FERENCVÁROS 0 - 3 FC BARCELONA

El Barça se pasea por Budapest con un gran triunfo

Los azulgranas suman el quinto triunfo en cinco partidos al sentenciar el duelo en una primera media hora avasalladora

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Joan Domènech

Un paseo se dio el Barça por Budapest. En la mejor acepción de la expresión. Podía haber afrontado el intrascendente duelo malgastando los 90 minutos, jugando al tran tran, cuidando los jugadores de no forzar para lesionarse, pero no. Cumplió el Barça, lo que no debería ser digno de ser destacado, con la predisposición que impuso Koeman el día anterior: esta camiseta exige jugar bien y ganar. Intentarlo, cuando menos.

Esa es la exigencia y ese es el primer paso para que el Barça vuelva a ser el equipo que fue. La ilusión y la alegría llegan inherentes a los buenos resultados, y las sonrisas empiezan a frecuentar. Se ven en las caras de los delanteros, los únicos que dibujan muecas en función de los goles que marcan. Los defensas suelen estar serios siempre. Y si encajan, parecen cabreados. Los porteros nunca ríen.

El taconazo de Griezmann que supuso el 0-1. / TIBOR ILLYES (EFE)

Antoine Griezmann personifica el restablecimiento anímico del equipo (el 0-2 fue una jugada colectiva de 33 combinaciones que duró casi dos minutos), seguramente por ser el ejemplo más evidente de su propia recuperación. Era tan negativa la expresividad que mostraba que lo fallaba todo, hasta las ocasiones más increíbles, como resaltó Koeman. Exorcizó los fantasmas que le atormentaban en la ya famosa entrevista con Jorge Valdano, aunque había marcado dos goles inmediatamente antes, y ahora enchufa a la red todo lo que toca. Hasta un taconazo en el aire de complicada ejecución.

Detalle de generosidad

No era el más alicaído Griezmann –en eso destaca más Coutinho- pero lo parecía. Martin Braithwaite corrobora la progresiva alegría que se va colando en el vestuario. El primer gol lo celebró como si comiera un limón; ayer ya sumaba el cuarto en tres partidos y dibujo lo que parecía una mueca de felicidad. Tan pleno se sentía el danés que entregó generosamente el balón del penalti que provocó a Ousmane Dembélé para que el delantero más indescifrable (por imperturbable) pudiera parecer humano.

Dembélé transforma el penalti del 0-3. / ZSOLT SZIGETVARY (EFE)

Todo eso, el 0-3, se consumó en la primera media hora. Por muy Ferencváros que fuera, por muy inexperto, débil y desanimado que estuviera, lo de ayer no era una pachanga veraniega y tuvo su mérito. El cuadro húngaro podía haber aprovechado que se trataba de un trámite para el Barça, aunque la victoria le facilitaba el duelo final ante la Juventus por el primer puesto: bastará con el empate y hasta una derrota por 0-2 en el Camp Nou gracias a la mejor diferencia de goles.

No pudo aprovecharlo el Ferencváros porque desde el primer minuto se vio angustiado y encerrado en su campo. Los goles trasladaron al marcador el acierto respectivo en el área. Si fue nulo en el caso local se debió a que nunca pisó la de Neto, que reaparecía tras el error ante el Alavés que precipitó su regreso al banquillo.

Verticalidad y avidez

El Barça se pasó la vida en la mitad de campo del anfitrión, con la misma actitud dominante que impone en el Camp Nou. Los goles fueron una consecuencia de esa presencia abusiva, pero de la también recuperada verticalidad y avidez de los azulgranas en el remate, más directos y expeditivos, una virtud que se ve más evidente en ausencia de Messi.

Sin el 10, se percibe un tono más coral y desinhibido en el juego y los resultados no se resienten, al contrario. El Barça de los suplentes (solo Pjanic ha sido titular en los cinco encuentros) eleva el listón. Otra virtud recuperada. 

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Braithwaite salta por encima de Frimpong. / ATTILA KISBENEDEK (eFE)

Ficha del partido

FERENCVÁROS: 0

Griezmann celebra su gol con Dembélé y Jordi Alba

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