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PREVIA DE LA CHAMPIONS

El Barça vuelve a la Champions en plena marejada

El equipo azulgrana recibe al Slavia con el reto de disipar las nubes negras que se formaron tras la derrota en el Ciutat de València

Rafael Tapounet

Valverde, en la rueda de prensa previa al partido contra el Slavia.

Valverde, en la rueda de prensa previa al partido contra el Slavia.

Vuelve el FC Barcelona a la Champions en busca de una victoria convincente que le permita no solo dejar encarrilada la clasificación para los octavos de final sino también calmar la tempestad que se ha desencadenado en Can Barça tras el desplome del equipo en el Ciutat de València ante el Levante. Una derrota que Ernesto Valverde ve más como una oportunidad –“cuando pierdes, tienes más presión, pero nosotros solemos reaccionar bien en estas situaciones”- que como un naufragio. El partido ante el Slavia Praga (Camp Nou. 18,55 horas) servirá para calibrar la capacidad de reacción de un equipo que, especialmente cuando juega fuera de casa, empieza a mostrar unos síntomas de debilidad que, por reiterados, parecen anunciar esa etapa de decadencia que precede a todo fin de ciclo.  

Un visitante vulnerable

Sostiene Valverde que la respuesta del equipo cuando juega lejos del Camp Nou no es motivo de alarma. “Hasta el día del Levante no tenía una gran preocupación en ese sentido”, señaló. El Barça solo ha ganado cuatro de los últimos 14 partidos jugados fuera de casa. Un balance paupérrimo que, a juicio del técnico, se había “reconducido” con las victorias en Getafe, Eibar y Praga. “Ahora hemos vuelto a perder, pero eso no significa que vayamos a seguir perdiendo”, apuntó. Un argumento incontestable. Sin embargo, el bajón de juego y de confianza que padecen los azulgranas en sus desplazamientos es demasiado evidente como para merecer un análisis tan superficial. Al menos Nelson Semedo, en una comparecencia del todo insustancial, se esforzó en buscar una causa, aunque su respuesta tampoco resultó muy convincente: “Los partidos fuera son más complicados porque los equipos tienen más ganas de ganar”. Vale. Siguiente pregunta.

Un equipo acomodado

En realidad, los partidos de Praga y del Ciutat de València se asemejaron entre sí bastante más de lo que Valverde parece dispuesto a admitir. En ambos casos, el Barça obtuvo una ventaja mínima y se contentó con administrarla, renunciando a extender su dominio también en el juego y dosificando el esfuerzo. La diferencia estuvo en el acierto ante la portería de Ter Stegen de unos y otros. En ambos casos, los azulgranas se mostraron como un equipo acomodado y sin el carácter necesario para rebelarse cuando los rivales empezaron a imponer su fútbol. El técnico barcelonista, sin embargo, no comparte esta sensación –“este equipo ha remontado muchos partidos adversos, y ya está”- y tampoco cree que el trauma de Anfield haya minado la fortaleza moral del grupo. “Nadie se remonta a meses atrás por lo que te ocurre en un momento determinado en un partido – afirmó-. Y las razones parapsicológicas no las tengo en cuenta”.

Falta de liderazgo

Quizá, más que un problema de carácter, lo que existe es un problema de liderazgo. Dentro y fuera del campo. Es difícil que el equipo dé una respuesta conjunta y solidaria ante las adversidades cuando la imagen que transmite es la de un grupo desunido en el que las jerarquías resultan cada vez más marcadas y las desavenencias personales no se disimulan. En este sentido, la actuación de los capitanes es manifiestamente mejorable (que en una situación difícil como la actual el jugador elegido para hablar con la prensa sea Semedo dice mucho sobre el compromiso de los pesos pesados del vestuario). También lo es la gestión de un entrenador que alterna la manga ancha ante algunos comportamientos de sus figuras con castigos poco comprensibles a los más noveles. Y, por supuesto, la de la directiva, que, al menos en la parcela comunicativa, ha desertado de sus responsabilidades deportivas y ha dejado a Valverde solo ante el peligro. “Ya sabemos cómo es esto –dijo el técnico-. El entrenador es el responsable del grupo y, cuando se pierde, se mira al entrenador. Lo asumo”.

Mercado de invierno en otoño

Más allá de los resultados, a la directiva debería inquietarle que a principios de noviembre se esté hablando ya de altas y bajas en el mercado de invierno, porque eso es una señal inequívoca de que el diseño de la plantilla presenta unos problemas estructurales que hay que resolver con urgencia. Los déficits en los laterales, la superpoblación en el centro del campo (que obliga a buscar una salida para Carles Aleñá y que cierra el paso a Riqui Puig) o la necesidad de incorporar un sustituto para Luis Suárez son cuestiones que tenían que haberse abordado en verano, cuando toda la atención estaba puesta en Neymar. Valverde asume ahora que habrá movimiento –“no sé qué puede pasar en el mercado de invierno”, confesó-, al tiempo que elogia con matices la adaptación de De Jong y Griezmann y manda un recado a Dembélé, a quien dejó fuera de la convocatoria el sábado por “razones técnicas”: “Cada uno tiene que buscar su sitio. Cuando tenga su opción, tendrá que intentar que no le quiten el puesto”.

Un sistema cuestionado

Son tantos los problemas que empiezan a detectarse que el eterno debate sobre el estilo de juego parece haber pasado a segundo plano. De hecho, se multiplican las voces que se atreven ya a sugerir abiertamente un cambio de sistema si las características o el estado de forma de los jugadores no permiten mantener el idiosincrásico 4-3-3, un dibujo que obliga a los delanteros a unas vigilancias defensivas que ni Messi ni Suárez están en condiciones de garantizar. “La posibilidad de jugar de una manera u otra siempre está ahí”, admitió Valverde, que subrayó que, en cualquier caso, el Barça no debe renunciar a tener el balón y jugar agrupado cerca del área contraria. “Tenemos que buscar la solución dentro de nuestro esquema o de un esquema parecido”. Justo lo que no hizo ni en Praga ni en València.