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UN GAMPER LLENO DE EMOCIÓN

Y Ruschel volvió a sentirse futbolista

El capitán del Chapecoense, uno de los supervivientes del accidente aéreo, jugó 35 minutos y Follman y Neto, hicieron el saque de honor

Jordi Tió / Barcelona

El capitán del Chapecoense Alan Ruschel señala al cielo tras ser sustituido en el Gamper

El capitán del Chapecoense Alan Ruschel señala al cielo tras ser sustituido en el Gamper / QUIQUE GARCÍA (EFE)

Seguramente fue lo mejor de la noche. La sentida y emocionada ovación que la afición del Camp Nou, a pesar de su poco más de media entrada (64.705 espectadores), dedicó al Chapecoense, golpeado por la tragedia aérea del pasado noviembre, y en especial a los tres supervivientes de aquel desastre: Alan Ruschel, el capitán y símbolo del renacer del modesto club brasileño; el central Helio Neto, que volverá a jugar el próximo año, y el portero Follmann, al que tuvieron que amputar la pierna derecha.

A muchos se les hizo un nudo en el estómago con el merecido reconocimiento al Chape, que jugó de entrada con todos los suplentes porque los titulares disputaron la noche del domingo el partido de Liga ante el Curitiba y viajaron durante la noche para llegar justo al partido-homenaje del Gamper.

Saque de honor

Pero sin duda valió la pena para los jugadores brasileños, en especial para Ruschel, Follmann y Neto, que además hicieron el saque de honor, seguramente el momento más emotivo. Los tres saltaron hasta el centro del terreno de juego. Allí, Follmann, que puede andar gracias a una pierna ortopédica, tocó con suavidad la pelota y Neto impactó el balón, justo lo que espera hacer con normalidad a partir de enero. Sin embargo, el portero, porque Follmann todavía se siente guardameta, espera volver a jugar. No podrá ser a nivel profesional, eso no, pero sí podría ser con el equipo paralímpico de su país, su gran reto a partir de ahora.

El portero Follmann, que perdió una pierna en el accidente, quiere seguir jugando a fútbol en el equipo paralímpico de Brasil

Un empeño aplaudido y valorado por Ter Stegen, que en las redes sociales dedicó una emocionante carta al Chape y a su colega. «Leí que  tiene la ambición de representar al equipo de fútbol paralímpico de Brasil. Estoy sin palabras. No puedo imaginar lo que ha pasado, pero después de todo mantener el deseo de seguir jugando al fútbol realmente es increíble y valiente. Si este es su próximo objetivo, le ofrezco todo mi apoyo y realmente me gustaría ayudar si puedo», fue el mensaje del portero azulgrana para Follmann, que ahora trabaja en el cuerpo técnico del club brasileño.

Arrodillado en el centro del campo

También lloró Ruschel de emoción el día que volvió a sentirse futbolista. No era para menos. Hasta ahora solo había disputado 40 minutos de un entrenamiento. Este lunes lo hizo a lo grande, nada menos que en el Camp Nou durante 35 minutos porque su cuerpo, lleno de cicatrices, algunas de ellas marcadas en el alma para siempre, no está todavía para esfuerzos de 90 minutos. Por eso se arrodilló en el centro del campo, levantó los brazos al cielo y agradeció a Dios que le diera otra oportunidad. Puso el brazalete de capitán a un compañero y se despidió en medio de una gran ovación.

Intercambio con Messi

Al final de la primera parte también tuvo su recompensa de forma particular porque, como había reclamado, quería cambiarse la camiseta con Messi. Y allí estaba el mejor jugador del mundo, con su zamarra azulgrana en la mano para dársela a Ruschel.

Fue un partido, además, jugado con delicadeza futbolística porque el Barça, a pesar de la goleada, jugó a medio gas, pero con toda la emoción a flor de piel. No es para menos. El Chapecoense sigue trabajando en su reconstrucción deportiva y anímica, en un ejemplo de superación que personalizan Ruschel, Neto y Follmann.

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