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EL FUTURO DEL '10' AZULGRANA

Un Messi de aquí

La estrella azulgrana ata su futuro a Barcelona por la voluntad, marcado por su experiencia personal, de no desarraigar a su familia

Albert Guasch

Messi junto a Antonella, su esposa, y Thiago y Mateo, los dos hijos mayores de los tres que tiene.

Messi junto a Antonella, su esposa, y Thiago y Mateo, los dos hijos mayores de los tres que tiene. / GETTY

Leo Messi se ha hecho un hombre y su mirada existencial ha variado. El 'pibe', el jovenzuelo que se fue asentando en el Barça, tenía ensoñaciones de un regreso a Argentina para enfundarse alguna día la camiseta de Newell's en su Rosario natal. El hombre de 32 años ya ve que eso no va a ocurrir. El mito del futbolista de un solo club, expresión de fidelidad radical venerada por el aficionado más romántico, gana cuerpo con el '10' azulgrana, como antes ocurrió con Carles Puyol

Desde dentro del club le han sugerido en alguna ocasión, se supone que con la mejor intención, que se abra a la posibilidad de probar en el futuro un nuevo estilo de vida en la Major League Soccer de EEUU. Pero después de la entrevista concedida este miércoles al programa de Jordi Basté en Rac1, nunca pareció tan evidente que el maduro Messi no tiene más planes vitales que retirarse futbolísticamente con la camiseta azulgrana y establecerse definitivamente en Barcelona.

 

Más allá de los apegos sentimentales por el club que lo acogió con 13 años (no del todo bien en esos inicios complejos y desorientados en la ciudad), Messi ha encontrado la estabilidad y el confort en su día a día personal. Tiene rendido a un club competitivo que le paga un abultado sueldo que se ha ganado con creces, y sobre todo una familia, con sus tres hijos, que sitúa en el núcleo de sus decisiones de futuro. "A veces hay que pensar más en la familia que en lo que uno quiere", señala en un momento de la entrevista. 

Messi celebra su primer gol de la temporada ante el Sevilla. / JORDI COTRINA

Siempre presente en su recuerdo, la amarga experiencia de aquel septiembre del 2000, en que se subió por primera vez a un avión desde Buenos Aires para perseguir un sueño incierto, al lado de su padre Jorge, dejando atrás todo lo que había conocido hasta entonces. Aquel Messi flacucho, aún por desarrollar, tan tímido que se cambiaba en un rincón del vestuario del Infantil B de Piqué Fàbregas sin apenas musitar palabra, no tiene nada que ver, es obvio, con el de ahora, tan intuitivo dentro como fuera del campo, mucho más locuaz y muy sólido en un discurso que desacredita a los que confundieron alguna vez su parquedad con escasez de inteligencia. 

Problemas con Hacienda

A menudo sobreinterpretado, Messi mide sus palabras y rebaja el tono del ruido ambiental

Messi, lo demuestra en cada entrevista, ha crecido ante nuestros ojos, da muestras sobradas de conocer lo que le rodea y saber lo que desea. Por ejemplo, quiere quedarse, disipando con suma contundencia uno de los temores clásicos del seguidor más atomentado y que se vieron alimentados con aquel titular de la entrevista en 'Sport'. "No quiero irme del Barça pero quiero un proyecto ganador" 

"Cada vez está más claro -ha dicho este miércoles- que mi idea y la de mi familia es terminar acá. Primero, por como estoy en el club, lo que siento por él, y luego por la familia, lo bien que estamos en esta ciudad, y por los hijos. No me gustaría cambiarles sus amistades y ese círculo importante que hicieron desde chiquitos. No quiero que se rompa. Me tocó vivirlo y sé lo que es, lo que significa, y no me gustaría que pasaran por la misma situación", explica en una confesión enraizada en lo más personal. 

Si hubo un momento en que pudo cerrar su casa de Castelldefels y partir hacia alguno de los poderosos clubs que siempre lo sondearon fue, como se intuía, allá en el 2013, cuando afloraron sus problemas con Hacienda y sobre su piel amenazaba el cuchillo de la cárcel. Tiempos en que se le identificó desde las estructuras del Estado como el cabecilla de una organización mafiosa. Nunca se dijo lo mismo de otros jugadores también en aprietos con el fisco.

El jugador argentino, en un entrenamiento reciente. / FCB

"Fue época fue muy difícil para mí. La gente no se entera de lo que está pasando. Fui el primero y por eso fue tan duro todo. A partir de que se ensañaron y que iban a por todo conmigo, demostraron que iban a por los deportistas. Fue duro. Afortunadamente mis hijos eran chiquitos y no se enteraban de nada. Tuve en la cabeza largarme, no por dejar el Barça, sino por querer irme de España. Me sentía maltratado y no quería seguir más acá", reveló. 

Naturalidad

La gestión de su decadencia constituye el otro tormento que asalta al barcelonismo de forma recurrente y que él, sin embargo, parece afrontar con una naturalidad pasmosa. "Me voy midiendo cada año. Si estoy bien, si estoy mal. si puedo seguir... Estamos en una edad que empieza a costar". El argentino tiene contrato con el FC Barcelona hasta el 2021, aunque a partir de este verano puede irse libremente a otro club o a su casa, una cláusula disimulada por el club y revelada recientemente por el 'El País'.

Acostumbrado a ser sobreinterpretado, Messi mide sus palabras, consciente de su autoridad moral, y a la vez no se encoge a la hora de valorar nombres propios de la actualidad barcelonista. Puede decir que no habría hecho como Piqué de salir a criticar a la directiva en Getafe, que Neymar se arrepintió enseguida de su marcha o responsabilizar a los jugadores y no al técnico por el desastre de Anfield. Cuidado con su palabra cuando se retire. Desde Cruyff no habrá una voz externa que pese más.