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EL ANÁLISIS

Las claves tácticas del Barça-Leganés: El 'cohete Ousmane'

El delantero francés se convirtió en el pilar ofensivo del equipo de Valverde hasta que sufrió el esguince de tobillo

Marcos López

Dembélé sortea a Silva en el Barça-Leganés en el Camp Nou.

Dembélé sortea a Silva en el Barça-Leganés en el Camp Nou. / JORDI COTRINA

1.- Un mosquito veloz, con regate y pausa

Era el más joven del ataque del Barça sin Messi. Nadie lo diría viendo, sobre todo, su descomunal exhibición en la primera parte. Un prodigio de velocidad combinado, al mismo tiempo, con el regate y la pausa. Hasta Coutinho y Luis Suárez, dos jugadores de indudable talla mundial, quedaron eclipsados por ese cohete que arrancó desde la banda derecha. Un cohete indetectable para la tupida red defensiva diseñada por Pellegrino en el Leganés. Igual sale por dentro, así llegó la jugada del 1-0, o por dentro, teniendo, además, Ousmane Dembélé la suficiente generosidad con sus colegas del ataque.

No, no pensó únicamente en su gol. O en terminar todas las jugadas. Ni mucho menos. Tuvo el joven francés, de apenas 21 años, la capacidad de intimidar desde cualquier rincón del campo, por muy lejos que estuviera de la portería de Cuéllar. Cogía el balón a 40 metros y ya daba la sensación de peligro, sintiendo el Camp Nou que algo distinto iba a suceder. Y sucedía. Esa es la grandeza de un delantero rebelde, que no se sabe bien si es diestro o zurdo. No lo sabe ni él. Ni, por supuesto, sus rivales. En 45 minutos intentó 12 regates y ocho le salieron de maravilla. Una verdadera locura.

2.- Aleñá, dueño del tradicional lenguaje culé

Le dio Valverde la titularidad y Aleñá, joven prudente, respetuoso y paciente, le devolvió ese gesto con un gran partido. Estuvo inicialmente tímido, pero, poco a poco, y después de alejarse del huracán Dembélé se sintió mucho más cómodo. Tuvo personalidad para pedir el balón asomándose al borde del área como si fuera un media punta de toda la vida, dejando detalles de control y, especialmente, del gobierno del juego.

Apenas erró dos pases en los primeros 45 minutos. Intentó 30, completó 28 y le faltó únicamente probar el disparo lejano, una de sus especialidades.  Y brilló en el regate, firmando una estadística irreprochable. Cinco regates en la primera mitad, cinco regates buenos, recuperando también dos balones, sacrificado como estaba en tareas defensivas.

Era un centro del campo inusual con Busquets escoltado por Aleñá, interior derecho, y Arthur, interior zurdo. Aunque estaban reunidos en la zona ancha porque las bandas, en realidad, pertenecían a Sergi Roberto y Jordi Alba. Y el Barça sintiéndose feliz porque recuperaba muy pronto el balón. Tanto que le hacía el campo interminable al Leganés.

Messi y Luis Suárez se felicitan tras el 2-1 al Leganés / JORDI COTRINA

3.- Con Messi retorno al 4-2-3-1 llegó la reacción

Ese balón a la espalda de Jordi Alba que provocó el tanto del empate del Leganés modificó los planes tácticos del Barça. Tuvo que salir Messi por Aleñá y, al mismo tiempo, Rakitic por Arthur. Pero todo se cambió porque Leo ejerció de volante más que de delantero arrancando desde posiciones más retrasadas porque Valverde ordenó apostar por un 4-2-3-1 teniendo en cuenta que Malcom se pegó a la banda derecha tras suplir al lesionado Dembélé. Intervino en los dos últimos y decisivos goles del Barcelona. Su disparo repelido de manera extraordinaria por Cuéllar fue cazado por Suárez, mientras Messi y Jordi Alba tramaban el tercer tanto, síntoma de que aún con un 4-2-3-1 Leo es el faro del equipo.

Fue entonces cuando la estrella argentina entendiendo el momento en que estaba el partido, con el 1-1 de Braithwaite, asumió el mando. No solo por su disparo sensacional, prólogo del 2-1, sino porque después sentenció ya en un largo tiempo añadido, de siete minutos, con el 3-1 tras una conexión con Jordi Alba. Otra de tantas. Llevan años haciéndola y nadie ha encontrado un antídoto para desactivarla.