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LAS CLAVES TÁCTICAS

Las claves tácticas del Atlético-Barça: La pausa de Ousmane

El delantero francés exhibe toda su sangre fría en el recorte previo al gol que salvó al Barça

Marcos López

Dembélé marca el gol del empate al Atlético en el Metropolitano.

Dembélé marca el gol del empate al Atlético en el Metropolitano. / REUTERS / PAUL HANNA

1.- Cuando emergió el talento de Dembele


En el último suspiro emergió el talento. Parecía algo casi utópico visto como se estaba desarrollando el partido, dominado por el miedo táctico, diríase que exarcebado, al punto de que en la primera parte no había pasado nada. Nada es nada. Solo un disparo en propia puerta de Piqué, atrapado sin problemas por Ter Stegen. Pero el Barcelona, con ese nuevo (y viejo) disfraz táctico del 4-4-2, no tenía ningún tipo de luz. Iba a oscuras sin generarle peligro alguno a Oblak ya que sus circuitos habituales parecían oxidados. Pocos delanteros y poca presencia. Mandaban las pizarras, mandaban los técnicos, mandaba el miedo.

Justo cuando todo estaba destinado a la derrota del Barcelona, Messi, con un delicadísimo toque, desnudó a la defensa del Atlético, algo que parece hasta mentira, detectando la irrupción de Dembélé, convertido en extremo derecho. Llegó el balón a sus pies. Entonces, él detuvo el mundo. Era el último minuto. Pero no le entró angustia alguna. Ni prisa. Tuvo una pausa extraordinaria en el recorte previo antes del gol. Sangre fría innata.

2.- Primer córner del Atlético, primer tanto


A balón parado llegó la condena para el Barça más triste y gris que se recuerda en las últimas semanas. Era, curiosamente, el primer saque de esquina que tenía el Atlético. Tampoco necesitó muchos más. En el primero llegó el cabezazo salvador de Diego Costa, que retrató todo el desorden defensivo azulgrana. Tenía que hacer un marcaje zonal, pero lo hizo tan mal que el delantero brasileño apareció libre de marca en el segundo palo, emparejado, precisamente, con Rafinha. Semedo era el otro defensa que estaba más cerca de Diego Costa. Pero ni uno ni otro supieron frenar el vuelo del jugador rojiblanco, que se reencontró con el gol después de una larga sequía.

Tenía que ser Umtiti o Piqué, los dos centrales, quienes asumieron ese rol de tapar a Diego Costa. Pero le tocó a Rafinha, quien no llegó a tiempo de evitar ese cabezazo que liquidó al Barcelona, que empezó con dos delanteros (Messi y Suárez), que apenas pisaron el área. Y terminó, tras el 1-0 del Atlético, acumulando hasta cuatro delanteros debido a la aparición de Dembélé y Malcom. El francés fue quien finalmente equilibró ese desequilibrio defensivo.

3.- El retorno al plomizo 4-4-2


Era su sistema preferido, el que usó con fiabilidad durante la pasada temporada. Era el sistema de Valverde. El 4-4-2. O sea, un Barcelona con cuatro centrocampistas adelantando a Sergi Roberto para acompañar a Busquets junto a Arthur y Arturo Vidal, que estaba en la punta del rombo. En realidad, el chileno estaba ejerciendo de Paulinho. Con ese modelo táctico, el equipo se sentía más robusto, al tiempo que perdía creatividad e ingenio porque, además, no tenía mucha llegada por los laterales. Semedo no se proyectaba demasiado por la banda derecha. Jordi Alba, tampoco, por la otra punta, anulado como quedaban esos pases de Messi gracias al soberbio trabajo defensivo del Atlético.

Pero ese Barça del 4-4-2, por muy seguro que sea, pierde brillantez y, sobre todo, contundencia ofensiva ya que tanto Messi como Suárez se sentían desconectados del juego. Ni pisaban el área. Luego, con la lesión de Sergi Roberto y la entrada de Rafinha, el dibujo ya no fue tan asimétrico. El chileno ejerció de interior derecho; el brasileño, de falso extremo zurdo. Tampoco mejoró mucho el juego porque el cambio de verdad fue la pausa de Ousmane.