11 jul 2020

Ir a contenido

En memoria de Kubala

La ciudad de Budapest aprobará poner el nombre del mito azulgrana a un parque con motivo de los 90 años de su nacimiento

JORDI TIÓ / BARCELONA

Carlos Kubala posa junto a una camiseta del Barça. 

Carlos Kubala posa junto a una camiseta del Barça.  / JORDI COTRINA

«Mientras esté en el corazón de los aficionados, se le seguirá recordando», afirma Carlos de su padre. Y sí, tiene razón, Ladislao Kubala sigue muy presente entre los barcelonistas, no solo porque una imponente estatua en el Camp Nou, obra de la escultora Montserrat Garcia, nos recuerda la figura del mejor jugador del Barça del siglo XX (como eligieron los propios culés en 1999 con motivo del centenario del club), sino también porque su legado deportivo y humano se ha ido traspasando a través de las generaciones de barcelonistas, evitando que el paso del tiempo entierre en el olvido una figura legendaria que, este próximo 10 de junio, cumpliría 90 años.

Kubala, fallecido el 17 de mayo del 2002, fue tan popular en nuestro país como desconocido en el suyo, Hungría. De hecho, muchos húngaros, aún hoy, descubren su figura cuando se topan con la estatua del Camp Nou. «Al huir de la dictadura comunista, se prohibió hablar de él. Mi padre no existía en Hungría y todas sus estadísticas futbolísticas estaban ocultas», recuerda Carlos, tratando de explicar el motivo de ese olvido. Algo que ahora las autoridades tratan de reparar.

INICIATIVA EN BUDAPEST

Esta próxima semana, el pleno del Ayuntamiento de Budapest aprobará poner el nombre de Ladislao Kubala a un parque de la ciudad, una iniciativa que el propio alcalde, István Tarlós, se encargó de anunciar durante el acto organizado por el cónsul general de Hungría en Barcelona, Barnabás Kovács, el pasado lunes en el Palau de Pedralbes, con motivo de la celebración por los 90 años del nacimiento de la estrella.

«Gracias a él, los catalanes recuperamos la autoestima», afirmó durante su parlamento Ramon Alfonseda, presidente de la Agrupació Barça Jugadors, evidenciando que la figura de Kubala trascendió más allá de sus éxitos deportivos. «Sí, mi padre fue una estrella, un revolucionario del fútbol tanto a nivel técnico como en el apartado físico, pero lo más bonito es que también se le recuerda por su bondad como persona», añade Carlos, que no puede evitar emocionarse cuando habla de ello. «Venía de una familia muy humilde y siempre se acordó de la gente que le ayudó cuando no tenía nada. Es verdad, en más de una ocasión se quitó su abrigo y lo dio a un pobre, además de dinero. Era feliz ayudando a las personas».

EL TURNO DE BARCELONA

Es posible que a Kubala, que ganó 4 Ligas, 5 Copas y 2 Copas de Ferias con el Barça, le diera cierto rubor al ver su estatua delante de la entrada principal del estadio. «Diría que no se lo merece, seguro, porque tampoco le gustaba cuando salía el debate sobre si el Camp Nou tenía que llevar su nombre. Por eso, en el pedestal de su figura salen también los nombres de sus compañeros porque siempre nos recordaba que sin el equipo no hubiera hecho nada», dice Carlos.

Mientras Hungría y Budapest, su ciudad natal, se movilizan para restituir el honor que merece el nombre de Kubala, ahora tendría que llegar el turno, de una vez por todas, de la ciudad de Barcelona, cuyo extenso callejero bien merece lucir el nombre de la estrella barcelonista. Por ahora, las escasas propuestas no han gustado a nadie, tampoco a la asociación de veteranos del club. Pero la cercana efeméride de su 90º aniversario sería un buen momento para reactivar la iniciativa y saldar la deuda con la leyenda de Kubala.