70 AÑOS DE UN DÍA HISTÓRICO

Kubala, una firma para entrar en la era moderna

El 15 de junio de 1950 el mítico delantero húngaro se comprometió con el Barça, años después se construiría el Camp Nou y ya nada volvería a ser igual

La celebre delantera del Barça inmortalizada por Serrat: de izquierda a derecha, Basora, César, Kubala, Moreno y Manchón.

La celebre delantera del Barça inmortalizada por Serrat: de izquierda a derecha, Basora, César, Kubala, Moreno y Manchón. / CENTRE DE DOCUMENTACIO DEL FCB

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Este lunes se han cumplido 70 años desde la firma de contrato quizá más decisiva en la historia del Barcelona. Lázsló Kubala estampó el 15 de junio de 1950 su rúbrica al pie del documento pactado por Josep Samitier y nada volvería ya a ser lo mismo en clave azulgrana. El mito húngaro se comprometió sin saber que permanecería 11 temporadas en el equipo y alcanzaría una condición de fenómeno social jamás repetida después. Ni siquiera con Messi, porque las condiciones de la dura posguerra generaron que Kubala devolviera la ilusión de victoria al barcelonismo, que solo tenía entonces ojos y atención para sus hazañas deportivas.

Como todo en relación a su exagerada biografía, la llegada de Kubala al Barça resultó de lo más rocambolesco. Enrolado en el Hungaria, equipo de exiliados del Este comunista, el fenómeno rubio se había embarcado en una gira por España con el indisimulado propósito de hallar destino deportivo. Estaba sancionado por la FIFA a causa de su deserción y su exequipo en Hungría, el Vasas de Budapest, tampoco andaba en buenos términos con él.

Kubala, en su debut oficial ante el Sevilla /  (CENTRE DOCUMENTACIÓ DEL FCB)

Así las cosas, el Hungaria debutó en Madrid como 'sparring' de la selección española que debía disputar el inminente Mundial de Brasil en 1950. Solo poner el pie en el nuevo Chamartín, aquel musculado futbolista dejó claro que era único en su especie, con técnica y habilidades con el balón desconocidas en una España que apenas emergía de la autarquía tras la guerra civil. De inmediato, la diplomacia de Bernabéu echó sus redes y alcanzó un acuerdo verbal con la estrella del Hungaria para que engrosara sus filas, pero el astuto Samitier tenía otros planes. En el tren que desplazaba la expedición hacia Barcelona, el entonces director técnico del Barça convenció a Kubala con un valor añadido de peso. Consistía en fichar para el banquillo a su cuñado, el entrenador Ferdinand Daucik, además de igualar la estratosférica cifra sugerida desde la Castellana.

Kubala, en la grada, junto a Samitier, Paulino Alcántara, otro mítico jugador, de pie y con sombrero /  (CENTRE DOCUMENTACIÓ FCB)

Baste decir que Kubala acabó ganando 647.850 pesetas en su primer año y a la tercera campaña, sus emolumentos ya multiplicaban por seis la ficha del compañero mejor pagado, César Rodríguez. La apuesta bien lo valía. Samitier rogó al presidente Agustí Montal que viera al Hungaria en Sarrià y el mandatario quedó tan deslumbrado como el resto de la directiva presente. Extenderle contrato pasó a ser prioridad absoluta.

Un papel para la historia

A las 8.30 de la tarde de aquel 15 de junio de 1950, Kubala firmó el papel que cambiaría la historia del club. De inmediato, el Madrid montó en cólera ante la noticia y acusó al Barcelona de romper el pacto de caballeros suscrito entre ambas entidades para no robarse piezas, tal como había sucedido tiempo atrás con Luis Molowny. El canario fichó por los blancos gracias a la habilidad de Bernabéu, que mandó un emisario en avión al enterarse que el Barça iba a por él subido en un lento barco.

Al margen del enojo blanco, se iniciaba también sin saberlo una larga batalla burocrática para superar distintos obstáculos. No debutaría en un amistoso con el Barça hasta el 12 de octubre, para celebrar el 'Día de la Raza' ante un segunda como Osasuna, al que los suplentes de la plantilla derrotaron por 4-0, incluido un gol del debutante. Neófito en Les Corts que, por cierto, no se libró de los silbidos del exigente 'Gol de Dalt', que le recriminó algún regate fallido. El público azulgrana, conste, siempre ha sido difícil de contentar. La revista 'Once', en cambio, despejó dudas y calificó su estreno como ver "a un diamante rodeado de garbanzos".

Abril de 1951

Tendrían que pasar aún algunos meses para su primer partido oficial, en abril de 1951, una vez obtenido el  beneplácito de la FIFA y un acuerdo de compensación económica con el Vasas. Por el camino, nueve amistosos para matar la espera y una campaña de propaganda franquista, dispuesta a abrir los brazos a un perseguido del comunismo que prefería abrazar la libertad de la nueva España.

La plantilla azulgrana con la Copa Latina conquistada en 1952 /  (CENTRE DOCUMENTACIÓ FCB)

Como todo en Kubala era exageración pura, el régimen le nacionalizó con urgencia e incluso lo bautizaron como católico en Águilas, el pueblo murciano de Muñoz Calero, entonces presidente de la RFEF. Y el resto, parafraseando a los cuentos, ya es historia. Nunca, ni antes ni después, ningún jugador logró un impacto semejante en su contexto deportivo y social. De inmediato se disparó su popularidad y el Barça pasó a ser hegemónico con el espléndido equipo de las Cinco Copas al que solo faltaba acoplar a esta joya de la corona. El presidente Montal había adquirido ya algunos terrenos para erigir el nuevo estadio en una zona bautizada por el ingenio popular como "la de toda la vida" al estar enclavados entre la Maternidad y el cementerio de Les Corts. Kubala aceleró los planes de construcción porque en el viejo y apedazado campo construido por Gamper en 1922 ya no cabía un alfiler.

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Un récord que aún perdura

Como último detalle de tan simpar personaje, Laci Kubala mantiene aún el récord goleador en un partido en la historia del Barcelona, techo que ni siquiera Leo Messi ha podido derrumbar. En febrero de 1952, contra el Sporting de Gijón, Kubala marcó siete goles en el exagerado marcador final de 9-0. Otra vez el 'Once' sacaría su fina ironía de paseo al publicar este ripio en portada: "Cosa de magia parece / que sin actuar de ariete / de nueve goles logrados / Kubala marcara siete". Devoción por el hombre que inauguró con su llegada y categoría la era moderna del Futbol Club Barcelona.

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