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La actualidad azulgrana

Las paradojas del nuevo Barça

El equipo de Valverde ha aprendido a golear a los rivales sin necesidad de someterlos con su fútbol

Los azulgranas han dejado de grabar elepés redondos para convertirse en un grupo de 'singles' arrebatadores

Rafael Tapounet

Messi dispara para anotar el cuarto gol del Barça ante el Valladolid.

Messi dispara para anotar el cuarto gol del Barça ante el Valladolid. / JORDI COTRINA

A tenor de lo visto en este primer tramo del curso, el Barça de la temporada 2019-20 se asienta sobre una gran paradoja: un equipo que ha resuelto buena parte de sus compromisos (especialmente en casa) con amplias goleadas parece, en cambio, incapaz de completar partidos redondos, de fútbol fluido y mando inequívoco. El conjunto azulgrana domina a los rivales en el marcador pero no en el juego. No, al menos, de forma continuada. Y esa es una impresión que el duelo del Camp Nou con el Valladolid confirmó de manera elocuente.

Determinado genéticamente por la idea futbolística que Johan Cruyff inoculó en el club, el Barça ha entendido durante mucho tiempo que el camino a la victoria pasaba por un control casi tiránico del juego, con posesiones largas y el bloque adelantado para ahogar la salida del rival. Es un sistema que alcanzó su expresión más acabada con Pep Guardiola en el banquillo y que en los últimos años ha ido pervirtiéndose, no tanto por capricho de los entrenadores de turno como por las exigencias de una plantilla diseñada bajo unos parámetros no siempre coincidentes.

¿Qué es la esencia?

En la reveladora entrevista que Ricard Torquemada le hizo a Guardiola en el programa 'La TdT' de Catalunya Ràdio, el hoy entrenador del Manchester City aseguró que si él dirigiera a los actuales jugadores del Barça no haría cosas muy diferentes de las que está haciendo Ernesto Valverde: "Yo ahora también defendería en 4-4-2. Si no, ¿qué haces con Messi y Suárez? ¿Cómo lo combinas? […] El equipo es menos posicional y no juega con extremos muy abiertos, pero tienes que adaptarte a los jugadores que tienes. La gente habla de si se ha perdido la esencia, pero, ¿juegan bien? ¿Quieren atacar? Pues eso es la esencia".

Que el Barça de Valverde quiere atacar parece bastante evidente. Que juega bien ya es más discutible, porque no existe un criterio universalmente aceptado sobre lo que significa jugar bien. Pero lo que es incuestionable es que es un equipo que ha adaptado su estilo a las características y el estado de forma de sus futbolistas. Y que lo que estos demandan es un juego que no obligue a los delanteros a esfuerzos defensivos continuados ni exponga a los defensas a tener que correr hacia atrás.

Partidos de ida y vuelta

Como consecuencia de ello, los encuentros del Barça (y el del Valladolid resultó un ejemplo palmario) suelen tener dos fases bien diferenciadas. De salida, los azulgranas se aplican con intensidad en la presión adelantada para recuperar el balón cerca del área rival y generar ocasiones. De ahí que al equipo le esté costando relativamente poco marcar en los primeros minutos. Pero una vez obtenida la ventaja (o cuando las fuerzas empiezan a resentirse), el bloque defensivo recula hacia la propia área y el Barça acepta un partido más abierto, de ida y vuelta, en el que los centrocampistas pierden el gobierno del juego y en el que la calidad de sus delanteros acaba imponiéndose.

En ese sentido, podría decirse que la principal diferencia entre las cómodas goleadas al Eibar y el Valladolid y la angustiosa victoria frente al Slavia Praga fue el mayor o menor acierto de los atacantes (y algo de eso insinuó Valverde en la rueda de prensa del lunes), sin que el guion de unos partidos y otro fueran en el fondo tan diferentes como podría parecer a primera vista.

El genio de Messi

En el choque del martes, el Barça pasó de tener una posesión del 66% en el primer tiempo a un 57% en la segunda mitad, circunstancia que propició que el Valladolid casi duplicara el número de pases completados entre un periodo y otro. Sobre el campo, eso se tradujo en una sensación (algo plúmbea para el espectador) de mayor igualdad, que se vio, sin embargo, desmentida por los golpes de genio de Leo Messi, que desequilibraron de manera brutal la contienda.

El Barça, por expresarlo en términos musicales, ha dejado de grabar elepés redondos para convertirse en uno de esos grupos con tres o cuatro 'singles' arrebatadores que acaban completando los álbumes con canciones de relleno. Un equipo ideal para, aun sin jugar bien, lucirse en los resúmenes con las mejores acciones del partido.