PRIMERA SESIÓN

El Barça reanuda los entrenamientos en Sant Joan Despí después de 56 días

Los jugadores acuden cambiados desde casa y se reparten separados en varios campos para no cruzarse ni entrar en contacto entre ellos

El trabajo seguirá siendo individual, pero ya específico para readaptarse a los gestos propios del fútbol y reacondicionar las articulaciones

Entrenamiento del Barça esta mañana, Messi como los demás jugadores por separado. / FOTO DE MIGUEL RUIZ

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Joan Domènech
Joan Domènech

Periodista

Especialista en Fútbol, Barça, Deportes.

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Acostumbrados a salir al campo entre grupos, hablando y bromeando, a calentar juntos y empezar con unos rondos, los jugadores del Barcelona han probado en sus carnes la nueva normalidad provocada por la pandemia del coronavirus al pisar a la ciudad deportiva 56 días después. Todos separados, serios y sin poder interactuar. Pero con el ánimo de ver que el sol radiante ilumina el futuro.

El regreso a Sant Joan Despí les ha obligado a cambiar sus hábitos. La primera sesión encaminada a poder reanudar la Liga -a partir de mediados de junio, para acabarla el último fin de semana de julio-, les ha enseñado la realidad a la que se enfrentan en el todavía largo camino hacia el siguiente (primer) partido: el campo del Mallorca, justo el compromiso que les aguardaba cuando se interrumpió el campeonato.

"Empezaremos de forma progresiva para que vayan adaptándose al terreno, al calzado y reacondicionando todas las estructuras ligamentosas, articulares, tendinosas y musculares con el gesto inherente al juego". Fran Soto, preparador físico

Más trabajo individual

El trabajo de los jugadores durante las primeras dos semanas seguirá siendo individual: consistirá en la readaptación a las acciones puramente futbolísticas. La preparación que han hecho en sus domicilios ha estado más cerca del mantenimiento que de la potenciación. Se pusieron las botas por última vez el 13 de marzo, día en el que se cancelaron los entrenamientos y los médicos les enviaron para casa.  

"Empezaremos de forma progresiva para que vayan adaptándose al terreno, al calzado y reacondicionando todas las estructuras ligamentosas, articulares, tendinosas y musculares con el gesto inherente al juego", explicó Fran Soto, el preparador físico que capitaneó la programación de trabajo que se elaboró a toda prisa para los futbolistas azulgranas.

No han podido hacer carreras en diferentes direcciones, inviable en las cintas para correr de los gimnasios, ni hacerlo a distintas intensidades, con arrancadas y frenadas y fintas simulando acciones genuinas del fútbol. Ni el contacto con el balón ha sido igual. Habrán podido dar toques, y hacer conducciones, pero si tuvieron a alguien a quien hacerle pases, ahora no será así. El protocolo de LaLiga impide las interacciones hasta ese punto, a excepción de Jon Pascua con los tres porteros: Ter Stegen, Neto y Peña.

Responsabilidad acreditada

Los técnicos creen que los futbolistas se han cuidado pese a la autonomía que han tenido para seguir con mayor o menor rigor el plan semanal, con sesiones diarias concretas.

"Confiamos en su responsabilidad por los años que llevan en la élite del alto rendimiento; eso no se consigue si se hubieran dejado llevar", dijo Soto, que incluso confesó en la videocharla que mantuvieron los cuatro componentes del cuerpo técnico de Quique Setién: "A veces hacen más de lo que les mandamos. No nos duelen prendas en reconocerlo y nos sentimos orgullosos de que sea así".

Desde las 9 de de la mañana los jugadores del Barcelona empezaron a desfilar con sus coches, citados a intervalos distintos y separados -hubo dos tandas de horarios-, para que se distribuyeran en los cuatro campos que el club ha habilitado para los entrenamientos. Se utilizaron tres. Un máximo de seis futbolistas permite el protocolo en cada rectángulo. Cada jugador tiene un técnico que le supervisa a distancia.  

De amarillo en el coche

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Llegaron a las instalaciones Messi, Suárez, Griezmann y compañía vestidos ya con la camiseta amarilla de entrenamiento que les facilitaron el día anterior al someterse a los test del coronavirus. Y con ella volvían a casa, sin entretenerse, sin ducharse en el vestuario, cerrado a cal y canto. Y, por supuesto, ni bromas ni risas. Ya llegará el día.

"Es una época de mucha incertidumbre que se irá aclarando sobre la marcha. A cada uno le ha podido afectar este parón de forma diferente", entiende Setién, el primero que echó de menos sumarse a los rondos.