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Griezmann, Messi y la maldición napolitana

El punta francés, que llevaba un gol en 19 partidos, pone fin a su mala racha

El argentino sigue sin marcar en jugada desde la vuelta de octavos de Champions

Antoine Griezmann pugna con Victor Laguardia.

Antoine Griezmann pugna con Victor Laguardia. / AFP / César Manso

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Roger Pascual
Roger Pascual

Periodista

Especialista en fútbol, baloncesto, balonmano

Escribe desde Barcelona

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¿Maradona o Messi? ¿Jordan o Lebron? ¿Beatles o Stones? ¿Nirvana o Pearl Jam? El 60 cumpleaños de Diego ha vuelto a reabrir el eterno debate sobre quién ha sido el argentino más grande. ¿Por qué existe esta tendencia a engrandecer a uno para desmerecer al otro?

En su glorioso 'Música de mierda' Carl Wilson analiza la teoría de Pierre Bordieu según la cual el tipo de música y el deporte que nos gustan y la forma que hablamos de ellos responden a claves sociales. Eso explicaría por qué hay jugadores y canciones que nos conmueven y conectan con nosotros y hay otras voces que, pese a reconocer su calidad, nos dejan fríos o incluso nos provocan repulsión (como le pasa a Wilson con Céline Dion). Maradona representa muchas cosas, contradictorias muchas veces, que trascienden el fútbol (tanto al de ahora como al de antes). Sentenciar que Maradona es mejor que Messi o a la inversa dice muchas cosas de nosotros.

El 'barrilete cósmico' dio un Mundial al Argentina y duró muy poco en el Barça, apenas un par de años, justo al revés que Messi. Desde que Leo quiso hacer como Diego y dejar el Camp Nou se le ha visto lejos de su mejor nivel, como si cuerpo y mente estuvieran desconectados. Solo ha logrado tres penaltis en los ocho partidos jugados esta temporada y no pudo romper su gafe en el campo del Alavés, que sí puso fin a la mala racha de Antoine Griezmann.

Nápoles señalaba el inicio del mal fario de ambos. El delantero francés marcó en la ida de los octavos su último gol importante. Desde entonces solo había logrado un tanto en los últimos 19 partidos oficiales contra el Barça. El último tanto del argentino en jugada había sido ante la escuadra italiana en la vuelta. Desde entonces solo había conseguido marcar de penalti. Ronald Koeman necesita los tantos de ambos especialmente en este inicio de Liga en el que está costando mucho ver puerta (este sábado solo materializaron 1 de 22 ocasiones).

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Messi lo intentó todo pero siguió ofuscado. Tuvo cinco ocasiones, la más clara de nuevo a balón parado, pero Lejeune sacó su falta bajo palos. Leo no se sentía a gusto y recibió una amarilla por quejarse tras un agarre. Al final de la primera parte tuvo el primer disparo en juego y a los dos minutos de la reanudación obligó a intervenir de nuevo al inspirado meta vitoriano con un tiro seco. Cada vez intervenía más pero sin éxito en la finalización. Y la única vez que logró superar a Pacheco estaba en fuera de juego. 

A Antoine también le anularon otro por la misma razón, pero por fin pudo celebrar el fin de su maleficio, picando el balón al inspirado portero rival. «Estaba fallando y el equipo necesita mis goles. No suelo fallar muchas pero últimamente sí», reconoció Griezmann tras el choque, explicando que había intentado afrontar la sequía con «calma, trabajo y humildad». Más allá de la autocrítica personal, también concedió que tienen que mejorar colectivamente: «Nos vamos enfadados, con rabia, nos queda mucho por mejorar. Hay que mejorar en todos los aspectos. Estamos fallando mucho, yo el primero, tenemos que trabajar para mejorar. La temporada es muy larga».