19 sep 2020

Ir a contenido

195 goles en 278 partidos

Suarez ya es el tercer máximo goleador del Barça

La eficacia del delantero uruguayo en el derbi, con el cuarto gol en los cuatro últimos partidos, le permite superar a Kubala en la historia azulgrana

Joan Domènech

El gol de Luis Suárez a Diego López, en el Barça-Espanyol, con el que superaba a Kubala.

El gol de Luis Suárez a Diego López, en el Barça-Espanyol, con el que superaba a Kubala.

Con cuatro goles en cuatro partidos, Luis Suárez reivindica su permanencia casi obligada en el once titular. "Tiene que estar siempre en el campo", sostiene Quique Setién cada vez que se le pregunta por el mal rendimiento del uruguayo.

Los números rubrican que la aportación del delantero es valiosa. Suárez incide en el resultado, pero no en el juego, y la prueba fue visible en el derbi. El Barça ganó por la mínima con un tanto suyo disparando la mitad de las veces que el domingo. Del exceso del Villarreal al defecto ante el Espanyol.

De gol en gol Suárez se ha ido abriendo un lugar en la historia del Barça, hasta convertirse en el tercer máximo artillero, con 195 tantos en 278 partidos. Un excelente promedio de 0,70 goles por partido. La recuperación física -gracias al coronavirus ha podido reaparecer esta temporada y terminar la Liga tras haber sido operado del menisco en enero-, ha permitido al charrúa superar a Ladislao Kubala en el podio barcelonista, otro de los nombres míticos que ha quedado atrás.

El hándicap es la edad

Entre Suárez y su amigo Messi sólo se entromete César Rodríguez, el máximo goleador que ha sido de la historia del Barça durante medio siglo. Los 232 tantos del delantero leonés han quedado astillados por los 630 que suma Messi. Cifra inalcanzable para Suárez, que abrió su cuenta el 25 de noviembre del 2014, en el sexto partido después del debut, ante el Apoel de Nicosia (0-4). Cumplida la sanción del mordisco del Mundial de Brasil, el uruguayo, que se pasó medio el verano entrenando solo y a escondidas, jugó su primer partido ante el Madrid en el Bernabéu.

Suárez  no marcó en los cuatro primeros partidos al reaparecer tras el confinamiento

Seis años después, Suárez ha escalado hasta posiciones impensables. Le faltan 37 goles para asaltar a César.  El hándicap es la edad. El uruguayo ya ha cumplido los 33 años. Marcó esos 37 goles en la campaña 2016-17. En la anterior ascendió a 59.

Dos goles al Celta, uno al Villarreal y otro al Espanyol tras cuatro partidos a cero en la reanudación del confinamiento avalan la tesis de Setién de alinear y mantener a Suárez. Firmó el triunfo del derbi que suponía la sentencia del Espanyol. El buen juego del Barça desapareció tras el oasis de Villarreal.

Suárez empieza a celebrar el gol del triunfo junto a Dídac. / JORDI COTRINA

Apoyo a Griezmann

La victoria continuó. Y continuó el mismo dispositivo del ataque, con los tres delanteros juntos en el centro, que Setién debió cambiar por lo improductivo que resultaba. "El entrenador es el que decide y busca la mejor fórmula", dijo con cierto desapego Suárez, aunque inmediatamente subrayaba en la entrevista de Movistar que Griezmann "tendrá siempre nuestro apoyo".

El Barça remató ante el Espanyol la mitad de las veces (9) que ante el Villarreal (18)

La diferencia respecto al Villarreal, aparte "del buen planteamiento" del Espanyol que dejó "muy pocos espacios en el área", reconoció Suárez, fue la agonizante situación blanquiazul y el cansancio acumulado por el Barça. "Éramos conscientes de que habíamos tenido un desgaste al jugar uno de los mejores partidos y eso se notó en la intensidad que le dimos", explicó Suárez. Fue menor, claro.

Suárez remató en el Camp Nou tres veces, como en La Cerámica. Y marcó, igualmente, un tanto. Pero el Barça remató 18 veces en Villarreal (14 entre los tres palos) y solo 9 ante el Espanyol (2). El cuadro blanquiazul chutó más que los azulgranas (11, dos bien dirigidas, abortadas ambas por Ter Stegen).

Tampoco era la primera vez que el rival tenía más ocasiones. Lo hicieron antes el Madrid y el Mallorca, así que el derbi volvió a dejar un regusto amargo en el barcelonismo y la incógnita de descubrir, en Valladolid, este sábado, cuál es el Barça real.