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LA RECONSTRUCCIÓN DEL GOL DEL SÁNCHEZ PIZJUÁN

Cuando Messi caminaba por Sevilla

El 10 asistió desde la lejanía a la jugada previa a su tanto que mantiene la racha de imbatibilidad del Barça

Marcos López

Messi celebra su gol al Sevilla, que permite al Barça seguir imbatido en la Liga. 

Messi celebra su gol al Sevilla, que permite al Barça seguir imbatido en la Liga.  / AP / MIGUEL MORENATTI

Marcó Luis Suárez el 2-1 en el Sánchez Pizjuán y Messi seguía aún caminando. Corría acelerado el uruguayo hacia el centro del campo para ganarle segundos al reloj, con Piqué llevando delante suyo presuroso el balón para colocarlo sobre la cal. Y Leo, entretanto, ni hizo amago de imitar a su vecino. ¿Para qué? Ni tampoco enloqueció para seguir a Geri, su amigo. No dejó de caminar el 10. Sacó Nolito hacia Nzonzi, mientras el sevillismo cantaba a capela el himno del centenario, como si quisiera ampararse en un arrebato para evitar lo que ya sabía inevitable.


Pero, ¿dónde estaba Messi? Estaba caminando, con aire despreocupado, recostado en esa posición interior del campo, inclinado más bien a la derecha. Más volante diestro entonces que extremo. Más media punta incluso, alejado en esos momentos de máxima tensión que sacudía un partido en que el Sevilla podía haber goleado al Barça. Puso Nolito el balón en movimiento, sin poder ocultar el miedo (más bien pavor)  que se había instalado en su cuerpo desde que Messi había sustituido a Dembélé a 33 minutos del final, ya con el 2-0 en el marcador.

Camuflado


El Barça, perdón, Messi, ya había detectado que su momento estaba cercano. Nadie lo diría viendo su lenguaje corporal. Todos, sevillistas y azulgranas, estaban excitados. Todos, menos el 10. Apenas le duró doce segundos la pelota en los pies a los jugadores de Montella, convertida en un objeto desagradable.

Nolito ni miró hacia Ter Stegen ya que se puso de espaldas. Sacó atrás a Nzonzi, este se la dio a Banega, tipo curtido y de oficio, al que también le quemó el cuero, como a Pizarro, por lo que terminó siendo Lenglet, el prometedor central zurdo francés, quien ante la presión desesperada de Alcácer lanzó entonces un potente y largo balonazo para ganar metros. Y tiempo.

Sacó de centro el Sevilla tras el 2-1 y apenas le duró 12 segundos el balón en los pies. El 10 llegó trotando para intervenir solo en el tiro final

¿Messi? Camuflado andaba en su zona de confort, alejado de todo el proceso defensivo del Barça, que rescató el tesoro del balón gracias a la persistencia de Piqué y Rakitic. ¿Corría? No, eso como diría Rexach es para los cobardes, incluso ahora en este fútbol tan moderno donde hallar un espacio parece tan complicado como conquistar un tesoro perdido. Rakitic ni miró a Messi, a quien tenía cerca porque entendió que el juego debía fluir por la izquierda con la conducción de Coutinho y la profundidad de Jordi Alba.

¿Leo? A lo suyo, caminando como si estuviera paseando por el barrio sevillano de Triana. Parecía un turista saboreando la Semana Santa. El Barça se convirtió en un equipo de izquierdas y Messi, entretanto, vivía en la orilla derecha, gobernando el control del tiempo. Y, sobre todo, del espacio. Estaba lejos de Coutinho, pero, en realidad, estaba cerca. Fue entonces cuando se puso a trotar. Poco más de 10 metros. Denis, inteligente, se apartó de su camino, zurdazo y gol. Luego, volvió a caminar.

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