27 oct 2020

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2 PARTIDOS, 7 GOLES, 0 EN CONTRA

Koeman, en tiempo récord logra una inyección de compromiso

El técnico ha generado energía y vitalidad en un equipo que brilla en los peores escenarios, incluso con 10 jugadores

Marcos López

Koeman, en el banquillo de Balaídos en el duelo ante el Celta.

Koeman, en el banquillo de Balaídos en el duelo ante el Celta. / REUTERS / MIGUEL VIDAL

De pronto, Lenglet soltó su brazo y Del Cerro Grande, el colegiado que ya había enseñado una roja que no era a Piqué, le enseñó la segunda amarilla. Lleva dos años vestido de azulgrana y cuatro expulsiones, un triste récord para un defensa. Y, además, dejó en una situación tan precaria al equipo que sirvió para que Koeman enviara, sin quererlo, un mensaje hacia el club. Con tres centrales no se puede aguantar toda una temporada.

La expulsión de Lenglet reveló los problemas que sacuden al equipo que solo tiene a Piqué y Araujo para medirse el domingo al Sevilla

Y en la segunda jornada de Liga, la dirección deportiva del Barça (Ramon Planes), ejecutiva (Òscar Grau, el CEO) y presidencial (Josep Maria Bartomeu), ya tiene la prueba definitiva. Lenglet erró porque ya tenía una amarilla y no midió que la carrera por la banda izquierda de Denis Suárez no parecía tener buen final.

Más dirigido el fino interior gallego hacia la cal que hacia el área de Neto. Pero Del Cerro Grande, un colegiado experto y de mucho nombre, policía nacional en excedencia desde hace muchos años, detectó ese brazo volador del central francés que le envió a los vestuarios antes de tiempo.

Ansu Fati celebra el 0-1 al Celta.  / AP / LALO R. VILLAR


Debates y debates

Luego, el tumulto habitual porque Piqué ya tenía cuentas pendientes con el árbitro madrileño, que le había enseñado una tarjeta roja tan rápidamente que se equivocó. Desenfundó tan rápido como si fuera un pistolero en el Viejo Oeste. Pero no reparó en que era un clarísimo fuera de juego de Emre Mor por lo que esa expulsión al central azulgrana era tan veloz como innecesaria. 

El técnico fortaleció al equipo tácticamente en el descanso y también anímicamente

El Barça estaba con 10, obligando al técnico a tomar decisiones para reajustar un equipo que había estado sólido al inicio. Mientras Lenglet y Piqué cuchicheaban en el césped, Koeman y Alfred Schreuder, su ayudante, hacían lo propio para debatir el reajuste táctico que requería una lluviosa noche gallega. Tomaron la medida natural colocando a Araujo en el eje de la defensa, quitando a Griezmann, el primer sacrificado.

Ese debate sobre cómo jugar con 10 se trasladó luego con otros protagonistas ya en el túnel de vestuarios, justo antes de iniciarse la segunda mitad. Estaban Piqué, un habitual en los foros arbitrales, unido a Messi, quien ejercía de capitán, acompañados ambos por Koeman. Los tres hablando con Del Cerro Grande. No hubo acuerdo alguno, claro.

Messi, en la jugada que provoca el 0-2 al Celta. / Ap / mIGUEL RIOPA


Aunque algo había cambiado ahí dentro. En el mismo vestuario de Balaídos donde se vivió la tormenta entre la plantilla y Setién, algo se construyó. Algo diferente porque el Barça reapareció en la segunda parte con una ambición desmedida, reflejadas en el valioso tanto de Messi. 

Algo cambió

Pero jugando con un futbolista menos, y con un viento que parecía llevarse por delante a todo aquel que pisara el césped, se fue a ganar el partido con más fuerza todavía. Así llegó el 0-2 de Messi, con toda la suerte del mundo, así llegó el gol anulado a Messi porque el VAR detectó que estaba en fuera de juego, así llego el disparo de Coutinho, repelido felinamente por Iván Villar, el meta del Celta. Y algo que no está escrito en ningún sitio pero se percibe en cada gesto, que no necesariamente debe ser un gol. O un regate.

En Balaídos, donde Setién se enfrentó a las 'vacas sagradas', comenzó Koeman a construir algo fuerte en el grupo

Ahí, en la misma ciudad donde las vacas sagradas discutieron para siempre con Setién, tal vez empezó algo distinto. Igual no se llega a ningún sitio, pero el ejercicio de compromiso y solidaridad retratado en el gol de Sergi Roberto, un lateral que acabó en el tiempo añadido firmando un golazo desde dentro del área. ¿Qué hacía ahí un defensa? Pues atacar con ambición. Como el Barça.