  • El ejecutivo mallorquinista, que hizo de todo en el Real Mallorca y catapultó al Valencia, de nuevo, a la élite del fútbol español, ficha por el Barça

  • Discreto en el trato, simpatizante del Real Madrid, empedernido jugador de golf, siempre ha tratado de estar en segundo plano, pese a su poder

  • Alemany, buen amigo de Javier Tebas y Florentino Pérez, reforzará, en el Barça, tanto las relaciones institucionales como el área del fútbol

Mateo Alemany, en sus tiempos en el Valencia.

Mateo Alemany, en sus tiempos en el Valencia. / MIGUEL LORENZO

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RICARD CABOT

Pocos personajes en los 105 años de historia del Mallorca han pasado, con idas y venidas, hasta tres décadas moviendo los hilos de la entidad. Uno de ellos y, quizás, el más importante, es Mateu Alemany Font (Las Palmas, 57 años), que entró en el club gracias a un anuncio en la página de clasificados de un diario local, en el que se precisaba una persona para trabajar en la gerencia de la mano del entonces presidente Miquel Contestí sin haber cumplido todavía los 20 años, y lo dejó, en el 2010, con 47. Toda una vida en rojo de un dirigente imprescindible.

 En su dilatada historia mallorquinista, Alemany, ahora fichado por Joan Laporta para seguir en los altos despachos del Camp Nou, ha trabajado con presidentes como el propio Contestí, Miquel Dalmau (con el que vivió la conversión del club en SAD) y Bartolomé Beltrán, y con entrenadores como Luis Aragonés, Héctor Cúper, Gregorio Manzano, Bernd Krauss, Sergio Kresic, Benito Floro y un largo etcétera. Y, como presidente, ha vivido de primera mano el mayor éxito deportivo de la entidad, la Copa del Rey del 2003. Entre medias, Florentino Pérez, gran amigo suyo al igual que Javier Tebas, presidente de LaLiga, que fue quien le llevó al Valencia, intentó sin éxito llevárselo al Real Madrid, rechazando “la oferta” de su vida.

Seguidor del Real Madrid

Laporta se hace, sin duda, con los servicios de un profesional que conoce como nadie los entresijos del fútbol. Discreto, solterón empedernido, seguidor del Real Madrid, de carácter tranquilo, casi nunca pierde los papeles. Huye del foco mediático, aunque por sus múltiples cargos en el Mallorca no le ha quedado más remedio que dar la cara en infinidad de ocasiones, unas veces para tapar un incendio, otras para el fichaje o destitución de un entrenador y, también, para anunciar el paso más trascendental en la historia de la entidad isleña en las últimas décadas, la entrada en concurso de acreedores tras arrastrar una deuda de más de 60 millones de euros.

 En el Mallorca lo ha sido todo: adjunto a la gerencia, consejero delegado, director general, presidente y propietario. Un currículo difícil de encontrar, no ya en el fútbol español sino en el balompié mundial, y que le ha abierto muchas puertas por su saber hacer, su control de la situación e intentar no dar pasos en falso. Aunque no siempre ha salido airoso de las engorrosas situaciones que ha tenido que lidiar.

Larga trayectoria 

El 30 de agosto del 2000, Alemany es nombrado oficialmente presidente del Mallorca. Con el apoyo del Grupo Z y de su presidente, Antonio Asensio Pizarro, logra del Real Madrid la cesión de un jovencísimo Samuel Etoo, el mejor jugador en la historia del club, para ficharlo un año después por 1.200 millones de pesetas (siete millones de euros). En abril de 2001, sufre uno de sus golpes más duros, la muerte, a los 53 años, de su amigo Antonio Asensio. Como presidente, vive la mejor etapa del club con la clasificación para la Liga de Campeones al eliminar al Hajduk Split. Debuta con una victoria ante el Arsenal (1-0), el fatídico 11 de septiembre de 2001. El equipo acusó el esfuerzo de la Champions y no logró la permanencia hasta la última jornada ante el Valladolid, con Llompart y Bonet en el banquillo, en sustitución del destituido Kresic. La relación con el hijo de Antonio Asensio no era tan fluida y son constantes sus quejas por la falta de soluciones a los problemas económicos del club.

En junio de 2003, un mes después del histórico 1-5 en el Bernabéu, se llevó, posiblemente, su mayor alegría como presidente al conquistar la Copa del Rey, en Elche, ante el Recreativo, con un inconmensurable Etoo. A la tercera fue la vencida. Tocó el cielo con el título de Copa, el segundo en la historia del club tras la Supercopa del 98. Tras conseguir el regreso de Luis en octubre de 2003 y el de Cúper un año después, deja el club el 8 de junio de 2005 para pasar el testigo a Vicenç Grande, como accionista y presidente. Parecía su salida definitiva. Pero, no. El 15 de enero de 2009, tres años y medio después, regresa “para finalizar una época que la historia se encargará de juzgar”, en lo que suponía una velada crítica a la gestión del empresario mallorquín, que pecó de delirios de grandeza.

Concurso de acreedores

Su regreso fue breve, o eso parecía cuando vendió el club al empresario madrileño Javier Martí Mingarro, una operación que salió rana ya que su hijo, Javier Martí Asensio, que acabó en prisión, pagó 600.000 euros con fondos del club. En noviembre de ese año vuelve Alemany tras presentar una denuncia contra los anteriores gestores y, el 18 de mayo de 2010, bajo su mandato, el club entra en concurso de acreedores, un paso imprescindible para la supervivencia de la entidad. El 28 de junio de ese año se fue definitivamente del club rojillo tras vendérselo a un grupo encabezado por el mallorquín Llorenç Serra Ferrer.

Tras varios años alejado del fútbol y practicando el golf a todas horas, Alemany, que vive en la misma finca que Cúper en primera línea de mar, recibió la llamada del Valencia. En los poco más de dos años de estancia en la capital del Turia, el mallorquín, de la mano de Marcelino García Toral, hoy técnico del Athletic, devolvió al club a la Liga de Campeones tras dos temporadas coqueteando con el descenso, y conquistó la Copa del Rey, precisamente ante el Barcelona.

Éxito en el Valencia

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Su primera medida fue apartar a José Ramón Alexanko de la dirección deportiva (con quien podría reencontrarse en el Barça) y la segunda fichar a Marcelino. Su misión, que consiguió con creces, fue crear un nuevo equipo dentro y fuera del campo. Pero sus continuas desavenencias entre el propietario Peter Lim y el dúo que formaba con Marcelino enrareció el ambiente hasta acabar con su destitución sietes meses antes de finalizar su contrato.

Relaciones públicas y amable en el trato personal, aunque siempre dispuesto a mantener las distancias, Laporta ficha a la persona adecuada para ser la cara del Barça ante LaLiga, la Federación y los eventos internacionales. Y, a la vez, un futbolero en el mejor sentido de la palabra, pasional, conocedor como pocos del mercado y con múltiples contactos. Su fichaje por el Barça supone la culminación de una carrera meteórica. O no. Y es que con Alemany nunca se sabe.