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LA PIZARRA

Las claves tácticas del Juventus-Barça. Viaje a la oscuridad

Ter Stegen volvió a ser decisivo con una parada prodigiosa en un gris partido azulgrana

Marcos López

Valverde, en el Juventus Stadium.

Valverde, en el Juventus Stadium. / AFP / MARCO BERTORELLO

1.- La mano de acero de Ter Stegen

Estaba todo oscuro. Sombrío. Daba la sensación de que en Turín no se jugaba un verdadero partido de Champions. El Barça, sin Messi, emprendió un viaje a la oscuridad, perdido en un laberinto. Ni cuando apareció el 10 mejoró demasiado, confundido en un juego al que no está nada acostumbrado.

Ter Stegen y Buffon se abrazan al final del partido.

Pragmática confusión porque Valverde, sensato como es, no toma decisiones alegremente y aprendió la lección del 3-0 del curso pasado. Quien lo aprendió mejor que nadie fue Ter Stegen, un portero descomunal, capaz de aparecer con tremenda efectividad en Leganés y aguardar hasta el último suspiro para dejar una obra de arte en Turín.

Estaba ya en el tiempo añadido cuando Dybala, quien le torturó en la primavera pasada, armó su pierna izquierda para engatillar un venenoso y preciso disparo. Venenoso porque iba a ras de césped y preciso porque buscaba la base del poste derecho. Entonces, emergió Ter Stegen con una parada de cine. Felino, lleno de reflejos y con una mano derecha de acero. Colosal.

2.- Cuando Paulinho ejercía de media punta

Del doble nueve (Suárez y Alcácer encadenaron dos partidos consecutivos esa fórmula) al 4-4-2 de toda la vida. Teniendo, además, a Paulinho, un centrocampista vertical en un equipo acostumbrado antes a vivir en la horizontalidad del pase, como el media punta.

Pero nada creativo, más bien todo lo contrario. O sea, llegando desde atrás, pero sin combinación alguna, por lo que el único recurso azulgrana quedó limitado al tiro desde fuera del área. A Suárez, huérfano de socios, se le vio desconectado del juego. Y del partido.

3.- Umtiti, o el exquisito oficio de central

Juega silenciosamente. A veces, da la sensación de que ni tan siquiera está. Pero siempre aparece Samuel Umiti, un tipo que hace de su oficio casi un arte. Un arte para robar el balón tirándose al suelo, como hizo en un par de ocasiones, al tiempo que iniciaba la jugada de ataque de su equipo. Un arte de estar siempre en el lugar adecuado, gobernando con maestría la relación espacio-tiempo, demostrando que se vive mucho mejor acompañado, como ordenó Valverde a su equipo.

Umtiti controla el balón ante Dybala.

No usó el Barça la suicida defensa de tres de Luis Enrique en la pasada temporada que le costó la caída europea. Apenas se asomó una miedosa Juve, sobre todo en la segunda mitad, al área de un tranquilo Ter Stegen. Por un lado, la tradición del 4-4-2; por otro, la innovación de un carril zurdo completado con los dos laterales: Digne como titular y defensa y Jordi Alba, que apareció en los 10 minutos finales, ejerciendo además de interior izquierdo. Un ala totalmente nueva, nunca vista antes. 

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