50 AÑOS DE UNA INJUSTICIA (y 2)

El "¡ya basta!" que significó el 'gurucetazo'

Rexach, Alfonseda, Pujol y Eladio recuerdan la noche en que explotó el hastío culé con el penalti de Guruceta

Eladio, recién expulsado, discute con Sanchis en presencia de Pujol.

Eladio, recién expulsado, discute con Sanchis en presencia de Pujol.

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Se diría que 50 años no han sido más que un suspiro para cuatro de los barcelonistas que vivieron en primera persona el penalti señalado por Guruceta, del que este sábado se cumple medio siglo. Todos recuerdan los hechos como si fuera ayer, muy presentes aún en la memoria y la retina. Sin duda, un encuentro que no olvidarán jamás. Para el lateral Eladio Silvestre, expulsado por el árbitro, “fue tan flagrante que incluso los del Madrid nos reconocieron el error allí mismo, en caliente. Yo le insistía 'te has equivocado, te has equivocado' con las pulsaciones a mil. Hasta que le aplaudí con ironía por pura frustración. Entonces me expulsó y consiguió sacarme de mis casillas. Le dije de todo, me dejé ir. Por suerte, en el acta, Guruceta suavizó mis palabras y sólo me cayeron dos partidos. ¿El club? Me dio apoyo total. Aún no lo entiendo y si volviera a pasar, haría exactamente lo mismo. Con los árbitros y el Madrid siempre ha llovido sobre mojado y en nuestra época, mucho peor”.

También existe unanimidad sobre la marcha del partido. Continúa Eladio: “Hicimos un gran partido, íbamos al límite y podíamos remontar con holgura. Estábamos en plena forma. A Guruceta, el barcelonismo no le perdonó su tozudez y arrogancia, que no reconociera su error en declaraciones posteriores. Fue tremenda la impotencia que sentimos, que nos cortaran la alegría de esa manera, la posibilidad de eliminar al Madrid”.

Gallego y Torres hablan con Guruceta en presencia de los agentes de la policía armada.

Los futbolistas, aún siendo locales, sintieron miedo. Un pavor a que la situación se descontrolara. Eladio temía “una invasión masiva de campo, que el público saltara y se produjeran graves incidentes”. Impresión compartida por el extremo Lluís Pujol, “en el Camp Nou jamás se vivió una noche así, se armó de la de Dios. Atacábamos contra la portería de Travessera y estábamos a tope de motivación, equipo y público en comunión. Aquello era un ataque y gol constante, lo veíamos ya en el bolsillo. Cuando expulsaron a Eladio me tocó contenerle y era casi imposible, me pasaba palmo y medio. Nos refugiamos en el círculo central y, viendo el panorama, no las teníamos todas. Pasamos miedo. Miedo y desesperación. Creo que Rifé le sacó el balón a Velázquez limpiamente y, claro, muy lejos del área. Era imposible que viera penal. Encima, el árbitro lo iba ratificando en cada declaración a la prensa. Dicen con razón que cada Barça-Madrid es especial, distinto, y aquel nos estaba saliendo redondo, a pedir de boca”.

Recuerdos muy presentes

Sensación de remontada, impotencia, recuerdos muy presentes, lluvia de pesadas almohadillas, tensión descomunal. Son pinceladas repetidas por cada uno de los protagonistas. Y la gota que colma el vaso como definición exacta para el 'gurucetazo', tras años de arbitrariedades acumuladas. No había tantas cámaras, ni tanta cobertura televisiva. Nada de eso. Solo una sensación continua de que el Barça tenía que ser infinitamente mejor si quería alcanzar sus ambiciones deportivas. “Nunca más viviremos un partido del Barça con tanto enfado y desesperación como aquel”, dice 'Pujolet'.

Carles Rexach, en sus tiempos de jugador.

