28 nov 2020

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EL BARÇA, DESTRONADO

Madrid, el campeón confinado

El equipo de Zidane firma una racha impresionante (10 partidos, 10 victorias) tras el confinamiento y retrata al decadente y frustrante Barça de Setién

Los azulgranas pierden en el Camp Nou ante Osasuna (1-2) y los blancos celebraron los goles de Benzema al Villarreal (2-1) que le dan el título

Marcos López

Los jugadores del Madrid mantean a Zidane después de asegurarse la Liga

Los jugadores del Madrid mantean a Zidane después de asegurarse la Liga / DENIS DOYLE (GETTY IMAGES)

Hay Ligas que se ganan en casa. Y esta Liga extraña, inusual, con las puertas vacias de los estadios, ¡que suerte tuvo Bartomeu de que el Camp Nou estuviera desértico sin opción a pitadas o pancartas!, le pertenece al Madrid. El mejor equipo tras el confinamiento, firmando una impresionante racha de triunfos:10 victorias en 10 partidos, 30 puntos de 30 posibles. Es la blanca Liga del confinamiento. Y una derrota que simboliza el caos azulgrana. Antes de la pandemia tenía dos puntos de renta; ahora está siete puntos por detrás el nuevo campeón.

Retratando así un brillante Zidane a un decadente Barça, que se agarró a la rebeldía de Messi, pero no fue suficiente para impedir la vergonzosa imagen ante Osasuna (1-2). Solo Leo tuvo la decencia y dignidad necesaria que requería la noche en que los azulgranas se despedían del título con un juego paupérrimo y una derrota ante un rival que terminó con 10 jugadores.

Los bostezos de Arthur

Pero Benzema, el mejor en esta Liga poscovid-19, marcó los goles del triunfo blanco (2-1), mientras el campeón regaló su corona con tal desgana que hasta las cámaras de televisión pillaron bostezando a Arthur. Ya no es del Barça porque el club lo intercambió con Pjanic, y estaba el brasileño en la grada con aspecto somnoliento como si se fuera a echar una plácida siesta.

Zidane controla el balón en Valdebebas ante el Villarreal. / AFP / GABRIEL BOUYS

La Liga de ‘Zizou'

Zidane ya tiene la Liga que tanto quería, la quería incluso cuando no dejaba de encadenar Champions tras Champions hasta besar tres en cuatro años.Cuando se acabó el confinamiento, el Barça dobló la rodilla demasiado pronto incapaz Setién de conquistar su primer título y prolongar la hegemonía culé hasta las tres Ligas consecutivas, algo que solo queda al alcance del equipo de Guardiola (2009-2010 y 2011).

Los jugadores del Madrid celebran el gol de Benzema al Villarreal. / EFE

Hasta el futuro de Setién corre peligro por el enorme desplome del equipo

En su revolucionaria alineación de anoche, el técnico dibujó lo que ha sido su deprimente Barça estos meses. Acabó con un ataque en el que Messi, la estrella de los años más gloriosos del club, era escoltado por un jornalero del fútbol como Braithwaite, contratado deprisa y corriendo del Leganés, que lleva todo el campeonato peleando por no bajar a Segunda, cuando ya había acabado el mercado invernal y un juvenil de 17 años (Ansu Fati), que encarna la ilusión en un futuro mejor porque el pasado ya no sirve. Y el presente es desastroso, perdida la Supercopa, perdida la Copa, perdida la Liga...

Setién, en el Camp Nou ante Osasuna. / JORDI COTRINA

Aburriendo a Messi

Mientras Setién asistía impotente a la nueva caída de su equipo, desconectado del vestuario y sin soluciones para coser al grupo. ¿Seguirá hasta la Champions? Si se atiende a la palabra de Bartomeu, no hay dudas. Pero si el Barça acaba hecho una piltrafa, como así fue ante Osasuna y quien sabe si el domingo en Vitoria, el futuro del técnico queda, de nuevo, bajo sospecha.

Y eso que la Liga se perdió, curiosamente, cuando no habia fútbol. En esos tres meses de largo confinamiento, el Madrid se articuló como un bloque sólido, con hambre, necesitado de destronar al campeón para complacer a Zidane, necesario líder en toda conquista.

Una falta de Messi que se estrelló en el larguero de la portería de Osasuna. / JORDI COTRINA

Teme el '10' por su futuro porque cada vez se siente más huérfano y desamparado

Nada de eso tuvo el Barça, protagonizando, de nuevo, un triste partido con Osasuna, sin alma alguna, deambulando con el rostro desfigurado. Setién tenía la mirada perdida.

Creía venir el cántabro al paraíso y descubrió el caos. Nunca fue quien era. Y hay, además, otro problema mucho más serio incluso que la pérdida de una Liga tan extraña que ni se puede celebrar por el coronavirus.

Están aburriendo a Messi. En el campo y en los despachos. Ese es el auténtico drama. El entrenador está confundido, el equipo anda extraviado en un peligroso descenso que puede acabar perdiendo la Champions antes incluso de ir a Lisboa, la directiva no está ni se le espera y Bartomeu, el presidente, agota su último año más acorralado que nunca, aunque sin la presión popular.

¿Messi? Teme por su futuro porque cada vez se siente más huérfano y desamparado. Cargándose a diario de más razones para pensar que no merece acabar sus años finales así, viendo como se le escurren Ligas entre los dedos con un equipo que cada año es peor que el anterior, por mucho dinero que se invierta en el verano anterior. Y así, perdiendo hasta la dignidad perdió su corona.