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LAS CLAVES DEL ESTRENO AZULGRANA

El Barça recupera las esencias ante la Juventus

El regreso de Messi a la banda y la presión alta distinguen el estreno de Valverde, satisfecho por «la implicación» del equipo en el trabajo defensivo

Joan Domènech

Messi, durante un entrenamiento en el Red Bull Arena, en Nueva Jersey.

Messi, durante un entrenamiento en el Red Bull Arena, en Nueva Jersey. / REUTERS / MIKE SEGAR

Tal vez se tratara de la efervescencia del primer día. O del mono de volver a jugar un partido de fútbol. De un espíritu optimista ante la nueva etapa que comienza en el viejo Barça. El mismo, o muy parecido, al original. El equipo recuperó el primer día dos características que remitían a las esencias originales de la última década: Messi volvió a pisar con más frecuencia la banda derecha y el equipo se distinguió por la presión adelantada de los mejores tiempos que le permitía recuperar el balón en el campo ajeno.

Ernesto Valverde vio «muchas cosas buenas», aunque quizá menos que la mayoría de los culés por ver la buena pinta que tuvo el Barça ante la Juventus. El entrenador analiza con mayor severidad y conocimientos a sus jugadores, por mucho que no para de recordar que les está apenas conociendo. Pero reconoció que salió satisfecho del estadio, tanto por la victoria, simbólica, como por «la implicación» de los futbolistas.

Fortaleza y unidad

Esa implicación aludía, precisó Valverde, al espíritu con que el equipo presionó arriba tratando de recuperar pronto el balón. Se acercó mucho al primer Barça de Pep Guardiola, que corría poco hacia adelante para evitar correr más hacia atrás. Gracias, entre otras razones, a la presencia de Dani Alves por su agresividad en el centro del campo para cubrir les espaldas de Xavi y Messi.

El argentino regresó a la banda como antes. En ausencia de sus antiguos compañeros, contó con Aleix Vidal y Rakitic para que le liberaran parcialmente del trabajo defensivo. 

«La idea de presionar alto o no depende de la fortaleza que sintamos en ese momento. Y si decidimos presionar alto, hay que hacerlo todos juntos, porque el equipo se compromete a ello», explicó. Hasta Messi corrió hacia adelante persiguiendo balones. Esa fue otra de las señales más llamativas del estreno de Valverde.

La posición del 10 con Luis Enrique acabó siendo la de un mediapunta centrado que se quedaba arriba con Luis Suárez esperando a que volviera la pelota. Neymar ejercía de cuarto centrocampista por la izquierda en la fase defensiva. Ante la Juventus, Messi empezaba y acababa en la derecha. Si quedaba desplazado en la jugada de ataque, era Alcácer retrocedía para tapar el costado.

Del líder al aprendiz

«Este partido nos sirve de mucho», reconoció Valverde, liberado de la inquietud por ver cuál sería la respuesta del equipo en su debut. En particular, de las estrellas. El entusiasmo de Samper, que ha regresado de su fallida cesión al Granada, se da por descontado, postulándose como un futuro recambio de Busquets. «Quiero quedarme en el Barça y aprovechar cda minuto que tenga para demostrar que estoy preparado», prometió Samper.

Si Luis Enrique se proclamó «el líder·» del vestuario cuando asdumió las riendas en el 2014, Valverde ha adoptado el papel del aprendiz. Ayudar, aprender, progresar y mejorar son los verbos que utiliza con mayor frecuencia cuando describe su mentalidad para dirigirse a un vestuario plagado de trofeos. Y, encima, la idea de presionar después de cada pérdida exige a sus pupilos una dosis adicional de humildad.

Encontrar a Messi

Se la ofreció Messi, que robó cuatro balones en la primera parte. Leo cubrió una parcela menor del campo de lo que era habitual. «Él sabe mejor que nadie dónde colocarse para tener ese espacio libre que le permita recibir el balón. Jugamos muchas veces para encontrarle a él. En principio, su punto de partida es la derecha, y debemos encontrar unas pautas para estar organizados».

A Messi le encontraron este domingo como turista en Manhattan. Con su esposa, sus hijos y los Suárez. La familia Iniesta anduvo aparte, como el resto de los jugadores. Valverde se quedó en el hotel, en la campiña de Nueva Jersey y a hora y media de la bulliciosa –y este domingo gris y lluviosa– Nueva York.  Relajándose tras superar la primera prueba. «Aquí nos examinamos cada día», musitó.

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