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EL CLÁSICO POR NAVIDAD

Pasillo para el Barça

El equipo de Valverde silencia el Bernabéu con un triunfo aplastante y se dispara en la Liga

Marcos López

Suárez marca el primer gol ante Varane y Navas.

Suárez marca el primer gol ante Varane y Navas. / JUAN MANUEL PRATS

Cautivo y desarmado abandonaba el madridismo su casa. Rendido y desconsolado se marchó antes incluso de que acabara el clásico porque tenía hambre. Empezó presumiendo de «Blanca Navidad» y terminó arrodillado, un día más, ante el Barça de Messi. O el Barça de Iniesta. Al viejo Barça, que silenció el templo blanco con una excelente segunda mitad donde los goles (Suárez, Messi, de penalti, y Aleix Vidal) certificaron, de nuevo, que no hay equipo que más daño le haga al Madrid. Aunque, en realidad, esa extraordinaria metamorfosis lleva la firma de Valverde, un técnico sensato, nada estridente, sencillo, alejado del populismo, que ha guiado al Barça a la cima de la Liga tras un verano caótico.

Recién iniciado el invierno, y a pesar de que todavía quedan dos jornadas para acabar la primera vuelta, el Barça ya tiene su primer título. Es honorífico, eso es cierto, pero el verdadero título es que ha renacido en apenas cuatro meses después de quedarse desnudo en ese mismo estadio. El Madrid imaginó que la vida sería coser y cantar, pero no entendió que el Txingurri, con paso de hormiga, estaba levantando una obra que no sería nada fácil derribar. Cuando presumía de cinco títulos y la escarapela de mejor equipo del planeta, tras conquistar el Mundial de clubs, Zidane asistió impotente, y sin respuesta alguna, a otra exhibición del Barça de Messi. O de Valverde.

Rotunda personalidad

Con muchos menos recursos que su ensalzado colega francés, el técnico azulgrana definió la rotunda personalidad de su equipo. No es fácil tumbar al Barça, incluso sin tener a Umtiti, a quien nadie echó de menos por el poderío exhibido por Piqué y Vermaelen, y cuando se conectan las esencias de las vacas sagradas puede con todo. ¿Cómo? Todo fluyó a través del pase, el lenguaje universal culé.

Iniesta, que podía jugar con las manos en los bolsillos hasta ser abuelo, ofreció una cátedra futbolística acompañado por su amigo de siempre: Leo Messi. Piqué, juguetón como es cuando pisa el Bernabéu, dictó una lección de saber estar, fiable, seguro, solvente, arropando a Vermaelen, mientras Paulinho se hacía indetectable en la primera parte y Busquets preparaba su gran obra en la segunda mitad. El 10, entretanto,  tramaba en silencio otra de sus grandes maravillas en el Bernabéu.

A 14 puntos

De pronto, y después de estar sostenido sobre esas manos de titanio que posee Ter Stegen, el Barça acalló al madridismo abriendo un boquete en la Liga (14 puntos de diferencia, aunque con un partido menos) que orienta todos los focos hacia Zidane. El boquete es de tales dimensiones que pone bajo sospecha al Madrid de los cinco títulos, originando, al mismo tiempo, un endiablado debate en el vestuario de Valdebebas porque Isco, el jugador más en forma esta temporada, no salió ni un solo minuto a la pradera del Bernabéu.

Y, además, la apuesta de Zidane por Kovacic, creyó que lo que le valió en verano le serviría también en invierno, fue un fracaso. El golpe del Barça, ninguneado esta temporada, como si su fenomenal trayectoria en la Liga fuera producto de la casualidad (14 victorias, tres empates, 45 puntos de 51 posibles), es realmente descomunal. Iban esperando sus rivales que cayera algún día. Es más, pronosticaban su desplome, aunque todos erraron el diagnóstico.

Leo asiste

Pero ahora, en cambio, cuando miran la clasificación necesitan prismáticos para descubrir por donde vuela el Barça de Valverde. El segundo es el Atlético, pero tropezó en Cornellà y está a nueve puntos. El Valencia, que parecía comerse el mundo al inicio, está tercero y también lejos. A 11. El Madrid opulento, el de los cinco títulos, el del mejor jugador de la historia, está a 14, sacudido por otro terremoto messiánico, el genio que firmó su gol número 15 en la Liga. Tras pasear feliz y tranquilo por su otro jardín, el del Bernabéu, tiró el penalti a su rincón de seguridad, pero con violencia y furia para enterrar el error ante el Deportivo y luego, cuando el madridismo, un año más, enfilaba los vomitorios deprimido dejó una asistencia a Aleix Vidal. Iba descalzo en su pie derecho, ya sin bota, cuando hacía que este año la Navidad no fuera blanca sino azulgrana.

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