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LA CONTRACRÓNICA

Suárez, de los pitos a la ovación

El delantero uruguayo se reencuentra con el gol tras ser silbado por el Camp Nou no hace ni 15 días

Ha marcado cuatro goles (uno al Getafe, dos al Inter y otro al Sevilla) en una semana llena de eficacia

Marcos López

Luis Suárez, tras marcar el primer gol del Barça ante el Sevilla.

Luis Suárez, tras marcar el primer gol del Barça ante el Sevilla. / JOSEP LAGO/AFP

No hace ni dos semanas enfilaba deprimido el camino de la ducha. El nuevo orden de Valverde, simbolizado ayer en la suplencia de Griezmann (el fichaje estrella del verano) y de Busquets (uno de los capitanes y símbolos de la época más gloriosa del club), empezó cuando decidió sustituir a Luis Suárez ante el Villarreal. Entró Ansu Fati, el juvenil que ha encandilado al barcelonismo, mientras el uruguayo escuchaba los pitos del Camp Nou. Unos pitos inusuales porque el templo azulgrana siempre ha sentido devoción por ese nueve, al que le cuesta arrancar las temporadas.

Tanto le costaba que volvieron a escucharse murmullos de desaprobación sospechando que Suárez no tenía ya el sitio fijo en el ataque azulgrana, por muy amigo que sea, y lo es mucho, de Messi. Acostumbrado a sobrevivir en los ambientes más inhóspitos, ha reaccionado con una furia espectacular, capaz de ponerse el Barça en sus botas. Entre los pies de Luis y las manos de Marc André Ter Stegen tiene, de momento, bastante Valverde para que el Madrid no se escape en la clasificación. Sin saber aprovechar los rivales, entre ellos el irregular Atlético, que el campeón no ha tenido, por una razón (las lesiones musculares) u por otra (falta evidente de ritmo), a Messi. Sin Leo, el Barça ha sorteado un irregular inicio de temporada evitando daños mayores.

A Valverde, además, le ha servido para demostrar que su nueva jerarquía ha calado en el vestuario. No hay espacio único para las ‘vacas sagradas’, que diría Cruyff. Solo Messi, obviamente, goza de ese estatus. Los demás tienen que ganarse el jornal. Bastaba ver a Griezmann observando desde el banquillo esos ocho minutos antológicos del Barça que abatieron a un gran Sevilla. Bastaba observar al francés mirando con inquietud, aunque no lo diga abiertamente, a su compatriota y amigo Ousmane trazar goles maravillosos como el 3-0. De su socio de mate disfrutó de una chilena extraordinaria llena de precisión en una jugada singular en el Camp Nou.

Goles decisivos

Tan singular resultó la penetración por la izquierda de Semedo como su bombeado centro para que el nueve se inventara un gol de museo. Nació en la zurda del portugués y acabó en la zurda del uruguayo. Un tanto que puso en pie al Camp Nou echándose las manos a la cabeza, admirados los 81.000 espectadores que dejaban una bonita imagen en la grada. El mismo público que despidió con una bronca a Suárez no hace ni dos semanas le dedicaba una emotiva ovación para festejar el gol que necesitaba el Barça. Dominaba el Sevilla, remataba mal De Jong (Luuk, no Frenkie) y el que no perdonó fue Suárez, a quien se le recuerda, y con toda la razón del mundo, que lleva ya más de cuatro años sin marcar un gol fuera de casa en la Champions.

Desde los pitos y el cambio de Valverde todo ha variado para el uruguayo. A base de tantos decisivos, como el que firmó ante el Getafe o los dos frente al Inter para remontar un partido que tenía perdido el Barça. O ese 1-0 que abatió al equipo de Lopetegui. Debe soñar el técnico vasco con el nueve azulgrana. Hace un año, le fulminó en un clásico con el Madrid. Ayer voló con esa plástica y hermosa chilena que inyectó energía a un Barça que empezó apagado la noche. El nuevo orden se agarra a las manos de Marc y los goles de Luis, mientras Griezmann ni tan siquiera se levantó del banquillo. Iban saliendo jugadores (primero Busquets; luego, Rakitic), pero ni rastro del francés. En cada partido, y sobre todo tras la derrota ante el Granada, deja Valverde mensajes.