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DEBUTÓ HACE 14 AÑOS

Montjüic, la montaña donde apareció Messi

El argentino se estrenó el 16 de octubre del 2004 en un derbi con el Espanyol supliendo a Deco en el arranque del Barça del 'círculo virtuoso'

Marcos López

Leo Messi, celebrando un gol esta temporada.

Leo Messi, celebrando un gol esta temporada. / REUTERS / Heino Kalis

En ese estadio hace años que ni se juega a fútbol. También hace ya bastante tiempo que Deco, el hombre que le dejó su sitio sobre el césped de Montjüic, se retiró. Hasta Frank Rijkaard, el entrenador que tuteló con tacto y mimo su descomunal irrupción, dejó los banquillos. Y ahí sigue él, Leo Messi, 14 años más tarde de su debut oficial, con 33 títulos reunidos bajo la camiseta azulgrana, como si fuera aquel primer día en la montaña olímpica.

El partido no estaba cerrado del todo. Ganaba el Barça de Rijkaard al Espanyol de Lotina por 0-1, con gol precisamente de Deco (m. 9), uno de los suyos, un disparo desde fuera del área que rebota en un defensa y despista a Kameni. Entonces, el técnico holandés ordena un cambio que tendría un impacto brutal en el fútbol mundial. Nadie lo imaginó entonces. Se va Deco y entra Messi, un joven argentino con el 30 a la espalda. Todo sucede el 16 de octubre del 2004.

Ocho minutos apenas estuvo sobre la hierba de Montjüic. Ocho minutos para galopar desde la banda derecha, entonces era extremo, extremo, sin anunciar entonces lo que vendría más tarde. Era un derbi soso, sin mucho fútbol donde apareció primero Iniesta para suplir a Etoo y luego Messi para que Deco se sentara. Justo antes de pisar el campo, el delantero de Rosario recibió el gesto cómplice de Carlos Naval, que era (y es), el delegado del Barça. El único que sigue en el mismo sitio 14 años más tarde. Él y Leo, claro.

Rijkaard, Ten Cate, su ayudante, y Ángel Mur, el masajista azulgrana de toda la vida, aplaudían sentados en el banquillo de Montjüic, mientras el Barça de esa época inicial del círculo virtuoso vivía bajo el impacto de las rodillas rotas: Motta, Edmilson, Gabri… Tan solo fueron ocho minutos, el prólogo de una historia sin fin porque no solo cambió el Barça sino la historia del fútbol mundial.

Con 17 años, tres meses y 22 días se convirtió en el segundo más joven de la historia en debutar, solo superado por el mítico Paulino Alcántara

Para empezar, con 17 años, tres meses y 22 días, Leo se convirtió en ese momento en el segundo joven más joven de la historia del club en debutar solo superado por Paulino Alcántara, el mítico delantero de origen filipino, que lo hizo con 15 años, 4 meses y 18 días.

"Jamás olvidaré estos minutos. Jamás", atinó a decir un joven imberbe, que llegó en el 2000 de forma anónima a La Masia, mientras el Barcelona atravesaba sus peores años en el aspecto deportivo, incapaz de intuir entonces el paraíso que descubriría. Y él le haría descubrir. Pero todo empezó a cambiar aquel 16 de octubre del 2004. "No, no me puse nervioso", contó después Leo. Coincidía, además, su debut oficial (el amistoso había sido en Oporto en noviembre del 2003) con el día de la Madre en Argentina. Pero llegó tan tarde a casa, que no pudo hablar con Celia. Le guardó, eso sí, la camiseta del debut. Un tesoro.