22 feb 2020

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La actualidad azulgrana

Messi, la sequía del gran repartidor

El capitán compensa su falta de gol convirtiéndose en el mariscal del ataque azulgrana y multiplicando el número de asistencias

Rafael Tapounet

Messi bota un lanzamiento de esquina en el Benito Villamarín.

Messi bota un lanzamiento de esquina en el Benito Villamarín. / ERIC VERHOEVEN / GETTY

Acostumbrados a ver a Leo Messi como el alfa y el omega del fútbol de su equipo, principio y final de todas las jugadas verdaderamente importantes, los aficionados del Barça andan desvelados por la incipiente sequía goleadora del capitán, negado ante la portería en los tres últimos partidos; el astro rosarino ha encadenado 27 remates sin anotar, una racha que resulta bastante insólita en un jugador que suele convertir un alto porcentaje de lo que intenta (y que tiene un siniestro precedente en la temporada 2013-14, la de Tata Martino, cuando Messi llegó a rematar 39 veces seguidas sin cantar gol).

Pero el infortunio del 10 ante la puerta rival no se ha traducido en una merma de su impacto en el juego del equipo; de hecho, ha ocurrido más bien lo contrario: implicándose de forma muy activa en la fabricación de las jugadas y, sobre todo, exprimiendo su talento para dar el último pase, Messi ha encontrado el modo de seguir siendo determinante sin necesidad de aumentar su cuenta goleadora.

Redefinir los roles

La llegada de Quique Setién al banquillo y la baja de Luis Suárez han obligado a redefinir los roles en la vanguardia azulgrana. La ausencia del uruguayo, que en el momento de la lesión era el máximo asistente del equipo (con siete asistencias en la Liga y tres en la Champions), ha privado a Messi no solo de un socio preferente en la combinación sino también de un jugador capaz de fijar y de arrastrar a los centrales rivales con sus movimientos a fin de aclarar el frente de ataque.

Para suplir a Suárez en el once, el técnico ha recurrido a Ansu Fati, un futbolista de un perfil muy distinto que explota sus mejores virtudes cuando juega en la banda izquierda. Y el tridente se completa con Antoine Griezmann, cuyo generoso esfuerzo en las labores de presión y recuperación no acaba de compensar su intrascendencia a la hora de elaborar y definir.

A ello se unen ahora, además, una atención especial a las jugadas de estrategia y una mayor presencia de los interiores en las posiciones de ataque, movimientos que aumentan el protagonismo ofensivo de la segunda línea y obligan a Leo Messi a asumir más que nunca el papel de mariscal (como un 'quarterback' de fútbol americano) y encargarse de dirigir todas las maniobras de ataque del equipo.

Dobles cifras

En este nuevo contexto, no es extraño que las cifras de asistencias del capitán se hayan disparado. En la Liga, ya lleva 11, lo que, sumado a sus 14 goles, lo convierten en el segundo jugador de las grandes ligas europeas que alcanza este año las dobles cifras (solo Jadon Sancho, del Borussia Dortmund, con 12 goles y 13 asistencias, lo consiguió antes que él).

De hecho, los cinco últimos tantos anotados por el Barça han nacido de otros tantos pases de Messi: el doblete de Ansu Fati ante el Levante y los goles de De Jong, Busquets y Lenglet al Betis. El capitán azulgrana completó el domingo el cuarto ‘hat trick’ de asistencias de su carrera, después de los que ya había protagonizado en un duelo copero frente al Levante en el 2014 (1-4), en un partido de Liga contra el Getafe en el 2016 (6-0) y en un encuentro Argentina-Paraguay de la Copa América en el 2015 (6-1).

Y todo eso sin dejar de rematar: si frente al Betis realizó cuatro disparos, ante el Levante y el Valencia hizo 11 y 10 intentos, respectivamente, los registros más altos de todo el curso. Ninguno de ellos acabó en la red, pero tanta persistencia da la medida del compromiso y la implicación de un capitán que, pese a ser consciente de las debilidades estructurales de la plantilla, no está dispuesto a renunciar a nada.

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