Ir a contenido

Mala racha a domicilio

El Barça, un equipo de andar por casa

Los azulgranas encadenan en competición oficial siete partidos seguidos sin conocer la victoria fuera del Camp Nou

Rafael Tapounet

Messi, rodeado de contrarios en el partido ante el Borussia Dortmund.

Messi, rodeado de contrarios en el partido ante el Borussia Dortmund. / REUTERS / THILO SCHMUELGEN

El 23 de abril del 2019, el FC Barcelona visitaba el estadio del Alavés con el campeonato de Liga asómandose ya en el horizonte. Un gol de Carles Aleñá y otro, de penalti, de Luis Suárez dieron el triunfo al equipo azulgrana y dejaban perfectamente asfaltada la autopista hacia el título. Desde entonces han pasado 149 días y en todo este tiempo los hombres de Ernesto Valverde han sido incapaces de obtener una victoria a domicilio en partido oficial. Con el empate milagrosamente arrancado el martes en el Signal Iduna Park ante el Borussia Dortmund son ya siete salidas consecutivas sin ganar. Más que nunca, el Barça se ha convertido en un conjunto de andar por casa.

“En los partidos fuera de casa es diferente siempre. La gente presiona más, el rival está con más confianza y juega más fácil”, apuntó Antoine Griezmann tras el encuentro de Dortmund, en un intento algo torpe de justificar una estadística que empieza a pesar demasiado. Lo del ambiente hostil no parece un argumento que merezca mucha consideración cuando se habla de futbolistas más que acostumbrados a jugar en escenarios de altísima exigencia, pero las palabras del francés encierran una verdad que debe ser analizada: cuando los contrarios dan un paso adelante, el Barça se queda sin respuesta y sufre más de la cuenta.

Y no es algo nuevo. El equipo de Valverde lleva mal la presión de los rivales y, sintiéndose inseguro en los duelos a campo abierto, suele recular y acaba defendiendo muy cerca de la portería de Ter Stegen, una situación en la que no se siente nada cómodo. La consecuencia es que se multiplican las llegadas del contrario. En el estadio de Westfalia, el Borussia Dortmund remató hasta en 14 ocasiones (el Barça lo hizo seis veces y solo una entre los tres palos). Y aunque resulta tentador atribuir la cifra a la calidad de los Reus, Sancho, Alcácer y compañía, basta remontarse al anterior partido fuera de casa del conjunto azulgrana para comprobar que ahí hay una pauta: el 31 de agosto, en El Sadar, Osasuna le hizo 15 remates. Muchos. Demasiados.

Cuatro derrotas, tres empates

En justicia hay que apuntar que las siete últimas salidas del Barça, saldadas con cuatro derrotas y tres empates, presentan condicionantes muy diferentes. El 4 de mayo, después de haber sellado el título liguero en el Camp Nou frente al Levante, el equipo compareció en Balaídos con un once repleto de jugadores poco habituales, como Todibo, Wagué, Riqui Puig y Boateng. El Celta se llevó el encuentro por 2-0. Tres días después llegó la catástrofe de Liverpool (4-0), sobre la que, a estas alturas, no hace falta comentar ya nada.

En el partido que cerró la Liga 2018-2019, un Barça sumido en plena depresión viajó el 19 de mayo a Eibar y no pudo pasar del empate (2-2). La campaña se cerró oficialmente con otro encuentro lejos del Camp Nou: la final de la Copa del Rey disputada en el Benito Villamarín de Sevilla. Otra derrota: 2-1 para el Valencia.

Mal inicio fuera

La conmoción provocada por el hundimiento de Anfield pudo servir para explicar el bajo tono de los azulgranas en el último tramo de la temporada pasada. Pero es que la presente ha empezado con la misma tónica de inanidad cuando le toca jugar como visitante. Ni ante el Athletic de Bilbao en San Mamés (1-0) ni ante Osasuna en El Sadar (2-2) dio el Barça sensación de gobernar el partido. Todo lo que contrario de lo que se ha visto en el Camp Nou, donde los de Valverde han sojuzgado al Betis y el Valencia endosando una manita a cada uno.

La principal diferencia estriba en la intensidad de la presión que el Barça ejerce sobre la salida del rival, que en casa le ha permitido recuperar la pelota en posiciones avanzadas y generar muchas ocasiones pero que a domicilio desaparece como la bolita bajo el cubilete del trilero. “Somos un equipo que, si estamos bien ajustados en la presión, vamos bien. Hoy no hemos estado ajustados y lo hemos notado”, admitió Valverde tras el empate de Dortmund. Su misión consiste en averiguar por qué eso está ocurriendo cada vez que el equipo se aleja de casa y ponerle remedio. El sábado, en Granada, habrá una nueva ocasión de cortar la mala racha.

Temas: Champions