2º MEJOR JUVENIL DEL MUNDO

Sergio Gómez, una zurda de plata

El joven azulgrana fue una de las grandes estrellas del reciente Mundial sub-17, que perdió la selección española en la final ante Inglaterra

Sergio Gómez posa con el Balón de Plata como segundo mejor jugador del mundo juvenil que logró en la India.

Sergio Gómez posa con el Balón de Plata como segundo mejor jugador del mundo juvenil que logró en la India.

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Marcos López

Con apenas tres años y cogido de la firme mano de Victoriano, su abuelo, abandonaba feliz el colegio –estaba en P3- camino del escondido campo del Trajana. Escondido entre altos e interminables bloques de edificios donde Barcelona se convierte ya en Sant Adrià de Besòs, enredado entre el final de la Gran Via, al pie de la ronda litoral, justo al otro lado de la ciudad deportiva del Espanyol. Allí iba Sergio Gómez, elegido la pasada semana como el segundo mejor jugador juvenil del mundo tras el sensacional Philip Foden, el diamante inglés que anida en las manos de Pep Guardiola en el Manchester City. Durante tres años, el mismo recorrido, la misma felicidad.

"Mi abuelo me regaló el primer balón", cuenta él recordando esos paseos del parvulario al campo del Trajana, donde ya asombraba esa "zurda tan especial" que deslumbró en la India donde la España sub-17 caía en la final ante la inglaterra de Foden. Sergio marcó dos goles, pero ni adelantarse en el marcador (0-2) le sirvió a la mini Rojita para conquistar el único título que se le resiste.

"Yo lo veía jugar con España en el Mundial y hacía las mismas cosas que cuando estaba con nosotros en el Badalona", cuenta Alfredo, su técnico en el club escapulado. Apenas lo tuvo una temporada. Se lo llevó el Espanyol, pero saboreó la clase de un niño, que lee, entiende y, además, comprende el juego, dotado de un látigo en su pierna izquierda. Algunos creen que, en realidad, se trata de un cañón. Un verdadero cañón oculto. O si no que se lo pregunten a Gholam Zadeh, el joven meta iraní, privilegiado espectador en los cuartos de final de un obús gomesiano que se coló por su escuadra izquierda.

"Yo lo veía jugar con España en el Mundial y hacía las mismas cosas que cuando estaba de niño con nosotros en el Badalona" (Alfredo, su primer técnico en el Badalona)

"¿En serio la quiso colocar ahí?", le preguntó un periodista de la FIFA al juvenil azulgrana asombrado de la distancia (casi 30 metros) y de que lo hiciera a pie parado. "Sí, ¡apunté ahí, lo juro!", respondió Sergio Gómez, dedicando ese gol, como ya es costumbre, a Victoriano, mientras Pedro y Carmen, sus padres, sonreían felices desde la distancia, al igual que Rubén, su hermano.

Alfredo ni se sorprendió. Ellos, tampoco. Disparos así había visto muchos antes, incluyendo un catálogo de goles olímpicos desde el banderín de córner. "Venía del Trajana y yo estaba entrenando entrenando al prebenjamín A. Sergio era más pequeño, no tenía que estar conmigo. Pero en el primer entrenamiento de la temporada, le veo en un rondo dar dos toques al balón  y entonces, le digo al coordinador del Badalona: ‘Este juega conmigo’".

Desparpajo y potencia

Con Alfredo se quedó, pero poco tiempo. "Ya veía cómo ponía el cuerpo, cómo golpeaba el interior, cómo le pegaba... Es zurdo, zurdo, zurdo cerrado", afirma el técnico, recordando todavía ahora como "aquella camiseta de manga corta parecía de manga larga" en el diminuto cuerpo de Sergio. "La primera vez que lo vi jugar no se le veían ni las piernas con esa camiseta azul tan larga y los pantalones", cuenta David Fernández, el técnico que lo reclutó de forma inmediata para el Espanyol, adelantándose en 15 días a la llamada del Barça.

Rubén (hermano de Sergio Gómez), Carmen (madre), Sergio y Pedro (padre)

 "Al instante ya te das cuenta de que es un chico con desparpajo, con una zurda diferente a la de los demás. Tiene un don" (David Fernández, su primer técnico en el Espanyol)

"Al instante ya te das cuenta de que es un chico con desparpajo, con una zurda diferente a la de los demás. Tiene un don", afirma uno de los entrenadores con mayor talento para detectar el talento joven. "Aún guardo la carta en mi casa firmada por el difunto José Manuel Casanova donde se cerraba el acuerdo. El abuelo", habla de Victoriano, claro, "es un crack y sus padres son una pasada", dice Fernández, el extécnico blanquiazul, que dirige ahora la captación en Catalunya de jóvenes para el Madrid.

Iniesta y Messi, sus ídolos

Alfredo, David y Jordi Font, el técnico que al final lo reclutó para el Barça, disfrutaban "orgullosos" de la soberbia progresión de Sergio Gómez en el Mundial. Fue de menos a más. Dejó su timidez y asombró con la delicada contundencia de su fútbol. Quizá hasta en eso se parece a Iniesta, uno de sus ídolos de la infancia, junto a Messi. De tez palida también y aire tranquilo, como el de Fuentealbilla, seduce con su silenciosa elegancia. Siete partidos, cuatro goles (dos de ellos en la final) y dos asistencias para recoger un trofeo, segundo mejor jugador del mundo juvenil, entre lágrimas tras caer ante Foden y sus amigos.

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"Es inevitable, enseguida se te van los ojos hacia él", explica Font, su primer entrenador en el Barça, sobre un chico de 17 años, que acaba contrato en el 2019 y cuya cláusula de rescisión es de tres millones de euros. "Tiene gol, mucho gol. Parece muy tranquilo por fuera, pero tiene una mentalidad competitiva bestial. Crees que es pausado, pero cuando arranca de verdad es muy potente porque sabe leer el juego muy bien", dice del nieto de Victoriano.