TODO BAJO SOSPECHA

El Barça, una duda permanente

  • Koeman no da con la tecla para agitar a un equipo desorientado
  • Messi aún mantiene la incógnita sobre su futuro. El 1 de enero será dueño de su destino
  • Griezmann y Coutinho siguen sin decidir partidos
  • La inestabilidad domina el club, que tendrá nuevo presidente el 24 de enero
Koeman, detrás de un decepcionado Messi durante el Barça-Valencia en el Camp Nou.

Koeman, detrás de un decepcionado Messi durante el Barça-Valencia en el Camp Nou. / JORDI COTRINA

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El Barça es una duda. En sí mismo. Y en todas las áreas del club. Desde el presidente, se busca sucesor a Bartomeu, al equipo, donde Koeman toca y toca teclas, pero no acaba de dar con la adecuada. Pasando, por supuesto, por la gigantesca duda que planea sobre el futuro de Leo Messi.

Todo queda bajo sospecha en un silencioso y oscuro Camp Nou donde ya no es lo que era. Poco a poco, la plantilla se ha ido degradando de tal manera que ha perdido calidad, talento y desequilibrio en los últimos años porque las piezas que han ido viniendo tras la marcha de Neymar la han empeorado.

Vive el Barça una transición, una peligrosa transición hacia no se sabe dónde

 Se vive una transición, peligrosa transición hacia no se sabe donde. Instalado lleva el Barça en una duda permanente que no le deja avanzar. Cuando cree que está evolucionado, desanda los pasos iniciales. De la esperanzadora hora de juego ante la Real Sociedad al caos que se vivió en el empate contra el Valencia.

Koeman, acusado de inmovilismo en sus primeros meses, aferrado como estaba al 4-2-3-1, su manual táctico preferido, no para de introducir cambios para agitar a un equipo que se autocastiga con errores groseros. Cambios todos ellos sin éxito.

"He visto al equipo con dudas. Tiene mucha irregularidad"

Koeman, técnico del Barça

Hasta tres sistemas empleó el técnico el pasado sábado -acabó con tres centrales, Mingueza, Araujo y Lenglet, llevando a Dest y Jordi Alba al rol de extremos- para despertar a un adormilado Barça. No hubo píldora milagrosa porque es un grupo transparente en defensa donde cada acción a balón parado se convierte en un drama, con un peaje terrible.

En los cuatro últimos partidos, ha recibido tres goles a la salida de un córner: Álvaro (Cádiz), Willian José (Real Sociedad) y Diakhaby (Valencia) hurgan siempre en la misma herida.

Sin oficio

"Hay que saber cuántos jugadores de altura tenemos para defender a gente tan alta como tenía el Valencia. No se puede dejar a uno solo. Saltó solo, solo, solo… Por lo menos, hay que estar encima de él, aunque luego pierdas el duelo individual porque somos más pequeños”, afirmó Koeman sobre el plácido cabezazo que firmó Diakhaby sin ningún azulgrana a su alrededor. 

Es un Barça frustrante por su falta de oficio, agravada, además, por la juventud de una defensa (Dest tiene 20 años, Araujo y Mingueza, 21), que no sabe controlar lo que tiene en la mano, desprovista de Piqué, su líder, que no volverá hasta la primavera.

“Vi al equipo con dudas”, confesó Koeman destapando la inestabilidad que se vive en el vestuario, recordando luego que se “debe controlar más” los partidos acusando una excesiva “irregularidad”. Algo que se entiende, según el técnico, porque esos jóvenes “tienen que madurar”.

Cuando el Barça cree avanzar, recae en viejos errores, que le atormentan. Y así entra en un territorio angustioso porque se le acumulan pequeños, que son, en realidad, grandes errores.

Vacas sagradas que no deciden

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No gestiona ni el fútbol, ha sido incapaz de encadenar tres victorias consecutivas en la Liga, ni tampoco el control emocional que debe poseer en cada encuentro. “Debemos saber que hay momentos donde no es importante jugar bien ni crear muchas ocasiones sino saber llevar el resultado al final del partido”, reconoció Koeman, mientras ve que ni una cosa ni otra hace bien el Barça.

Con Messi, además, sumergido en la gigantesca duda sobre su futuro. Camino de los 34 años, debe decidir si mantiene su idea de agosto (irse) o cambia de opinión para acabar en el Camp Nou, donde las supuestas‘vacas sagradas’ (Griezmann y Coutinho) no deciden partidos.