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RELACIONES FUTBOLÍSTICAS

El Barça siempre fue más de River que de Boca

La mayor afinidad en el estilo de juego propició que el club barcelonista encontrara más jugadores para fichar en el Monumental

Maradona y Riquelme son las dos excepciones, aunque los más codiciados por el Barça fueron los dos que le birlaron: Di Stéfano y Aimar

Joan Domènech

Riquelme y Saviola forman una barrera en el Barça-Mallorca de la Liga 2002-03, la única en la que coincidieron.

Riquelme y Saviola forman una barrera en el Barça-Mallorca de la Liga 2002-03, la única en la que coincidieron. / JORDI COTRINA

Dicen los expertos del fútbol argentino que no puede compararse la rivalidad entre River y Boca con la existente entre el Real Madrid y el Barça. Ni por la génesis de esa rivalidad ni por la carga de todos los componentes deportivos, políticos y culturales. Ni siquiera el perfil sociológico de las aficiones permitiría asimilar al Madrid con el River y el Boca con el Barça. Al contrario. En una cuestión meramente futbolística, hay mayores lazos azulgranas con los millonarios que con los bosteros: el Barça encontró más futbolistas para fichar en el Monumental que en la Bombonera. Existe un motivo.

“River siempre tuvo un estilo en el que predominaba la esencia del buen juego, se ganó la fama de ser un equipo de un fútbol más elaborado; Boca, históricamente, ha sido un equipo mucho más pasional, que tiró más de impulsos y de fuerza que no del toque”, cuenta una de las personas consultadas.

Precisamente esa característica refuerza la mayor facilidad del Barça en encontrar jugadores en River antes que en Boca. Solo dos llegaron del barrio porteño. Los dos con más clase de su historia. Los ídolos principales, indiscutibles. Diego Armando Maradona y Juan Román Riquelme. Los dos tuvieron una estancia efímera en el Barça pese al impacto que causó el fichaje.

Maradona y San José, en un Barça-Madrid en abril de 1983. / FERRAN SENDRA

Traspaso récord

Maradona (1982-84) fue el traspaso récord de la época. Costó 1.200 millones de pesetas (7,2 millones de euros). Una hepatitis (se habló de otro tipo de enfermedad) en la primera temporada y una grave lesión de tobillo provocada por Andoni Goikoetxea en la segunda, limitaron el rendimiento del astro argentino a 58 partidos y 38 goles. El Barça recuperó la inversión al traspasarlo al Nápoles (1.185 millones).   

Maradona se había forjado en Argentinos Juniors y pasó poco más de un año en Boca antes de ingresar en el Barça. El inicio de Riquelme fue idéntico: estuvo en Argentinos hasta los 18 años y en 1996 fichó por el cuadro boquense. En el 2002, tras haber brillado en la Copa Intercontinental que Boca ganó al Madrid, el Barça lo fichó por 26 millones de euros.

Sorín, Riquleme y Saviola, detrás de Oleguer y Puyol, en un entrenamiento de la temporada 2002-03. / JORDI COTRINA

El presidente Macri

"Como hincha de Boca, hoy es un día triste para mí. Este es uno de mis últimos actos como presidente. Pero, por otra parte, esta venta solucionará muchos problemas al club, porque equilibrará sus cuentas". Así explicó el presidente xeneize el cierre de la operación. Era Mauricio Macri, que hoy lo es de la República Argentina. "Nunca tuve dudas de que iban a pagar más por Riquelme que por Aimar. Porque Riquelme es mejor", pregonó Macri en la comparación con la otra gran estrella del momento. De River, por supuesto. Pablito Aimar había sido vendido al Valencia por 24 millones.

Riquelme supo desde el primer día que no jugaría en el Barça porque Van Gaal no le quería

Riquelme duró una temporada en el Barça. La misma noche del Gamper escuchó: “Aquí no vas a jugar”. La estrella del momento no esperaba ese alarde franqueza y le preguntó a su agente: “¿Quién es este pelotudo?”. El pelotudo era un profundo conocedor de la casa. Riquelme confesó tiempo después que esa no fue la primera vez que oyó la frase. 

Van Gaal, que es de las pocas personas que dicen las cosas  a la cara, me sentó a la mesa de su oficina y me dijo el primer día que no era una contratación suya, sino del presidente, que él no me había pedido”, contó Riquelme, una elección personal de Joan Gaspart que quiso ganarse a la hinchada contratando al verdugo del Madrid. “El hombre fue sincero, y eso me sirvió de mucho porque me ayudó a crecer”, admitió.

Etoo y Bonano, cuando el meta ya estaba en el Alavés. / VÍCTOR FRAILE (REUTERS)

Después de 42 partidos y 6 goles, Riquelme fichó por el Villarreal, al que condujo a la semifinal de la Champions (2006), donde cayó eliminado ante el Arsenal, frustrándose la final contra el Barça. El centrocampista tuvo al desgracia de fallar un penalti en el minuto 87.

Uno junto a tres

En esa solitaria campaña, Riquelme coincidió con tres argentinos. Los tres de River. Dos de ellos habían llegado antes y se marcharon después. El otro, Juan Pablo Sorín, vino cedido de la Lazio seis meses en el mercado de invierno, y luego se reencontraron en Villarreal. Roberto Bonano y Javier Saviola aterrizaron en el verano del 2001. El portero tenía ya 31 años –“aportará experiencia a una plantilla muy joven”, adujo Carles Rexach- y permaneció dos temporadas de las tres que firmó. Su contratación fue fácil: había quedado libre.

La de Saviola (20 años) fue un culebrón de aquellos que tanto gustaba a Gaspart. Costó 36 millones de euros (6 más de los anunciados). Formó la delantera con Kluivert y Rivaldo. Duró hasta el 2004. Fue cedido al Mónaco (04-05), al Sevilla (05-06) y volvió a acabar su contrato.

Di Stéfano y Puskas, vestidos de azulgrana, en el homenaje a Kubala. / ARCHIVO EP

El 'gallina' Maxi

En enero del 2005 llegó otro gallina, recordado por haber imitado el vuelo gallináceo en el único gol que marcó: al Chelsea en la Champions. Un fichaje sorprendente el de Maxi López, que se concretó porque el Udinese no accedió al traspaso de Iaquinta y porque la operación la gestionó el hermano de Rijkaard.

El último fichaje argentino, vía Inglaterra, fue Javier Mascherano, formado en la cantera del River Plate. El que más duró vestido de azulgrana: siete años y medio. Sin embargo, los dos jugadores más codiciados nunca debutaron con el Barça.

Aimar se lamenta en un Valencia-Athletic. / MIGUEL LORENZO

El primero fue Alfredo di Stéfano, a quien se envió al Real Madrid en los años 50 en una oscura maniobra burocrática. El otro fue Pablito Aimar, en el 2003. “Tenía técnica, cambio de ritmo, regate, lo tenía todo, todo lo que buscábamos…”, cuenta uno de los ejecutivos que intentó su fichaje antes y durante la estancia del mediapunta en el Valencia.