13 jul 2020

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EL TROFEO JOAN GAMPER

Palabra de dios

"Prometemos que vamos a hacer todo lo posible para que esa Copa tan linda y tan deseada vuelva acá, al Camp Nou", dice Messi priorizando la reconquista de la Champions

Marcos López

Leo Messi celebra su gol durante ante el Boca durante el trofeo Gamper

Leo Messi celebra su gol durante ante el Boca durante el trofeo Gamper / Alejandro Garcia (EFE)

No suele hablar mucho. En realidad, él habla cada vez que toca el balón. Diríase que Leo Messi solo se comunica con la pelota. Pero desde que la desastrosa Argentina de Sampaoli abandonaba Rusia deprimida hace poco más de un mes no se había escuchado la voz de Leo Messi. Se le vio jugar, y bien, como ya es costumbre cuando viste de azulgrana, en Tánger, levantando la Supercopa de España. Era su primer trofeo como primer capitán, alcanzando la descomunal cifra de 33 títulos, quedándose solo en la cima desbancando a Iniesta (32).

Habló sobre el césped del Camp Nou en una tarde veraniega, con el sol penetrando por todas las esquinas del viejo estadio culé. Apenas 82 segundos. Se estrenó como dueño del brazalete siguiendo, como él mismo dijo, el “gran ejemplo” de sus viejos amigos. “Para mí es un orgullo muy grande ser el capitán”, comenzó diciendo Leo en un discurso perfectamente estructurado. Pareció improvisado. Nada tenía, sin embargo, de casual. “Sé lo que representa ser el capitán de este club”, contó Messi, que lucía las cuatro barras de la senyera en su brazo izquierdo. “He tenido grandes ejemplos como Puyol, Xavi y el gran Andrés”, recalcó el astro argentino, tipo de pocas palabras y grandes hechos, como ese gol a Boca. De tantas veces que ha firmado goles así parece fácil. No lo es.

"Lo vamos a extrañar"

Antes, había escrito su Constitución culé. De ahí, que se acordara, sobre todo, del “gran Andrés”, como él lo calificó. “Lo vamos a extrañar mucho este año”, apuntó luego Messi. Quien más lo extrañará será él. Ya no podrá susurrarle sigilosamente, sin que las cámaras lo captaran, su frase preferida. “Ven, Andrés, ven. Acércate”. Solía hacerlo Leo cuando el partido, según su propia confesión, “se ponía áspero”. Ahora está solo. Xavi anda preparándose por Catar para volver, quizá coincidendo con Puyol. Cada uno en un rol distinto, mientras Iniesta, tras su segundo golazo en Japón, sonreía al leer en Twitter ese cariñoso recuerdo de Leo.

La Constitución ‘messiánica’ tenía tres capítulos: el primero honró la memoria de los mitos que le han acompañado en la construcción de los mejores años de la historia del Barça y el segundo ensalzó a sus nuevos compañeros. “Hicimos una plantilla para ilusionarnos y los fichajes que vinieron nos van a ayudar muchísimo a ser mejores de lo que éramos”. Faltaba, sin embargo, el tercer (y último) capítulo de esa obra magna del barcelonismo.

“El año pasado fue muy bueno porque ganamos la Copa y la Liga, pero también es verdad que todos nos quedamos con la espinita de la Champions, de la eliminación, por cómo fue, más que nada”, dijo recordando la caída de Roma. A quien más tortura es a él. “Hoy nosotros prometemos que vamos a hacer todo lo posible para que esa Copa tan linda y tan deseada por todos vuelva a estar açá, otra vez en el Camp Nou”. Promesa de Leo, palabra de dios.