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EL ANÁLISIS

Radiografía del fracaso del Barça

La primera derrota de la Champions es también la última y consuma el declive del equipo, incapaz de superar los cuartos por tercer año seguido

Joan Domènech

Dzeko (1-0), De Rossi (2-0) y Manolas (3-0), los autores de la eliminación del Barça.

Dzeko (1-0), De Rossi (2-0) y Manolas (3-0), los autores de la eliminación del Barça. / Gregorio Borgia

La primera derrota de la Champions resultó suficiente. La primera significó la despedida de la competición, así de voluminosa fue. El Barça cayó de nuevo con estrépito, mayor si cabe por los precedentes (no corregidos) de anteriores temporadas y por producirse ante un rival inferior. No habrá repercusiones pese a que las proporciones del despropósito de Roma atañen a todos los estamentos futbolísticos del club: desde el palco al césped, pasando por las salas de reuniones de los ejecutivos, el despacho del entrenador y el vestuario donde se visten los futbolistas. Pero la temporada sigue viva con la posibilidad del doblete.

EL DECLIVE

Un equipo encallado en el pasado

La Champions del 2015 brindó la victoria electoral a Josep Maria Bartomeu, que resumió su candidatura con la foto del triplete y del tridente. No queda nada. El triunfo fue un islote, acaso una nostálgica anécdota.

Las proporciones del despropósito atañen a todos los estamentos del club: desde el palco al vestuario

Desde entonces, el equipo ha caído en los cuartos de final cada año: dignamente ante el Atlético, estrepitosamente en Turín (3-0) y Roma (3-0). Antes, el Bayern había arrasado al grupo de Tito Vilanova (2012-13) y el Atlético zarandeó en la vuelta al Barça de Tata Martino (2013-14). Solo con Guardiola (dos títulos y dos semifinales entre el 2009 y el 2012), el Barça estuvo a la altura de lo que se espera de él.

La foto del once titular remite a la alineación de Berlín. Solo Semedo y Umtiti han llegado después. Valverde no confiaba en nadie más de los que alineó, dando a entender de que no cree en el banquillo, ni lo considera de garantías. Tampoco lo creía Luis Enrique, lo que traslada parte del problema hacia arriba, al amplio y sofisticado cuerpo técnico que dirige Pep Segura.

Del once de Roma, solo Umtiti (2016) y Semedo (2017) han llegado tras el triunfo del 2015. /LLUIS GENE (afp)

LA ACTITUD

Falta de competencia a un once acomodado

Pero el problema, de origen, se sitúa en el césped. Jugó la alineación de gala, la lista de jugadores que recitaría cualquier aficionado, sea del Barça o no, con la única salvedad de Semedo u otro. Los titulares se creen titulares y los suplentes se sienten suplentes porque es el rol que acaban asumiendo y con lo que todos se acomodan. Los primeros no se sienten amenazados. No hay una competencia que eleve el nivel. Ni Valverde la ha forzado. Sus suplentes son los mismos que los de Luis Enrique. Dembélé, el relevo de Neymar, estuvo en el banquillo los dos partidos.

Valverde se crispa dando órdenes a sus hombres en Roma. / TONY GENTILE (REUTERS)

Dzeko jugó a sus anchas ante unos centrales que ni le rozaron. Umtiti no le hizo ninguna falta y Piqué solo la del penalti

El recambio de Luis Suárez sería Paco Alcácer. Si el Atlético se hubiera enfrentado al Roma, y a Simeone le disgustara la actuación de Diego Costa, le podría sustituir por Torres, Gameiro, Vitolo o Correa. ¿Yerry Mina fuerza el progreso de Piqué? ¿Digne, ahora lesionado, espolea a Alba? ¿Es Denis una amenaza para Iniesta? Ni siquiera Valverde ha corregido el bajón evidente de Umtiti retirándole en favor de Vermaelen. Alcácer entró en el minuto 84, junto con Dembéle, y la tragedia consumándose.

EL PLANTEAMIENTO

"Los italianos hacen cosas", diría Rajoy

La pasividad de Umtiti y Alba en el primer gol fue inadmisible, cuando el entrenador había pedido que no se permitiera un gol tempranero del Roma. El penalti de Piqué a Dzeko fue una broma macabra. No le tocó en todo el partido. Solo cometió esa falta. Esa. Umtiti ni una. Dzeko, evidentemente, jugó a sus anchas contra los dos centrales. Luego todos miraron a Semedo, que defendió con candidez el primer palo en el córner del 3-0 ante un Manolas que le sacaba 11 centímetros de diferencia.

Piqué comete el penalti sobre Dzeko que supuso el 2-0. / FILIPPO MONTEFORTE (AFP)

Valverde no hizo nada ante la evidencia de que su mensaje no caló. Se quedó paralizado. Tenía a Paulinho, Denis y Gomes calentando. Llamó al primero y le relevó por Dembélé. Reclamó al francés para que entrara, pero rectificó. Eligió a Gomes.

Eusebio di Francesco sí que le dio vueltas al equipo y al dibujo. Colocó a los laterales (Florenzi y Kolarov) muy arriba y los cinco centrocampistas dominaron a los cuatro del Barça, mientras Schick, Dzeko y Nainggolan mantenían atrasada a la defensa del Barça, impidiéndole salir. "Los italianos hacen cosas", habría dicho Mariano Rajoy parafraseando una de sus citas ("Los catalanes hacen cosas") más célebres.

LA DEPENDENCIA

Messi lo condiciona todo: o él o nadie

Di Francesco preparó el milagro. Valverde solo lo previno, adoptando medidas reactivas. Optó (como en la ida) por Sergi Roberto para contener las subidas de Kolarov en lugar de elegir a Dembélé para impedirlas. El 4-4-2 de manual que usa no ha corregido la tendencia de hace varios años: la dependencia, el poder, la autoridad, el ascendente de Messi. Ningún jugador contempla ninguna acción de ataque que no sea pasársela a él, lo que acaba condicionando y limitando el juego, reduciéndolo.

El equipo solo ha anotado dos goles fuera de casa; cada eliminación se produjo cuando Messi no marcó

Las eliminaciones del Barça coinciden con eliminatorias en las que no ha marcado él. Y si no marca él, no marca nadie. Dos goles en los cinco partidos como visitante ha anotado el Barça en la Champions. El autogol de Coates (Sporting) y el de Leo al Chelsea. El mejor futbolista de la historia ha logrado un título europeo en los últimos siete años.

Messi se lamenta en un lance del partido. / Riccardo Antimiani

EL PROBLEMA

La necesidad de fichar y gastar otra millonada

El mayor problema del Barça, más allá del silencio general del club esquivando responsabilidades, es que está obligado de nuevo a invertir en capital humano para elevar el nivel futbolístico.

Quinientos millones después (desde el 2014) no tiene mejor plantilla. Ni en la cantera, un desastre, se perfilan alternativas para cubrir aunque sean huecos. Los fichajes de Griezmann y Arthur no parecen suficientes para augurar que no se repetirá un fracaso como el sufrido. El Barça  que visitó Roma en el 2009 coronándose como campeón ascendía hacia la gloria; el del 2018 sigue rodando cuesta abajo.

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