UNA VICTORIA CON DUDAS

El desconcierto continental del Barça

El equipo azulgrana lidera uno de los grupos más duros de la Champions pero su juego emite señales inquietantes

Ter Stegen realiza una parada espectacular ante el Slavia de Praga.

Ter Stegen realiza una parada espectacular ante el Slavia de Praga. / DPA / ONDOEJ DEMI

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En Praga nació el entorno, según lo patentó Johan Cruyff hace ya 27 años. Ocurrió en 1992 después de una derrota contra el Sparta de la capital checa. En Praga, y tras la sufrida victoria sobre el Slavia, también se escuchó una frase nueva en el imaginario culé ("tenemos que hablar de algunas cosas", dijo Ter Stegen) aunque se duda, por supuesto, de que tenga tanto recorrido histórico como la de Johan, que aún tiene vigencia. El Barça vive en una curiosa contradicción. Manda en un grupo duro de la Champions (suma siete puntos de nueve posibles tras ganar a Inter en casa y Slavia fuera y empatar con el Dortmund en Alemania), pero emite señales inquietantes y tenebrosas sobre juego.

Tan inquietantes resultan que ni el triunfo en Praga alivió esas dudas. Incluso ejerció el efecto contrario porque Ter Stegen, que no es capitán ni lleva el brazalete pero se comporta en el campo y ante los micrófonos como si lo fuera, dijo basta. Basta de ver a un Barça desequilibrado, incapaz de gobernar los partidos fuera del Camp Nou, sometido a las tormentas que le vienen en cualquier partido. Ya sea el tradicional empuje alemán que casi se lo lleva por delante en Dortmund, obligando a Ter Stegen a iniciar su serie de milagros parando incluso un penalti, o el espectacular inicio del Inter en el templo azulgrana que silenció al equipo y al público culé o esos dramáticos minutos finales en casa del Slavia que dejaron una imagen vulgar y pobre, achicando balones sin ninguna personalidad, colgados de las manos del coloso alemán y viviendo de goles de rebote de las defensas adversarias, el segundo mejor delantero del Barça en esta Champions en estas tres últimas temporadas.

Gestos de derrota

Ganó el equipo de Valverde en Praga, pero tuvo la gestualidad posterior de una derrota dramática. Malas caras. Tono serio de autocrítica de Ter Stegen ("no hemos jugado al nivel que queríamos estar, me gustaría hablar primero con los que han estado en el campo", dijo) y Messi y Suárez abandonando con gesto contrariado el césped sin despedirse siquiera de los aficionados azulgranas que habían ido al partido. Molestos todos, pese al triunfo. Molestos porque andan escaldados (Roma primero y Anfield después son heridas que nunca cicatrizarán) y no han aprendido todavía la lección, por mucho que Valverde, cuidadoso él con la crítica, dijera que hay noches en que "toca bajar al barro". Embarrado salió el Barça, resoplando de alivio, pero enfurecido consigo mismo.

No se trata solo de correr ni tampoco de contar los kilómetros. Es, en realidad, un problema mucho más profundo. Un asunto futbolístico. Pero está medido que el Barça fue el equipo que menos corrió en la pasada jornada de la Champions, completando 100,40 kilómetros, mientras el Slavia, su rival, llegó hasta los 115,84. Aun así, la crisis de juego trasciende esas cifras. En Praga, sin ir más lejos, se asistió a ese desconcertante rostro que presentan los azulgranas en Europa.

Un equipo fracturado

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Comenzó dominando el partido, siendo un equipo equilibrado y solidario, al punto de que el gol inicial de Messi parecía hasta poco premio. Después, se transfiguró de tal manera que fue un Barça fracturado, que se parte con tanta facilidad alejando a cada jugador de su mejor versión, ya sea en la defensa, con extraños errores individuales, o incluso en el ataque, donde Suárez desperdició tres claras ocasiones de gol, aunque fue fundamental su búsqueda de una pelota que no iba a ningún sitio hasta que tocó en el cuerpo de Olayinka para firmar el decisivo 1-2. ¿Y el centro del campo? Estaban los que debían estar (Busquets, De Jong y Arthur) para garantizar el control a través de la posesión. Pero si algo no tuvo el Barça fue control y gobierno del partido.

Tan mal lo vieron ellos que hasta Ter Stegen, prudente como suele ser en su discurso, tuvo que cambiar el tono. "Es necesario hablar de algunas cosas". De ello tendrán tiempo a partir del domingo porque este fin de semana no hay clásico. O resuelven esas cosas o Europa les volverá a castigar.

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