LA HERENCIA DEL NUEVO PRESIDENTE

Lo que queda del Barça

  • Los problemas que deberá afrontar el nuevo presidente no se limitan únicamente a la deuda de 1.173 millones de euros

  • Los contratos largos y leoninos de Griezmann, Coutinho, Dembélé, Busquets, Sergi Roberto, Alba y Piqué son un gran lastre

  • La ligereza de Bartomeu, el desgobierno, la bondad de un CEO asustado, el escaso rigor en el fútbol profesional y el poder del vestuario ha llevado al Barça al caos

  • Ejecutivos y empleados (1.800, 520 de ellos fijos) temen por su futuro al considerar que el que llegue pondrá a los suyos sin evaluar si han hecho o no bien su trabajo

  • Un empleado de La Masia ha exigido ya protección al saber que Laporta puede volver a dar trabajo a Víctor Valdés en la Ciudad Deportiva

Registro de las oficinas del Barça por parte de los Mossos.

Registro de las oficinas del Barça por parte de los Mossos. / Manu Mitru

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El descontrol vivido en la última época de la gestión de Josep María Bartomeu, que se ha escenificado en la explosión del ‘Barçagate’ o ‘Bartogate’, pero que no es, ni mucho menos, su desastre más notorio; la repentina aparición de la pandemia, con sus devastadores efectos sobre la economía mundial y nuestras vidas; el protagonismo impensable de Carles Tusquets al frente de la Comisión Gestora por un tiempo muy superior al previsto y un intervencionismo que ha dejado pasmados a los empleados del club y la interminable campaña electoral, que concluirá con una votación pocos días antes de lo que había previsto Bartomeu, ha dejado un Barça zarandeado, con una deuda monstruosa, sin apenas recursos, sin dinero en la caja y con sus 1.800 empleados en nómina (520 fijos) agotados, temerosos, desencantados e intuyendo que, si el presidente entrante no se da prisa, probablemente no pueda pagarles a finales de mes.

La extensión de Bartomeu, en este caso Tusquets, no ha servido, según explican todas las fuentes consultadas por EL PERIÓDICO en el seno del Barça, para calmar la situación, mejorarla y preparar el terreno para la llegada del nuevo presidente. Tusquets, a quien los organizadores de la última final de la Copa del Rey de baloncesto, debieron poner un miembro de seguridad al lado para que no se moviese del palco, pues ya había bajado a la pista para entregar unos premios que no le correspondían, ansioso por una nueva foto como máximo representante del Barça, no ha hecho más que sembrar la duda y la inquietud en el seno de la entidad. Si los empleados del club, desde sus máximos ejecutivos a la base, desean que llegue el nuevo presidente cuanto antes, más desean aún que desaparezca Tusquets, que solo les ha provocado, cuentan, quebraderos de cabeza.

Una deuda estratosférica

Al nuevo presidente y a sus directivos, así como al equipo ejecutivo que le corresponda (todos los profesionales que hay hoy al frente de la gestión en el Barça, sea el departamento que sea, creen que están en peligro de ser despedidos), les tocará hacer frente a situaciones tan delicadas como la económica (la deuda se eleva a 1.173 millones de euros, no toda inmediata, pero sí varios centenares de millones) y la deportiva, en lo que hace referencia al equipo profesional, como al ‘caso Messi’ o, incluso, el desbarajuste que reina en La Masia, donde ha desaparecido por completo el legado pedagógico dejado por Carles Folguera. Es en La Masia donde, probablemente, un triunfante Joan Laporta tendría que enfrentarse al primer problema doméstico serio, pues ha habido ya un empleado que ha escrito al Comité de Empresa solicitando protección especial, seguridad personal, “si Victor Valdés regresa a la Ciudad Deportiva”, pues teme por su integridad física.

Respecto a la situación económica todo el mundo piensa que la fuerza del Barça permitirá a la nueva junta salir adelante, aunque la necesidad de inyectar dinero pronto es muy urgente, puesto que el club no ha podido pagar con normalidad durante estos meses y corre un serio peligro de paralización en estas primeras semanas de mandato. Eso, en cuanto a la inmediatez, pues a corto y medio plazo está la negociación con la plantilla profesional y, muy especialmente, con Leo Messi, sobre su rebaja y la manera de afrontar unos contratos que son desorbitados, leoninos, incomprensiblemente largos, que se firmaron en un momento, no solo de bonanza económica, sino de triunfos deportivos, lo que permitió a los representantes de los futbolistas apretar, y mucho, a la junta.

Leo Messi tiene muy difícil seguir en el Barça.

