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EMPATE EN EL CAMP NOU (2-2)

Clásico volcánico, autopasillo del Barça

El campeón resiste con 10 ante el Madrid en un duelo lleno de polémica y se mantiene invicto en la Liga

Marcos López

Pasillo del equipo técnico a los jugadores azulgranas.

Pasillo del equipo técnico a los jugadores azulgranas. / JORDI COTRINA

Acabado el clásico, lleno de "mucha cafeína", como dijo Valverde, y con miles de personas en las gradas del Camp Nou, los jugadores del Barça aguardaron en el centro del campo a que volviera Iniesta del vestuario para festejar a su manera el doblete. Un homenaje espontáneo donde la plantilla se fusionó con el público dando la vuelta al estadio para festejar una Liga en la que el Madrid, ni siquiera con un jugador más, pudo derribar al campeón, y esa Copa. Se marchó sin perder Andrés Iniesta dejando a Messi el brazalete y algo más. Una manera de entender el fútboL, que se dio la vuelta al estadio como penúltimo homenaje.

Nada de ese pasillo estaba organizado. Perteneció al ámbito privado de los futbolistas, que terminaron, a través de la voz de Piqué, quien cogió el micrófono, para realizar el pasillo que no tuvieron del Madrid. "Como somos campeones y estamos casi en familia y nadie nos ha querido hacer el pasillo le pido al staff que nos lo haga y nos vamos al vestuario", proclamó orgulloso el central, transformado en el portavoz del barcelonismo después de un volcánico clásico.

Iniesta, ya descalzo, se dirige al centro del campo para iniciar la vuelta de campeón con sus compañeros / JORDI COTRINA

"Como somos campeones y estamos casi en familia y nadie nos ha querido hacer el pasillo le pido al staff que nos lo haga" (Piqué)

Tan volcánico resultó que no faltó de nada. Desde clamorosos errores arbitrales (la no expulsión a Bale, el gol mal anulado a Suárez, el penalti no pitado que reclamó Marcelo por la entrada de Jordi Alba, la tarjeta roja que sí enseñó a Sergi Roberto, la falta de Suárez a Varane en la acción previa al 2-1…) a un partido sin control alguno. Al gol inicial del delantero uruguayo, un prodigio de contragolpe, replicó el Madrid con la oportuna aparición de Cristiano. Luego, todo se embruteció.

Diríase que se ensució desmintiendo que no había nada en juego. Viendo lo que sucedió al final de la primera parte cuando Suárez y Ramos protagonizaron una pelea barriobajera que alteró el que era un tranquilo paisaje. Engañosamente tranquilo porque a partir de ese momento, conectado el Barça a su gente, se reunieron 97.939 espectadores, la mejor entrada del curso, cambió todo.

Los jugadores del Barça festejan el 1-0 de Suárez / JORDI COTRINA

El Madrid le quitó la pelota al Barça en la primera mitad, indignado el barcelonismo porque no entendía que el canario Hernández Hernández no viera la dura patada de Bale al gemelo de Umtiti y sí estuviera certero descubriendo el manotazo de Sergi Roberto a Marcelo.

Era un asunto de honor y el Barça, a pesar de estar con 10 jugadores, se rebeló para no ser derrotado

Ese minuto final de la primera parte transformó el clásico. El Barça entendió, perdón Messi entendió, que solo desde el orgullo y la rebeldía podía mantenerse en pie. Estaba debatiéndose algo más que mantener la racha de imbatibilidad del campeón –no ha perdido ni un solo partido desde agosto pasado– porque el clásico siempre deja secuelas.

Era, en realidad, un asunto de honor por mucho que el Madrid, con el tobillo de Cristiano hinchado, perdió poder de intimidación. En la segunda parte, todo cambió. Parecía que para peor para los azulgrana porque se enfrentaban a un Madrid con un jugador más y ganas de truncar la excelente racha barcelonista. No entendieron que Messi estaba dispuesto a que Iniesta, en su último clásico, no se fuera con una derrota, pilotando la reacción de la segunda mitad anulando al Madrid.

Pasó de todo en 90 minutos que estaban destinados, o eso se creía ingenuamente, a ser tranquilos. "Afortunadamente no tenemos el VAR porque si no todavía estaríamos jugando. Es difícil arbitrar, eso está clarísimo. Hay que ponerse en la piel del árbitro. El VAR es una ayuda, la tecnología hace falta en el fútbol, tardará en ajustarse, pero al final se logrará", proclamó Valverde, recordando que estaba "fastidiado" por esa expulsión de Sergi Roberto, quien consideró que fue la "acción decisiva" del clásico.

"Este Piqué es una caja de sorpresas. Ha sido él quien ha dicho: 'Hay que hacer un pasillo' Pues se hace. Se lo merecen" (Valverde) 

 "Me ha fastidiado especialmente esa expulsión, aunque no he visto la jugada en televisión. Pero no creo que haya sido una jugada de expulsión, igual lo digo porque conozco a Sergi", se lamentó el técnico azulgrana, orgulloso, eso sí, de la actitud del Barça porque ni siquiera en sus peores momentos dobló la rodilla.

Messi festeja el 2-1 ante la grada del Camp Nou / JORDI COTRINA

Mejor con 10

Estaba el Madrid con el partido en la mano, acusando a Messi incluso de presionar al árbitro en el túnel de vestuarios en el descanso ("sí, sí le ha metido un poco de presión, por eso ha pitado de otra manera en la segunda parte", denunció Sergio Ramos), disponiendo de 45 minutos más para frustrar al Barça de tener la posibilidad de alcanzar ese récord que no se logra desde los años 30. Hace ya casi un siglo que ningún equipo se pasea por la Liga desde agosto hasta mayo firmando una temporada casi impecable. No estaba Mourinho, pero lo parecía, retornando a esos clásicos de infinitas cuentas pendientes. Y con 10 jugó mejor el Barça.

 De ahí que Piqué, sin que nadie lo supiera, decidió que este Barça de Valverde, que ha logrado el doblete viniendo de un período depresivo por la marcha de Neymar, organizara el autopasillo. "Este Piqué es una caja de sorpresas. Ha sido él quien ha dicho: ‘Hay que hacer un pasillo’. Pues se hace, se lo merecen". Tenía razón Zidane. Es más fácil ganar la Liga y mucho más sin perder ni un partido.

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