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INIESTA, BOTA DE ORO...

Barça-Madrid, clásico poco clásico

El campeón quiere despedirse a lo grande, mientras Zidane debate si da descanso a las 'vacas sagradas' en el Camp Nou

Marcos López

Messi, Piqué y Suárez, en la ciudad deportiva de Sant Joan Despí.

Messi, Piqué y Suárez, en la ciudad deportiva de Sant Joan Despí. / FC BARCELONA

El clásico menos clásico de los últimos años. Con todo decidido en la Liga (el Barça ya ha hecho incluso hasta la rúa para festejar el doblete), el Camp Nou abrirá sus puertas el domingo para recibir al Madrid, un equipo contruido para gobernar Europa, despedazado, curiosamente, en España. Incapaz fue el equipo de Zidane, que puede lograr el 26 de mayo su tercera Champions consecutiva, la cuarta en los últimos cinco años, de seguir al rodillo diseñado por Valverde. Poco brillante en ocasiones, pero siempre pragmático e irrompible, al punto de que los azulgranas no han perdido ni un solo partido en las 34 jornadas que se llevan de campeonato.

Clásico poco clásico porque no hay trascendente en juego. Si acaso, y ya es mucho, el honor. El honor del Barça, automancillado en la Champions con aquella derrota en Roma que le perseguirá por los siglos de los siglos, y el honor del Madrid, quien dimitió de una Liga que era suya en la pasada Navidad. Entonces, el equipo de Valverde se presentó en la ida en el Bernabéu para certificar un doloroso 0-3. Un 0-3 olvidado ahora por la epopeya europea blanca, acostumbrados a mirar siempre antes el marcador que el juego, pero que dañó de tal manera que llegó a ponerse bajo sospecha a Zidane. Pero llega la primavera y el Madrid renace de la miseria (está a 15 puntos del ya campeón y eliminado de la Copa por el Leganés) mirando este clásico como un asunto menor.

Zidane, ¿titulares o suplentes?


Menor resulta todo para el conjunto de Zidane, que se ha acostumbrado a despreciar la rutina diaria de la Liga para engalanarse únicamente en las noches europeas. Menor, sin embargo, no puede ser un clásico, que obligará al técnico francés a tomar decisiones. Da descanso a las vacas sagrada y presenta un Madrid B en el Camp Nou, con todo el riesgo que ello implica, o apuesta por su mejor equipo, exponiéndose a otro ripo de problemas, por mucho que la final de Kiev contra el Liverpool quede aún lejana en el calendario: será el sábado 26 de mayo.

Aunque el Madrid, en caso de que su entrenador apueste por el once de gala, puede romper esa racha de imbatibilidad del líder. Pero Zidane está pensando, como es lógico, en la batalla final. Lo demás no le interesa. Se juega la Champions y no acabar una temporada en blanco de títulos grandes. Una temporada en la que empezaron avasallando al Barça en agosto como prólogo de lo que parecía un sencillo camino hacia el triplete. Les queda, eso sí, una última bala. La mejor. La de la Champions. O la gloria o el caos.

Messi, en el entrenamiento de este jueves en la ciudad deportiva del Barça. / FC BARCELONA

Las secuelas de Roma


Valverde, por su parte, tiene la plantilla al completo, mientras Zidane va perdiendo jugadores por diversas lesiones. Además, el entrenador madridista no quiere arriesgar ni con Carvajal ni tampoco con Varane, piezas esenciales de su estructura defensiva para someter y enjaular a ese endemionado tridente red: Salah-Firmino-Mane. El clásico resulta, curiosamente, más trascendente de lo que se supone para el Barça, a pesar de que ya tiene todos los deberes hechos. En el éxito (otra Liga y Copa más esperan hueco en el Museo), pero también en el fracaso que dejará secuelas. La eliminación en Roma agilizará la reestructuración de la plantilla, a pesar de que Valverde, por muy prudente y hombre de club que sea, no olvidará las quejas que divulgó la junta tras esa estrepitosa caída.

Yerry Mina cabecea en el interior del rondo en el entrenamiento del Barça / FC BARCELONA

Resulta trascendente para el líder y campeón poder terminar la Liga con la etiqueta de invencibles

Es trascendente para el líder y campeón porque quiere terminar la Liga con la etiqueta de invencible, algo que no ha conseguido nadie. Y, al mismo tiempo, quiere que Iniesta, en su antepenúltimo partido en el Camp Nou, se vaya a lo grande de los clásicos. Este jueves, el capitán realizó un trabajo específico en la vuelta a los entrenamientos del equipo de Valverde, dosificándose como está para llegar también en las mejores condiciones al Mundial de Rusia, su última gran aparición planetaria. La penúltima es, precisamente, este clásico que, tiene suficientes argumentos para que tenga más relevancia de la que puede imaginarse.

La pelea por la Bota de Oro

Sin olvidar que Messi, que tiene ya la cabeza en Sampaoli y la lista de jugadores que deben acompañarle en su cuarto Mundial, pueda asegurar otra Bota de Oro para su museo personal de Castelldefels. Ha marcado Leo 32 goles, mientras Salah, la estrella del Liverpool, con 31, es su gran amenaza para uno de los trofeos individuales más valiosos.  Asuntos menores aparentan ser porque todo, excepto la Champions, está decidido, pero no hay nunca un clásico menor. Ni siquiera éste.

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