La visión retrospectiva de 'Charly' Rexach abarca aquel partido y una panorámica de los tiempos vividos hace medio siglo: “Tras el arbitraje de Zariquiegui en la ida, ya recelábamos a priori con la designación de Guruceta. Estábamos avasallando al Madrid, no salían de su área. Iban muy apurados cuando se produjo el contraataque de Velázquez. ¡Menudo jaleo! Queríamos retirarnos y Buckingham lo impidió ya en el túnel de vestuarios. En la recta final, nos hicieron un penalti clarísimo, de esos que se acaba pitando aunque sea por simple compensación. Y tampoco. Ahí se acabó de liar. Desde el campo veías caer aquellas almohadillas a plomo, pesadas y oscuras. En aquellos años ya llevábamos bastantes jugarretas acumuladas. Me sabe mal repasarlo ahora, contárselo a quién no lo vivió. Pareces un exagerado o un victimista, pero no. Lo que vivíamos era tremendo. Sin cámaras, sin los medios de ahora... Jugar fuera resultaba imposible. Ahora, con la globalización del éxito del Barça, resulta muy distinto. Entonces, todo el mundo era de su equipo y del Madrid, por ganadores. Y en la duda, nos fastidiaban a nosotros. O no hacía falta ni dudar. La noche de Guruceta, el culé ya estaba muy quemado históricamente, de ahí que estallara. Nos costó tres o cuatro horas salir del campo, nos dejaron en el túnel de los autocares del Camp Nou, esperando que se calmara la cosa. Y no se calmó”.

La anécdota del sordomudo

Echando mano de su sentido del humor, Rexach tira de metáforas: “Mijatovic sigue diciendo que no estaba en fuera de juego cuando la séptima, ya ves. Lo repites una y mil veces y al final, la gente igual te acaba creyendo. ¿Te acuerdas de aquella anécdota del sordomudo? Si, al que echaron de un partido de Copa de Europa contra el Real Madrid por insultar el árbitro. Ya ves, sordomudo y lo echan por rajar. Pues esas cosas solo pasan en el fútbol a favor del Madrid”.

Como delantero centro de aquel once, Ramon Alfonseda, actual presidente de la Agrupació Barça Veterans, también coincide con los anteriores: “Aquello fue un 'ya basta' en toda regla. Basta de tanto abuso y de que la política deportiva perjudicara sistemáticamente al Barcelona. Guruceta ni siquiera quiso consultar al linier. No quiso escuchar”. Alfonseda da otra clave para entender el embrollo: “El Madrid acabó sexto en aquella Liga y tenía que ganar la Copa para acceder a la próxima Recopa y maquillar así su mala temporada. José Plaza era presidente de los árbitros y conocíamos sus manejos”. Llegados a este punto, conviene recordar que el Madrid ganaría la final copera al Valencia por 3-1 y extendería su papel en la siguiente Recopa hasta llegar también a la final, perdida ante el Chelsea inglés.

¿Contra quién jugamos?

Alfonseda tiene un recuerdo para Vic Buckingham, el entrenador: “Era un gran psicológo y sabía darnos confianza. En la ida nos marcaron el 2-0 en fuera de juego y habíamos comentado que no se atreverían a otra decisión así en el Camp Nou. Que nos metieran el 1-1 fue terrible. Pensé: '¿Contra quién jugamos, contra un equipo o contra el gobierno? El resultado, ¿ya está decidido?' Público y jugadores sentíamos lo mismo. La manera de reaccionar expresaba que ya estábamos hartos de perder así. Entonces, aún teníamos muy presente lo sucedido en la 'final de las botellas' del 68”.

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Ramon Alfonseda, en una imagen del 2018. / JORDI COTRINA

Pasado todo este tiempo, el exdelantero aún expresa su admiración “por el papel de aquellas directivas, que luchaban por sobrevivir, por mantener al Barça a flote en un escenario programado y amañado a voluntad. Agustí Montal se mostró muy firme ante el equipo que representaba a España, nada menos”. Y la coletilla de Alfonseda, “aún me sorprende que Guruceta nunca quisiera reconocer su error, que se sintiera tan apoyado como para empecinarse así”.

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