Ir a contenido

UN VALOR EN ALZA

Paulinho llega puntual

El todoterreno brasileño se consolida como uno de los valores de Valverde en el Barça gracias a sus goles y la consistencia que aporta

Joan Domènech

Paulinho celebra su gol al Eibar en el Camp Nou.

Paulinho celebra su gol al Eibar en el Camp Nou. / REUTERS / ALBERT GEA

Su nombre apareció en junio, pero fichó en agosto. Era de los fichajes «que no son tan ilusionantes», en palabras de Josep Maria Bartomeu, pero ha sido el más aplaudido de los cuatro por ahora. José Paulo Bezerra Maciel Júnior sigue dando de qué hablar, pero para bien.

Paulinho ya es un símbolo del Barça de Valverde, acabe como acabe la temporada. Aterrizó procedente de China, del Guangzhou Evergrande, un lugar de retiro, y a una edad, 29 años, impropia para un proyecto renovador. Venía para ser parte del fondo de armario y el sábado, en el Bernabéu, será titular. Igual que en la mitad de los partidos jugados hasta ahora. Se lo ha ganado por el rendimiento ofrecido, reconocido incluso por la corte de detractores de su adquisición, más por sus virtudes y el concepto en sí de la apuesta deportiva que representaba que por las soluciones que podía brindar al equipo. Y ese era, justamente, su mayor valor.

El brasileño ha superado todos los prejuicios que se generaron al fichar por el Barça

«Es un jugador titular de la selección brasileña, con una técnica y un físico importantes. No existe un perfil como él en la plantilla y nos puede ayudar desde otra perspectiva. Nos dará versatilidad», fue la descripción de Valverde sobre los motivos de su adquisición, por 40 millones, el 17 de agosto. Ni un céntimo menos de los 40 millones que pedía el Guangzhou.

Tercer goleador del equipo

Paulinho ha derrotado a los prejuicios. Su mayor victoria, no la única ni la primera. Personifica el triunfo de la constancia y la abnegación. Los dos últimos goles al Deportivo son el mejor ejemplo: cazó sendos rebotes de los cinco postes que sumó el Barça. El balón se deslizo hacia sus pies. Sí. A los suyos. A los de nadie más. Porque era él quien estaba allí, quien seguía corriendo detrás de la jugada, ejerciendo de tercer delantero.

Lo es, el tercer delantero, en número de goles. Lleva seis, menos que Messi (14) y Suárez (9), y más que Alcácer (2), el irregular Deulofeu (1), el convaleciente Dembélé y el dimitido Arda. Y más que Cristiano (4) y Benzema (2) en el Madrid.

Excelente colocación

Siempre en el sitio justo y en el momento oportuno. Paulinho llega puntual a la cita con el gol, que por otro lado es una valiosa coartada para los defensores del brasileño. La fortuna (¿o es la fe? ¿o la constancia? ¿o la intuición) que le sonrió ante el Depor es la misma que le había colocado en el lugar preciso donde Kepa despejó el balón en Bilbao y la misma que le orientó para cazar la pelota extraviada en el área del Leganés.

Más estudiado era el movimiento estratégico para cabecear un córner ante el Las Palmas. Y más trabajado fue el derechazo al Getafe. El único con más de un toque. El primero que marcó con el Barça, y que relajó el ceño fruncido de los 'haters' porque permitió remontar el marcador y evitar el tropiezo que habría abonado la desconfianza en el equipo, todavía fresco (un mes exacto) el descalabro frente al Madrid en el Bernabéu.

Paulinho aterrizó en Barcelona al día siguiente de la Supercopa, lo que no contribuyó a suavizar el deprimido ánimo de los culés, aún conmocionados por la marcha de Neymar. El cambio de cromos entre brasileños se antojaba insultante.

Prejuicios superados

«Al llegar era muy cuestionado y está haciendo algo impresionante, ofreciendo un gran trabajo y muchos goles», explicaba Rivaldo con cierta admiración no exenta de comprensión por los humildes orígenes de ambos y el recelo inicial que despertaban. Más graves que los futbolísticos fueron los prejuicios que debió superar Paulinho a lo largo de su vida. Lo contó en una entrevista a EL PERIÓDICO cuando rememoraba el largo viaje, extraño y errático, que trazó para acabar en el Camp Nou, donde le esperaba Messi para abrazarle y acogerle, y echar unas risas como cuando le había musitado, en junio, en un amistoso Brasil- Argentina: «¿Qué? ¿Vamos para Barcelona o no?».

"No existe un perfil como él en la plantilla y nos puede ayudar desde otra perspectiva. Nos dará versatilidad"

Ernesto Valverde

Entrenador del Barça

Paulinho vino 13 años después de haber partido, con 16, del Pao d’Açúcar brasileño. Siendo juvenil, se aventuró a ser profesional en Lituania, en el Vilnius, donde descubrió el racismo, y huyó hacia Polonia, donde se topó con el engaño. Regresó a casa, decidido a abandonar el fútbol.

El toque de atención

Lo abandonó hasta que su primera mujer le avergonzó: «Es una falta de respeto hacia tus padres. ¿Vas a olvidar lo que hicieron por ti?». De pronto lo recordó. Y se puso de nuevo las botas. Duró poco otra vez, en el segundo vuelo profesional sin salir de Brasil. Con el Bragantino y el Corinthians, donde ganó sus primeros títulos. La segunda salida a Europa, al Tottenham, volvió a ser amarga (6 goles en 45 partidos), y se refugió en China, junto con el exiliado Scolari. Barcelona es el tercer intento. El último.