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La actualidad azulgrana

Oxígeno para la delantera del Barça

Griezmann, Rafinha y Carles Pérez aportan nuevos argumentos para cuestionar el fichaje de Neymar

Rafael Tapounet

Carles Pérez celebra su gol ante el Betis.

Carles Pérez celebra su gol ante el Betis. / QUALITY SPORT / GETTY

Cuando el sábado por la tarde corrió la voz de que Leo Messi no había salido a los campos de la Ciutat Esportiva Joan Gamper a entrenar con sus compañeros, se encendió la luz de alarma en la sala de control del Estado Mayor barcelonista. Código rojo. DEFCON 2. Ese momento de las películas en el que los protagonistas se aflojan el nudo de la corbata y empiezan a sudar copiosamente. La baja del capitán dejaba al recién llegado Antoine Griezmann como único delantero del primer equipo disponible para recibir al Betis, una circunstancia que sumió al siempre aprensivo hincha azulgrana en un estado de fatalismo y depresión. "Traigan a Neymar ya", pedían voces autorizadas. 15 horas y cinco goles después, la 'culerada' andaba cantando las excelencias de un chaval de Granollers apellidado Pérez y preguntándose qué falta hace Neymar en este equipo.

De Neymar a Pérez. Qué grande es el fútbol.

Reacciones hiperbólicas de la afición al margen, los cierto es que, cuando solo resta una semana para la clausura del mercado de fichajes, el balsámico partido frente al Betis dejó unas cuantas pistas aprovechables a la hora de reconsiderar con qué nombres debe cerrarse la plantilla del FC Barcelona. Y, muy en particular, la línea de delanteros.

Orden y aventura

Pese a que el fantasma de las temporadas pasadas tal vez le aconsejaba plantarse en el campo con un 4-4-2 y reforzar la zona ancha con uno de esos "centrocampistas con llegada" que tanto le gustaban a Pep Segura, Ernesto Valverde apostó finalmente por combinar la ortodoxia del 4-3-3 con el riesgo de alinear a un jugador con ficha del filial en un partido de alta exigencia. Orden y aventura. Y la jugada le salió la mar de bien. El improvisado trío de ataque formado por Carles Pérez, Griezmann y Rafinha interpretó a la perfección lo que demandaba el encuentro y ello se tradujo en un incremento exponencial de la producción ofensiva respecto al debut liguero en San Mamés.

Si en Bilbao, donde jugaron de salida Dembélé, Luis Suárez y Griezmann, el Barça hizo 11 remates y solo dos de ellos se dirigieron a la portería, el domingo el equipo dobló la cifra de intentos y mejoró considerablemente la precisión: 20 disparos, siete de ellos entre los tres palos, y cinco goles. Y alcanzó además unas estadísticas de posesión de la pelota en el último tercio del campo muy notables, lo que facilitó la tarea de recuperar el balón con rapidez después de cada pérdida.

El equipo a la espalda

A Griezmann le correspondió, por estatus y por talento, la misión de liderar el juego de ataque, cosa que hizo de manera impecable. Situado como delantero centro pero con libertad para moverse por toda la zona de vanguardia, el francés completó su mejor partido como azulgrana. De sus siete remates (más del doble de los que intentó en San Mamés), cuatro estuvieron bien dirigidos y dos acabaron en la red. Y aunque está todavía por ver cuál es su grado de compatibilidad con Leo Messi en el césped, sí despejó las dudas existentes sobre su capacidad de echarse el equipo a la espalda en ausencia del rosarino, que eran uno de los argumentos más empleados para justificar la repatriación de Neymar .

También Rafinha volvió a cumplir como delantero de urgencia, esta vez en funciones de extremo izquierdo. Fue el jugador que puso más centros, el que intentó más conducciones y el que recibió más faltas. Su polivalencia y su buen estado de forma lo convierten en una pieza valiosa para Valverde, que se resiste a dejarlo marchar mientras el futbolista se debate entre aceptar una oferta de renovación del Barça (su contrato acaba en julio del 2020) o forzar una salida para garantizarse minutos de juego.

¿El nuevo Pedro?

Pero la sorpresa más grata fue la irrupción de Carles Pérez, un zurdo de 21 años nacido en Granollers que, pese a sus limitaciones técnicas, demostró poseer, además de gol, una colección de virtudes como para aspirar a tener una presencia más continuada en el primer equipo. Y la primera de ellas, producto de sus años en La Masia, es su perfecta comprensión de lo que es el juego asociativo del FC Barcelona. Su movilidad sin balón, su rápida activación después de cada pérdida y su generosidad en el esfuerzo defensivo lo convierten en un candidato viable para desempeñar ese rol de extremo dinámico, táctico y sacrificado que quedó vacante tras la marcha de Pedro.

De todo ello se habló en la reunión que Josep Maria Bartomeu mantuvo a mediodía con los responsables del área deportiva para encarar la última semana de mercado, una recta final en la que ahora mismo parecen más factibles las salidas (la situación de Ivan Rakitic sigue sobre la mesa) que las llegadas. El próximo martes habrá acabado todo.