28 oct 2020

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LOS PROBLEMAS TÁCTICOS

Las debilidades que condenaron al Barça en el Bernabéu

El equipo de Setién pagó sus limitaciones ante el Madrid tras desaprovechar un buen primer tiempo

Marcos López / Joan Domènech

Piqué se lamenta tras el cabezazo que tuvo en los instantes finales para empatar en el Bernabéu.

Piqué se lamenta tras el cabezazo que tuvo en los instantes finales para empatar en el Bernabéu. / JORDI COTRINA

LA DEFENSA

Un equipo demasiado aculado en el área de Ter Stegen

"No estuvimos cómodos ni fiables sacando el balón y esto lo complica. Pierdes confianza y físicamente ya no estás tan fresco. Entonces, te vas aculando cerca del área y cualquier rebote...". Acabado el clásico, Piqué dibujó el diagnóstico de la caída.

Cada gol del Madrid retrató las disfunciones defensivas del Barça, un equipo que peligrosamente se fue aculando en el área de Ter Stegen. En el primero, un centro de Isco desde la banda derecha del ataque blanco acabó en el costado izquierdo, junto al banderín de córner. Allí lo recogió Vinicius, quien conectó con Benzema y este con Kroos.

Ter Stegen ordena la barrera del Barça en el Bernabéu. / JORDI COTRINA

Kroos tuvo tiempo para ordenar a Vinicius que atacara la espalda del 'lateral Braithwaite' ante la pasividad azulgrana en la jugada del 1-0

Hasta tres segundos tuvo el alemán en sus pies ante la tibia oposición de Arthur, mientras ordenaba, con su brazo izquierdo hasta en cuatro ocasiones con gestos a Vinicus para que atacara el espacio que había a la espalda de Braithwaite. Sí, era el danés quien estaba como plateral derecho y Semedo vigilaba a Benzema.

A espaldas de ambos galopó cómodamente el brasileño mientras Piqué lo observaba a distancia. El disparo del brasileño tocó en la bota derecha del central azulgrana para despistar a Ter Stegen, que había tenido antes dos enormes paradas. Un venenoso disparo desde fuera del área de Isco y un cabezazo en el interior, también de Isco, le pusieron a prueba. Pero Ni la mejor versión del portero alemán libró al Barça de la derrota en el Bernabéu.
"Es una jugada muy desafortunada", confesó después Piqué. El 2-0, ya con el equipo de Setién desbocado en busca del empate, llegó por la banda derecha, ya en el tiempo añadido. Un simple saque de banda desde el centro del campo permitió correr a Mariano, que esquivó la débil oposición de Umtiti para rematar solo ante Ter Stegen. Saque de banda y gol del Madrid.

Arthur topó con Courtois en la primera gran ocasión que erró el Barça. / JORDI COTRINA

EL CENTRO DEL CAMPO

Las pérdidas gratuitas reaniman al rival

"Hemos tenido pérdidas de balón que nos han generado desconfianza", admitió Setién para justificar la inesperada caída de su equipo en la media hora final del clásico. Pérdidas que generaron inquietud en los jugadores azulgranas, al tiempo que alimentaban la esperanza blanca. Alguna de esas pérdidas llegaron en acciones cómodas, que no tenían un peligro aparente. Sin necesidad siquiera de que el Madrid elevara el tono de su presión defensiva.

"Hemos sufrido, hemos sufrido bastante en una fase del partido", confesó el técnico cántabro, quien no halla otra explicación más que pueda argumentar el desequilibrio futbolístico y, sobre todo, emocional que supuso perder el balón tan pronto.

Piqué y Busquets, abatidos tras el 2-0 del Madrid. / jordi cotrina

El equipo no tuvo la pausa necesaria en la segunda mitad para sortear la presión del Madrid y perdió la confianza con el balón

Sabía Setién, y el Barça, claro, que Zidane había ordenado trabajar más la presión, como ya demostró en el Camp Nou. Entonces, con Valverde de entrenador azulgrana. Estaban advertidos los jugadores, que tuvieron respuestas para desactivarla en la primera parte. Luego, ya en la segunda, especialmente en la media hora final, es como si se hubieran olvidado de todo.

Tuvo entonces el Barcelona "la pausa" necesaria, según Setién, para iniciar la jugada con criterio desde atrás. Después, ni pausa ni calma ni control. De repente, se le olvidó al equipo azulgrana todos los pasos que debía dar para no caer en la trampa blanca.

"Incomprensiblemente hemos perdido la confianza en la segunda mitad", confesó un desconcertado Setién, que revisará una y otra vez el clásico para resolver tan grave problema. "Habrá que analizarlo bien, pero perdimos muchos balones y perdimos la confianza con el balón. Entramos en una fase de nervios, ahí estuvo la clave. Le dimos la vida al rival", asumió el técnico. Y el Madrid salió feliz. Y vivo.

Messi, triste en el Bernabéu. / JORDI COTRINA

LA DELANTERA

Cuando Messi no brilla, todo se desvanece

"Lo más frustrante es tener ocasiones y no marcarlas", lamentó Quique Setién tras ver que el Barça se quedaba a cero por tercera vez tras las derrotas de Bilbao y Valencia. Los errores observados en las mejores oportunidades del Barça le daban la razón: Griezmann mandó a las nubes un centro fácil, y Arthur, Messi y Braithwaite desperdiciaron tres mano a mano con Courtois.

Pero a la nula precisión de los delanteros se añade otra cuestión más profunda, menos evidente: cómo crea y gestiona sus ataques el Barça. El equipo desecha ataques. O iniciativas de ataque sin calibrar si es o puede ser una oportunidad de gol. Se vio varias veces en el Bernabéu: dos llegadas de De Jong al balcón del área, con opciones de chutar y en las que decide pararse y esperar a sus compañeros, y una escapada de Griezmann que era un tres contra cuatro defensas blancos, con Messi y Vidal algo alejados, y la aborta. La reconstrucción de la jugada permitió la reorganización del Madrid.

Courtois evitó el posible 0-1 en esta parada a disparo de Braithwaite. / JORDI COTRINA

En el Bernabéu, el Barça desechó la posibilidad de crear peligro de forma inmediata y dio tiempo al Madrid a reorganizarse

Vidal y Griezmann, en otra ocasión, supeditaron su instinto a la intervención de Messi, que acabó rematando con la derecha. Esa acción retrató una característica del Barça: la participación de Messi en las jugadas ofensivas resulta fundamental. La decisión es suya. Todo pasa por él. Y el acierto, la suerte del equipo, depende de él.

El Barça ha marcado 21 goles en la era Setién: Messi ha anotado 7 de esos goles y ha dado 7 asistencias. Es decir, numéricamente, tiene un 66% de influencia. Cualitativamente, la incidencia del capitán es superior. Si no brilla, el equipo se desvanece. Aunque, al mismo tiempo, le condicione. Messi juega al pie y el ritmo del equipo se ralentiza. La falta de profundidad solo se corrige cambiando a los acompañantes de Messi. Pero no mucho donde elegir.