19 sep 2020

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La actualidad azulgrana

El Barça se resigna a vivir del balón parado

De los siete últimos goles del equipo azulgrana, solo uno ha sido fruto de una jugada

Rafael Tapounet

Arturo Vidal y Luis Suárez celebran el segundo gol azulgrana en Butarque.

Arturo Vidal y Luis Suárez celebran el segundo gol azulgrana en Butarque. / AP / PAUL WHITE

Que al FC Barcelona se le está agotando el fútbol es un diagnóstico que el equipo de Ernesto Valverde se empeña en convertir en certeza semana tras semana. No solo no se advierten signos de mejora en el juego azulgrana, sino que las sensaciones son cada vez más aciagas. Hasta el más modesto de los equipos –el más reciente, el colista Leganés- encuentra esta temporada la manera de neutralizar a un conjunto plagado de estrellas mundiales que, pese a lucir la escarapela de líder en la competición doméstica, apenas ha logrado elevarse por encima de la vulgaridad en un par de partidos desde que empezó el curso. Eso sí, ha encontrado en la acción directa la vía más adecuada para camuflar la falta de discurso futbolístico.   

"Hagámoslo de parado", cantaba el grupo hispanoargentino Tequila en el 'Rock del ascensor'. Liderado por Leo Messi, el Barça ha aceptado la invitación. Seis de los siete últimos goles del equipo han llegado como consecuencia de jugadas a balón parado. Es una barbaridad de porcentaje que habla tanto de la presencia de un jugador con una eficacia estratosférica en este tipo de acciones como de la incapacidad de los azulgranas para llegar hasta la red rival manejando la pelota. Un solitario gol de jugada en los últimos cuatro encuentros (360 minutos más el tiempo añadido) resulta un dato terrorífico para un club que se publicita en el mundo con lemas como "Nosotros damos color al fútbol" o "La pelota nos hace más".

Reparto de goles

En los 13 primeros partidos de la temporada, los de Valverde perforaron la portería rival 32 veces (lo que arroja una media anotadora de 2,46 tantos por encuentro) y solo en cuatro ocasiones el gol fue producto de una acción a balón parado: un córner rematado por Griezmann frente al Villarreal, un libre directo de Messi ante el Sevilla, un lanzamiento de falta contra el Slavia de Praga que acabó en gol en propia puerta de Olayinka y otro tanto de falta directa de Messi al Valladolid. Los restantes 28 goles se los repartieron Suárez (ocho), Griezmann, Arturo Vidal y Arthur (tres cada uno), Messi y Ansu Fati (dos) y Carles Pérez, Jordi Alba, De Jong, Piqué, Junior Firpo, Dembélé y Lenglet (uno cada uno). En total, 12 realizadores diferentes.

El panorama ha cambiado de forma bastante radical en los últimos cuatro partidos, en los que el Barça ha encajado una derrota, ha cedido un empate y ha logrado dos triunfos cimentados de manera casi exclusiva en su efectividad con la pelota parada. La racha negativa por lo que respecta a los goles de jugada se inició en la jornada 12 de la Liga en el Ciutat de València, donde los azulgranas solo pudieron batir al Levante desde el punto de penalti (Messi) y acabaron perdiendo 3-1. Tres días después, en duelo de Champions en el Camp Nou, los de Valverde no encontraron la manera de marcarle al Slavia de Praga.

Más acierto que pizarra

La apoteosis del balón parado se produjo en el Barça-Celta de la jornada 13. Aquella noche Messi encarriló la victoria azulgrana con un penalti y dos lanzamientos directos de falta. Con el rival vencido, y a falta de cinco minutos para el final, Sergio Busquets consiguió el único gol de jugada de los últimos cuatro encuentros. El último partido, ante el Leganés en Butarque, constató la tendencia. Un remate de cabeza de Suárez en una falta botada por Messi y un rebote afortunado que habilitó a Vidal tras un saque de esquina pusieron el 2 en el casillero azulgrana para sellar una victoria agónica desprovista de fútbol. Y ni siquiera cabe hablar de estrategia porque en todos estos goles a balón parado ha habido más acierto individual y fortuna que pizarra.

A la postre, tiene bastante sentido que un equipo al que le cuesta cada vez más hacer correr la pelota haya acabado fiando su suerte al balón parado.