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LLEGA EL GRAN DÍA

Un clásico Barça-Madrid terrenal

Barça y Madrid se reencuentran echando de menos a sus estrellas en un duelo que puede sentenciar a Lopetegui

Joan Domènech

Alba y Piqué conversan en el último entrenamiento previo al clásico en Sant Joan Despí.

Alba y Piqué conversan en el último entrenamiento previo al clásico en Sant Joan Despí. / ALBERT GEA (REUTERS)

Sin Messi (momentáneamente, gracias a Dios), sin Cristiano y sin Iniesta, el clásico reaparece huérfano de las tres principales estrellas de la última década. Por mucho que el Barça-Madrid sea el gran duelo de la Liga, el más relevante, el más seguido, el primero de esta Liga es el menos galáctico de los últimos años. Y el menos dramático excepto para Julen Lopetegui, que acude al Camp Nou pendiente de un hilo. Si no puntúa, también desaparecerá de las futuras citas.

"Tras el clásico espero seguir respirando, no me voy a morir", dijo el técnico madridista para aminorar el ambiente trágico que le rodea. Por el aire que desprende -"aunque no ría estoy contento", aseguró el martes tras el triunfo sobre el Viktoria Plzen con siete pitadas en la Champions- y por el convencimiento general de que solo salvará la vida con una victoria en el Camp Nou. Nada extraordinario sería en una época en la que el Madrid lleva una racha de cuatro visitas sin perder. Con Zidane. Y con Cristiano.

Respirar sin dificultades

Ernesto Valverde no se ve en una situación tan comprometida, pero se ha sentido discutido como Lopetegui. Los triunfos sobre el Sevilla y el Inter han disipado las nubes (es un decir) sobre el Camp Nou, que sin embargo exhibirá mosaico y verá planear globos amarillos. El técnico azulgrana rechazó la figura de ser el probable verdugo de su colega. Valverde seguirá respirando sin dificultades a no ser que suceda una catástrofe en la que no creen ni los madridistas. 

La plantilla del Barça hace pasar por el túnel a Dembélé y Chumi. / LLUÍS GENÉ (AFP)

"Se me hace raro preparar un clásico sin Messi", admitió Valverde. Si hubiera dicho "doloroso" habría sido una observación más precisa. La ausencia del 10 del Barça es coyuntural. Lopetegui ya está habituado a pensar sin el 7 del Madrid. Perdió a Cristiano hace meses y no se atreve a utilizar a Mariano, a quien sienta en el banco de suplentes. Valverde ahora sí puede utilizar el 7. Consiguió deshacerse de Arda para darle la camiseta a Philippe Coutinho.

El 8 de Iniesta lo lleva con mucha dignidad Arthur, a quien le han bastado tres partidos para consolidarse en el once titular y darle un aire más reconocible al viejo Barça, tal vez más industrial que lustroso. Lo mismo puede decirse de Lenglet, debutante en el clásico, para cubrir la ausencia del lesionado UmtitiVermaelen y los madridistas Carvajal y Vallejo completan la lista de heridos. A excepción de Messi, todos defensas. Cómo cambian los tiempos.

Cambio de estilo

El Madrid también pretende cambiar de estilo con Lopetegui, y aproximarse más a un juego construido y académico pero choca con las tradiciones del Bernabéu. En el fondo choca por la ausencia de un tipo que anotaba 50 goles y que le dio un doblete a la Juventus para remontar ante el Empoli. Entre Bale y Benzema han marcado 7 tantos, los mismos que reúne Messi. En la Liga al Madrid le faltan los 10 goles que le separan del Barça, lo que ha abierto una distancia de 4 puntos y seis puestos en la clasificación

No es una situación irreversible, estamos en octubre", advirtió Lopetegui antes de despedirse de Valdebebas para viajar a Barcelona. Tiene razón. El precedente más semejante, a la inversa, se remonta a 1991. El Barça visitaba al Madrid con seis puntos de desventaja y hundido en el decimotercer puesto en la tabla. Los blancos eran segundos, detrás de un Atleti invicto. Era el 20 de octubre, el equipo de Cruyff salió del Bernabéu vivo con un empate (1-1) y fue remontando poco a poco hasta que se produjo el primer milagro de Tenerife.