/ REUTERS / ALBERT GEA

La sensación que existe en las catacumbas de la Ciudad Deportiva Joan Gamper es que, aunque los tres candidatos han dicho bien alto que Messi se queda, los tres saben que la solución económica del club, tal y como se le escapó al propio Carles Tusquets, pasa por dejar volar a ‘D10S’, afrontar con paciencia y realidad, sin mentir, la era ‘post Messi’ y utilizar sus millones para empezar la reconstrucción económica del Barça. Nadie cree que Messi, por mejor plan de jubilación que se le ofrezca, por más embajador del Barça que le propongan ser cuando se retire o, incluso, ese soñado puesto de Director Deportivo que ansia, se vaya a bajar, ahora, su ficha en un 66%, que sería lo que correspondería a la situación actual. Es evidente que Messi también juega por dinero, de ahí el contrato tan bestia que firmó e, incluso, la cláusula de fidelidad que le ofreció el Barça. Otra barbaridad de Bartomeu.

Contratos inasumibles

Pero, según cuentan todas las fuentes consultadas, el mayor problema no es Messi, ni mucho menos, pues la estrella argentina es dueña de su destino y será él y solo él quien decida qué hacer y, en ese sentido, poco podrá influir el nuevo presidente por más amigo que sea o más cariño e ilusión que le demuestre. El problema son las otras vacas sagradas, con contratos leoninos, largos y sin el rendimiento, ni a la hora de conseguir títulos ni a la hora de proporcionar dinero de patrocinadores como hace el argentino.

Las renegociaciones con jugadores como Piqué, Busquets, Alba, Sergi Roberto, Coutinho, Griezmann, Pjanic y muchos otros serán durísimas. Contrariamente a lo que muchos creen, la plantilla, que es, según los datos ofrecidos por las autoridades futbolísticas europeas, la mejor pagada del mundo, no se ha rebajado la ficha sino que, simplemente, ha llegado a un acuerdo de aplazar su cobro a lo largo de los próximos años, siempre añadiendo, año a año, el IPC. Eso, que es pan para hoy y hambre para mañana, no parece la mejor fórmula para salir adelante, ni económica ni deportivamente, ya que la tesis de los veteranos técnicos del Barça es que esas ‘vacas sagradas’ deberían dejar paso a los jóvenes valores de La Masia, que, hoy por hoy, son la única alternativa válida y cierta que tiene la entidad.

Es evidente que, tal y como reconocen los profesionales que hay en el club consultados por este diario, que agradecen que Toni Freixa haya sido el único candidato que les haya defendido en los debates y en sus propuestas (en ese sentido, todos ellos creen que, de vencer, Freixa mantendría a muchos de ellos en sus puestos), existen cosas que son difícilmente mejorables, dos muy especialmente: las secciones profesionales y la camada de jóvenes valores de La Masia, liderada por Ansu Fati, Riqui Puig, Ilaix y Mingueza (Pedri acaba de llegar y es externo), que tiene continuidad en muchos de los chavales del B de García Pimienta (otro que corre peligro).

Las exitosas secciones

A todo el mundo se le antoja imposible tener cinco secciones tan buenas, organizadas, potentes y triunfadoras como el actual baloncesto, balonmano, hockey patines, fútbol sala y fútbol femenino, que, si las cosas no se tuercen, pueden llenar las estanterías del Museo del Barça de los máximos trofeos españoles y continentales. Con un presupuesto global de 82 millones de euros, 50 procedentes del 5% del presupuesto del club (acuerdo al que se llegó en tiempos del presidente Sandro Rosell) y 32 millones generados por los administradores de esas secciones como “ingresos propios”, las cinco secciones van a acaparar los éxitos más grandes y dominan, con autoridad y juego primoroso, en los cinco casos, sus respectivos deportes y especialidades.

No deja de ser curioso que el único problema que han debido afrontar, últimamente, los responsables de las secciones ha sido, precisamente, la disputa de egos que ha generado el regreso del inmenso, mítico e icónico Pau Gasol al Palau, ya que mientras Tusquets, con razón, quería apuntarse el tanto de que sean los actuales gestores quienes culminen esa operación, desde el exterior más de un candidato a la presidencia del Barça había hecho llegar al club la sugerencia de que se retrasase la presentación y/o aparición del hermano mayor de Marc hasta la llegada del nuevo presidente, que de esta manera se apuntará el tanto de la primera presentación de lujo y, tal vez, quién sabe, dada la difícil situación económica que vive la entidad, la única presentación que podrá presidir en meses.

Ronald Koeman da instrucciones al joven Ilaix.

