30 oct 2020

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LA CRISIS AZULGRANA

Messi se queda para no acabar en los tribunales con el Barça

El capitán elude la batalla judicial contra el club, retenido por Bartomeu, a quien critica con dureza

"Hace tiempo que no hay proyecto ni hay nada, se van haciendo malabares y tapando agujeros", critica

Marcos López / Joan Domènech

Leo Messi, cabizbajo, en un momento del partido contra el Bayern en Lisboa, el pasado 14 de agosto. 

Leo Messi, cabizbajo, en un momento del partido contra el Bayern en Lisboa, el pasado 14 de agosto.  / AFP / MANU FERNÁNDEZ

Nunca quería irse del Barça, pero una vez tomada la decisión, con un profundo desgarro familiar, ya se había ido de su casa. "Cuando le dije a mi familia y mis hijos que me podía ir fue un drama. Todos se pusieron a llorar", admitió Leo Messi, que se termina quedándose contra su voluntad porque, como él mismo reveló en una entrevista concedida  a Goal, «jamás iría a juicio contra el club de mi vida y al que amo. Es una locura».  Se queda, sin querer quedarse. Obligado a quedarse. Ya se había ido y le hacen volver.

A partir del 1 de enero es dueño de su destino y se puede ir gratis a donde quiera

 Por eso, ha tenido que deshacer el camino andado acusando al presidente Josep Maria Bartomeu de "incumplir su palabra" y justificando el envío del burofax para comunicarle su deseo de marcharse del Barça "porque no le daba bola».

Se lo había dicho, como ya reveló este diario, muchas veces en privado, pero el presidente jamás le hizo caso. El próximo 1 de enero, Messi es dueño, ahora sí absoluto de su destino, y quedará libre para irse donde quiera.

Y gratis porque no renueva como quería Bartomeu, quien logró retener al capitán, atrapado como quedó porque no quería acudir a la batalla judicial.

Messi, en un momento de la entrevista con Goal. / GOAL

"Estaba seguro de que me podía ir. Y ahora se agarran de que no lo hice antes del 10 de junio, pero estábamos compitiendo por todo este virus de mierda" (Messi)

Sentía Leo que la cláusula (replicó Jorge Messi, su padre y agente, a la Liga) le permitía irse libre. "Estaba seguro de que me podía ir. Y ahora se agarran de que no lo hice antes del 10 de junio, pero estábamos compitiendo por todo este virus de mierda», se quejó el capitán.

"Etapa terminada"

Pero ni la estrella, que ya "había dado por terminada su etapa en el club" porque, además, "creía que era el momento de dar un paso al costado",  ni tampoco el Manchester City, después de que Messi llamara a Guardiola, han querido enredarse en un imprevisible conflicto judicial sobre la cláusula de 700 millones de euros. 

En dos ocasiones renegó de Argentina; en ambas volvió. Cuando quiso irse del Barça, no pudo porque no quería "una locura judicial"

En dos ocasiones renegó de Argentina. Y en ambas volvió. En una maldijo al Barça, pero su sentimiento le hizo abandonar la "locura" judicial. Muy a su pesar, continúa. Sigue, pero apunta y señala a Bartomeu, a quien acusa de no respetar la palabra que le dio.

Justo ahora, 20 años después de su llegada, cuando tomó la segunda decisión más trascendente de su vida (la primera, con apenas 13, fue decirle a su padre que él no regresaba a Argentina), se siente utilizado por el dirigente.

Silencio del club

En todo momento, Messi  ha querido  disociar la figura del Barça de la de Bartomeu, el presidente que le ha retenido amparado en el contrato, aprovechando el errático plan legal trazado por los asesores del jugador.

Habló Leo, proclamando su verdad, con sencillez (estaba en chanclas en su domicilio) y calla, de momento, el dirigente, al igual que toda la junta. No ha hecho ni un solo comunicado el Barcelona en estos 10 días desde que recibió el burofax, documento legal para certificar su voluntad.

Messi, tras perder la Liga en el Camp Nou. / JORDI COTRINA

El capitán se queja de no hallar este año la felicidad en el club. Y para Bartomeu la felicidad era que no se marchara Leo

¿Bartomeu?  Se siente ganador, tras haber dominado el pulso con la estrella, el primero que le gana, elevando así su sensación de autoridad. El desencuentro larvado desde hace muchos meses se ha transformado ya en un divorcio irreparable. El presidente respira aliviado porque no pasará a la historia como el que dejó marchar a Messi.

Pero sí, en cambio, con el que se enfrentó Messi con unos niveles de dureza jamás visto antes, revelando las grietas que presidirán ahora los últimos meses de tan compleja e imprevisible relación.

Con el panorama electoral, a la vuelta de la esquina, entregando Bartomeu todo el poder del vestuario a Koeman, obligado este a seducir ahora a un nuevo Messi, quien encara su último año de contrato en un escenario que jamás imaginó. Está en su casa, donde ya no quería estar. Con City, Paris SG, Juventus y los grandes clubs aguardando pacientemente en el mercado a partir del 1 de enero para ficharlo gratis.

El caos

Messi se queda, pero antes de entrar en la ciudad deportiva de Sant Joan Despí ha querido desnudar la caótica planificación deportiva de un club que tendrá tres entrenadores en un año (Valverde, Setién y Koeman) tras ver desfilar a cinco secretarios técnicos en el último lustro (Zubi, Robert, Pep Segura, Abidal y ahora Planes).

Messi, en la entrevista que dio al periodista Ruben Uría, de Goal. / GOAL

"Aquí no hay proyecto ni nada. Se van haciendo malabares y van tapando agujeros a medidas que van pasando las cosas" (Messi)

"Aquí no hay proyecto ni nada. Se van haciendo malabares y van tapando agujeros a medida que van pasando las cosas", denunció el capitán, quien le recordó, y en varias ocasiones, a Bartomeu "que en este último año no encontré la felicidad dentro del club". La felicidad de Bartomeu era que Messi no saliera del Camp Nou. Y menos al City de Guardiola o a un rival directo de la Champions.

Messi controla el balón en el Camp Nou. / JORDI COTRINA

Empezar de cero

El capitán ya no se fiaba del presidente. Ahora, menos. Y ya ha dejado de hablar con él. Ahora todo lo que le decía en privado lo ha trasladado al plató global del mundo escenificando una ruptura que les perseguirá a ambos en estos meses finales de convivencia.

"Yo no quería pelearme con el club", argumentó Messi, quien cuando pise la ciudad deportiva verá un Barça nuevo, con Koeman, sin vacas sagradas, con Coutinho y Bartomeu de presidente.