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80 AÑOS DEL BOMBARDEO

Bomba fascista sobre la sede del Barça

Los bombardeos de la aviación italiana sobre Barcelona en marzo de 1938 destrozaron las ofcinas del club

Frederic Porta

Retrato de Josep Cubells, en la sala de trofeos del Barça en los años 50.

Retrato de Josep Cubells, en la sala de trofeos del Barça en los años 50.

Casi medianoche del 16 de marzo de 1938, justo 80 años atrás. Por desgracia, Barcelona se acostumbra a sirenas, refugios y bombardeos sobre la ciudad. Desde Mallorca, la aviación italiana aliada de Franco despliega una ofensiva continua. No sólo buscan fábricas o lugares estratégicos, también provocan terror entre la población. Esta vez, el azar en las dianas consigue pleno eco si pretendían socavar la moral civil.

Un proyectil alcanza de lleno la sede social del Fútbol Club Barcelona, situada en la céntrica calle de Consell de Cent, número 331. Desde la gira por México del año anterior, el club ha cesado, prácticamente, su actividad deportiva, si bien mantiene el pulso latente. El impacto, que derriba parcialmente el edificio, convierte en chatarra unos 300 trofeos de la entidad, logrados en su primer tercio de vida. Y emerge la figura del héroe del momento, el conserje de la entidad, Josep Cubells, único habitante y guardián de la sede blaugrana.

Consell de Cent, 331, sede del FC Barcelona, en una imagen de 1932 / ARCHIVO 

En plena guerra civil, Cubells está a punto de cumplir 38 años. Desde 1927 hasta su fallecimiento, en 1960, se ocupará de guardar diversos centros del club. En su primer contrato laboral con el Barça, quedaba estipulado un sueldo de 275 pesetas mensuales y el añadido de gozar de “una habitación gratuita” allá donde el club tuviera su sede.

A las 23:30 de esa fatídica jornada, Cubells estaba solo y, por suerte, en la parte posterior del inmueble, que quedaría intacta tras el raid. La parte delantera del edificio se viene abajo, causando la muerte de cinco vecinos. En pleno 'shock', el empleado toma una decisión crucial. O actúa rápido o los incontrolados rapiñarán el menguado patrimonio de la entidad. Con ayuda de algunos ciudadanos y amigos, Cubells recupera buena parte de la documentación, de las actas directivas y salva por igual mobiliario, copas y unas 2.500 pesetas en efectivo.

Tras días lanzando muerte sobre BCN desde el cielo

Aquella Barcelona era puro caos. Los aviones seguirán tres días más lanzando muerte contra la indefensa población. Hasta el 18 de marzo se calcula que fallecerán más de mil barceloneses. Imposible imaginar cómo se las ingenió Cubells en aquel pandemónium. Encuentra un almacén seguro en la ronda de Sant Pere y allí deposita los enseres rescatados.

Sin su intervención, el Barça habría perdido la memoria histórica de sus primeros 40 años de existencia. El arrojo con que afrontó aquellas primeras horas tras la tragedia, sin embargo, se cobran tributo inmediato en la salud de Cubells, quien se ve forzado a pedir la baja laboral. Ya recuperado, en mayo del 38, solicita el reingreso a sus superiores, pero la directiva, presidida por Francesc Xavier Casals, se lo niega alegando “las circunstancias actuales, la falta de trabajo y otras consideraciones”, según queda constancia.

Casals, 'exconseller' de la Generalitat, es el nuevo presidente del Barça, sucesor del fusilado Josep Suñol y relevo del Comité de Empleados que evitó la confiscación del club en los primeros días de la sublevación. Comité compuesto por otros apellidos inolvidables en la historia del club, como Rossend Calvet o Ángel Mur, padre.

El carnet sindical del conserje Josep Cubells. / ARCHIVO

La vida de Josep Cubells anda tan ligada ya al Barça que solicita de nuevo su reincorporación a la Comisión Gestora que arrebata el testigo de Casals una vez terminada la contienda. No consigue su empeño hasta octubre del 39, cuando se le repone en su antigua labor “en calidad de mozo y sin vivir en su sede social”. Ahora cobrará 75 pesetas semanales. No hay agradecimiento por lo que consiguió, evidentemente.

La Copa de Todos, en un almacén

Por suerte, tres años más tarde, volvería a ser conserje como premio por recomendar la nueva sede del Barça, situada en un chalet del singular pasaje Méndez Vigo. Tozudo, no quiso que nadie enviara al chatarrero aquellas maltrechas copas y trofeos.

Cubells fallece a los 60 años, aún en su puesto de trabajo. Tras múltiples peripecias, le sobrevive la llamada Copa de Todos, escultura de 110 kilos, fundida con aquella morralla inservible salvada tras el bombardeo. Hoy, esa Copa aún reposa en un almacén del 'més que un club'. Ochenta años después.

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