/ EFE / ALBERTO ESTEVEZ

Respecto a la segunda pata sobre la que, sin duda, deberá apoyarse la gestión del nuevo presidente, las jóvenes promesas de La Masia, los técnicos que viven en la Ciudad Deportiva Joan Gamper creen que si la nueva junta tiene paciencia y no engaña a los socios con el anuncio de conseguir el sextete la próxima temporada, limitándose a inyectar ilusión y prometer el nacimiento y crecimiento de un nuevo Barça, fruto de grandes estrellas (en el área deportiva, hay quien piensa que Griezmann podría explotar ‘a lo Messi’, jugando en el sitio de Leo, cosa que hacía con enorme brillantez en el Atlético y en la selección francesa), buenísimos futbolistas como Ter Stegen, De Jong, Araújo, Dest…y la generación de los Ansu Fati, Pedri, Mingueza, Riqui Puig e Ilaix.

Las estrellas que vienen

Responsables del fútbol base como Jordi Roura y Aureli Altimira, que, lamentablemente, se ven más fuera que dentro, han preparado una lista, junto a Ramon Planes, con jóvenes de enorme proyección, alguno de ellos brillantes campeones con sus selecciones, que podrían reforzar la idea tradicional de un nuevo Barça, con un 50% de La Masia, que, dicen, sería el sueño de cualquier culé. Jóvenes canteranos que aún precisan, lógicamente, de cierta madurez o en el B o entrando poco a poco en el equipo del Camp Nou, pero que permitirían, si el nuevo presidente se atreve, a prescindir de más de una ‘vaca sagrada’ y jugársela con estos chavales.

Hay, por ejemplo, dos porteros, como Iñaki Peña y Arnau Tenas, preparados para proteger las espaldas de Ter Stegen. Sí es verdad que la cantera actual carece de un lateral derecho con proyección, pero tiene un central exquisito en la persona de Arnau Comas y un lateral izquierdo portentoso como Alejandro Balde. Como pivote “providencial, extraordinario”, dicen los que saben, está Jandro Orellana, al que deberían renovar cuanto antes, pues queda libre y es todo un subcampeón del mundo Sub-17 y campeón de Europa.

Hay otros centrocampistas buenísimos en cartera, como Nico González, de 18 años, “jugadorazo”, hijo del mítico y exquisito Fran, del Deportivo de A Coruña; el no menos eficaz Álex Collado, “cien veces mejor que Trincao” y en la misma necesidad de “renovación ¡ya!” que se encuentra Orellana; y Lucas de Vega, además del extremo Konrad de la Fuente, que ya ha sido probado en multitud de ocasiones por Ronald Koeman y protegido por el ‘mister’ holandés, como sucede con Ilaix. Y la lista podría redondearla, sin problemas, tres juveniles de enorme proyección como el media punta o delantero centro Ángel Alarcón, el interior Pablo Páez ‘Gavi’, del que todo el mundo habla maravillas, y el extremo Ilias Akhomach. Todo ello sin olvidar que el Barça podría recuperar a Monchu, cedido ahora al Girona, y la llegada, más que cantada, del central del City, Eric García.

Ejecutivos en la picota

Para muchos de los consultados por EL PERIÓDICO es un auténtico milagro que el Barça, o buena parte del club, haya sobrevivido al caos reinante en su seno. La sensación que tienen ahora los ejecutivos y empleados de la entidad, que, además, están, como todo el mundo, afectados en su vida profesional por la pandemia y, por tanto, o son víctimas de ERTE o teletrabajan, con la soledad y desencanto que ello produce en un momento de relevo y de la llegada de nuevos gestores, es que el nuevo presidente vendrá con su equipo y “poco le importará si el profesional a sustituir ha hecho bien o no su trabajo, simplemente, colocará al suyo, tal vez por amistad, por agradecimiento, por compromiso o porque, simplemente, es el suyo”.

Es evidente que los ejecutivos azulgranas, no más de una docena, poseen contratos por los que pueden ser despedidos pagándoles un año de contrato. “Es mentira que los ejecutivos tengan contratos blindados o mega cláusulas de despido. Despedir a diez ejecutivos del Barça no cuesta más de tres millones de euros, el problema es que, muy probablemente, la mayoría de ellos han hecho su trabajo bien y, ahora, temen por su futuro”. Entre otras razones porque ya han oído a más de un candidato decir que no piensa pagar despido alguno. “Otra cosa es”, señala uno de los posibles afectados, “que el nuevo presidente haga una ‘due diligence’ y pueda demostrar con ella que algunos profesionales han tenido un comportamiento desleal, impropio, y prescinda de ellos sin pagarles indemnización alguna. O, incluso, que a buena parte del ‘staff’ los lleve a juicio”.

