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PALAMÓS - AL-SADD (1-1)

Xavi, el inicio de otra era

El técnico se estrena fiel al 4-3-3 de la doctrina cruyffista en el arranque de su carrera en los banquillos

Marcos López

Xavi da instrucciones desde la banda a sus jugadores del Al-Sadd en Palamós.

Xavi da instrucciones desde la banda a sus jugadores del Al-Sadd en Palamós. / EFE / DAVID BORRAT

No se sentó apenas en el banquillo. Casi siempre estaba de pie. Con las manos libres, sin libreta alguna. Pendiente solo del juego. Ahí abajo, en la banda del estadio Palamós-Costa Brava, andaba nervioso. Iba de aquí para allá Xavi Hernández. "¡Go, go, go…!", gritaba sin parar el nuevo entrenador del Al-Sadd de Catar en su día 1 en los banquillos.

A su espalda, 1.400 personas poblaban la tribuna del campo, huyendo del calor, más de 30 grados, aliviados gracias a una apacible brisa marina, mientras sus padres (Maria Mercè Creus, la mujer que impidió su marcha del Barça al Milan, y Joaquim Hernández) se ubicaron en la sexta fila del palco. A su lado, Ariadna, la hermana. El partido acabó en empate (1-1). Pero eso no era lo trascendente sino la sensación de que comenzaba otra era en una veraniega y calurosa tarde de Palamós.

Xavi habla con algunos de sus jugadores en el banquillo en Palamós. / efe / DAVID BORRAT

Nadie miraba al campo porque los focos apuntaban al debut del excapitán azulgrana como técnico

Delante de todos, el Palamós, un equipo de la Primera Catalana, midiéndose al campeón de Catar. En la tribuna de enfrente ni un alma, solo los sufridos cámaras del VAR, protegidos, eso sí, por una sombrilla de playa, mientras el sol, inclemente, generaba un aire desértico de esa zona. Casi 1.000 sillas azules completamente vacías.

Gol de VAR

En el minuto 15, el VAR anuló un gol de Tamba, delantero del Palamós. Fue luego la videotecnología arbitral la que dio por válido el penalti de David Cano (m. 75), que escupió con violencia el larguero, pero la pelota botó dentro de la portería del Al-Sadd, según indicó el monitor de TV que se estaba probando con vistas a los partidos de Segunda División, que lo estrenarán esta temporada. Apenas cinco minutos después, el conjunto de Xavi firmaba el empate gracias a un preciso derechazo del coreano Nam Tai Hee, que sorprendió primero con su desmarque a la defensa del Palamós y luego al portero que abandonó de forma imprudente su palo más cercano.

En Palamós fue en un torneo MIC en el que irrumpieron jóvenes talentos brasileños como Neymar o Coutinho. El mismo en el que Messi, hace ya 15 años, marcaba su primer gol en un amistoso ante el Palamós (0-6). Pero desde ahora será también el campo en que Xavi inició oficiamente su carrera como entrenador.

Alegre, Xavi y Òscar Hernández, en el banquillo del estadio Palamós-Costa Brava. / EFE / DAVID BORRAT

Las cámaras, había más de 40 medios acreditados, no estaban pendientes del partido. Ni mucho menos. Era lo menos trascendente. El foco estaba en Xavi, quien acudió a la media hora de encuentro a charlar con Sergio Alegre, uno de sus ayudantes, que estaba sentado a su derecha. Òscar Hernández, ayudante también y hermano, en la izquierda. En el centro, el excapitán azulgrana, pero no estaba ahí nunca. Siempre de pie.

Tradición y modernidad

En la zona alta del estadio otros tres miembros de su cuerpo técnico (Toni LoboDavid PratsSergio García, integrantes de lo que en su día ellos mismos denominaron la ‘Quinta del Troya’ en la cantera del Barça) manejando un arsenal de vídeos, cámaras, ordenadores para diseccionar en directo el partido. Y descodificarlo luego, ya con más calma, en la sala de trabajo que tiene el equipo en La Garrotxa, donde lleva una semana de pretemporada.

Xavi aplaude a sus jugadores en Palamós / EFE / david borrat

Arriba, tecnología punta; abajo, el fútbol antiguo. Arriba, las máquinas; abajo, los ojos infinitamente curiosos de Xavi. Césped, por supuesto, bien mojado, regado pocos minutos antes del partido. Alcohol no se vendía en el campo por respeto a la tradición catarí. ¿El sistema? Ni se pregunta. Ese 4-3-3 tan cruyffista. La idea existe; el concepto, también. El problema es la ejecución. Gabi, el excapitán del Atlético, era quien ejercía de Xavi en la primera parte como faro del juego catarí, con extremos pisando la cal. ¿Alguien lo dudaba?

Como es verano, tras el descanso, un carrusel de cambios, pero idéntica pose de Xavi. Órdenes sin parar, obviamente en inglés, correciones constantes, mensajes de apoyo descubriendo ya desde el primer día una dolorosa sensación de orfandad. El balón ya no le pertenece. Él manda, pero está en los pies de los demás.