Lo que sí parece claro, según todos los consultados, es que el Barça necesita, urgentemente, un CEO de categoría y un director de recursos humanos con capacidad de gestión. Son muchos, todos, los que, en estos días, recuerdan la dureza, profesionalidad y contundencia con la que Antoni Rossich, contratado por Sandro Rosell, paraba los pies a los directivos, cosa que, según todos los consultados, no ha hecho Óscar Grau, que, siendo una buena persona “muy buena persona”, ha sido demasiado leal a ‘Barto’ y “se ha dejado dominar por los delirios de grandeza y gestión de directivos que, posiblemente saben lo que hacen en su casa y en sus empresas, pero han sido un desastre para el club”.

Una gestión horrible

Algunos de los exdirectivos de Bartomeu han reconocido a EL PERIÓDICO que el club estaba horriblemente gestionado. O, peor aún, que solo el 20% de las contrataciones que realizaba la entidad se hacía bajo criterios serios, profesionales y con un protocolo como dios manda, es decir, con el criterio de cuadrar ingresos y gastos. “El problema es que el fútbol profesional escapa a cualquier tipo de control serio, estando en manos, no solo del capricho y las corazonadas de presidente y directivos sino, incluso, de los técnicos y, por supuesto, del poder que tenían unos futbolistas endiosados y en manos de representantes insaciables. Aquí como la junta manejaba dinero que no era suyo y creían interminable el grifo de los ingresos, se han hecho auténticas barbaridades”.

Víctor Font, Toni Freixay Joan Laporta, en el Camp Nou.

/ JORDI COTRINA

“Por supuesto que en el Barça existen protocolos tan o más profesionales y eficaces para comprar o contratar todo lo que se tiene que contratar, desde un bolígrafo hasta el más caro de los futbolistas, lo que ocurre es que, así como en el primer caso se cumplen, en el segundo todo eran trampas y, por supuesto, esquivar cualquier tipo de control de los profesionales, empezando por el presidente y acabando por el CEO, que se sentía atado de pies y manos”, señala uno de los consultados, que pone como ejemplo “evidente, claro y cristalino” la vergüenza del ‘Barçagate’, modelo de cómo alguien, el presidente, por ejemplo, esquivó el control del conocido CAA (Comité de Asignaciones y Aprobaciones), que decide sobre cualquier gasto superior a los 200.000 euros.

Debate con los empleados

Buena parte de los ejecutivos y empleados que asistieron, hace unos días, a una conferencia, conversación o debate telemático organizado por los trabajadores del Barça con los tres candidatos, quedaron bastante perplejos por el comportamiento y comentarios de los tres presidenciables. Joan Laporta trató, con su verbo y carisma, de metérselos a todos en el bolsillo; Víctor Font sorprendió a la audiencia al aparecer sentado junto a Antoni Bassas, su asesor personal, que intervino más que el candidato en el debate y, finalmente, Toni Freixa llamó la atención al aparecer con una reproducción de la Copa de Europa y rodeado de parafernalia azulgrana, provocando entre los empleados algún comentario del tipo “no somos tú público, Toni”.

Es evidente que, al margen de afrontar una dificilísima situación económica, el nuevo presidente se va a encontrar unos empleados desmotivados, desencantados, desamparados, temerosos por su futuro y sabedores que va a ser muy difícil reorganizar el club sin verse, pues hay un montón de secciones que han dejado de funcionar como tal al suspenderse, de momento, su actividad, decenas de personas en su casa, mano sobre mano, con un ERTE encima y sin saber qué será de ellos.

Desgobierno absoluto

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El desgobierno, reconocen todos los consultados, ha sido total en los últimos dos años, sin liderazgo alguno, sin visión de futuro, sin plan de ataque, sin creerse que son un gran club, sin inyectar positivismo en su gente, sin iniciativa, viendo que cada uno, en el seno de la directiva, tiraba por su lado en un salvase quien pueda. “Nadie sabía quién mandaba y así como, en otros momentos, el equipo ha sostenido al club, ahora han sido los ejecutivos y empleados de toda la vida quienes han hecho de tripas corazón y han mantenido el tipo”.

La sensación es que el club ha carecido de libro de estilo a la hora de actuar en un mundo como el del fútbol, que está en el Top-5 en la lista de corrupción sistémica en el mundo. No creerse su propia grandeza, no aplicar criterios profesionales de gestión, ser esclavo del qué dirán y, sobre todo, del poder de unos futbolistas que lo habían conseguido todo a base de victorias, estar en manos de sus caprichos y representantes, no saber decir “no” en multitud de ocasiones y no defender que quien hace buenos a los futbolistas es la grandeza de la entidad y no a la inversa, ha dejado al Barça en una situación de enorme debilidad donde nadie ha respetado las alarmas que se fueron disparando a lo largo de los últimos años.