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Messi se sube al 600

El Camp Nou inaugura el 'minuto 10' en honor a Leo, que firmó dos tantos en apenas una hora de juego

Marcos López

El Camp Nou rinde homenaje a Messi por sus 500 goles como azulgrana.

El Camp Nou rinde homenaje a Messi por sus 500 goles como azulgrana. / JORDI COTRINA

Con Leo todo caduca muy rápido. Viaja a la velocidad de la luz por el césped, por mucho que se le vea durante bastantes minutos ir caminando. Es un mentiroso. No se lo crean. Lleva más de una década instalado en la cima y por mucho que se busque su secreto jamás lo han hallado. Costó, por ejemplo, que se desplegara esa gigantesca pancarta desde el lateral del Camp Nou. El viento y las inmensas dimensiones dificultaron que cayera fácilmente. Costó ver el mensaje ¡Gracies Leo! Y ese descomunal 500 que llenaba casi dos gradas del estadio. Caducó pronto. Ya la pueden ir guardando en el museo porque la estrella no está para recrearse en el pasado, ni siquiera cuando inventó el ‘minutonoventaymessi’ en el Bernabéu.

Como ya sabía que sería sustituido a la hora de partido, aprovechó el tiempo para firmar dos goles

Hace mucho tiempo que él solo compite contra sí mismo sin reparar en que la huella que está dejando trasciende más allá de sus sobrenaturales números. Hasta el culé, que llega al Camp Nou con una hoja de ruta de lo que debe hacer en cada minuto (en el 12 toca criticar a Tebas, el presidente de la Liga de Fútbol Profesional, y en el 17 gritar a favor de la independencia de Catalunya), decidió romper su rutina.

Se inventó el ‘minuto Messi’. ¿Cuándo? Era el minuto 10 de partido y, de repente, sin previo aviso, ni tampoco a través de las redes sociales, el pueblo culé se puso a corear el nombre de la estrella. Por vez primera coincidiendo con el dorsal de Leo, miles de aficionados dieron rango oficial a ese minuto, al igual que se instauró en el 83 un sentido y profundo homenaje a Tito Vilanova, quien murió hace tres años.

El mejor homenaje es el de Messi, que honra el fútbol en cada partido. Sea en el Bernabéu, con los focos del mundo orientados hacia el Paseo de la Castellana, o en un anónimo partido ante el colista. No entiende de rivales ni tampoco de asuntos irrelevantes. A los 10 minutos llegó la ovación; a los 11, el gol 501. ¡Adiós a la pancarta! Un tanto que, curiosamente, evocó al primero aunque fuera en la portería distinta. Ambos de vaselina. Una más alta, la que anotó ante Albacete en el gol norte, y otra más baja, la que firmó frente a Osasuna. Pero la misma sutileza y delicadeza para tocar el balón con una dulzura que hipnotizó a Valbuena (2005) y Sirigu (2017).

El primero fue una vaselina a Valbuena (2005); el 501 también fue una vaselina, no tan alta a Sirigu (2017)

 Y eso que a Leo, aunque parezca mentira, le costó amansar la pelota que él mismo había robado tras un grave error defensivo del conjunto navarro. Camino de la portería de Osasuna, iba domando con más dificultades de lo habitual ese balón antes de asomarse ante las narices de Sirigu y superarlo con un toque exquisito. Aún faltaba, sin embargo, el tradicional gol messiánico. ¿Cuál es? Ese en el que recibe la pelota, incrustado entre la línea de cuatro defensas y cuatro centrocampistas, hallando un hueco que no existe.

 A partir de ahí, todos saben lo que va pasar. Todos es todos. Agarra el balón y llega lo inevitable. Va regateando con su cuerpo y hasta con su mirada a todo aquel que osa cruzarse en su camino. Haciéndose Messi espacio, al tiempo que está armando su deliciosa pierna izquierda, ajustando el ángulo de visión. Lo inevitable volvió a ser inevitable. Un gol, el 502 ya, que parece fácil. Fácil de tanto vérselo a Messi, pero al alcance de muy pocos. Por la sencillez con la que construye un espacio que no existía antes, por la fiabilidad en el golpeo generando una parábola espectacular. De fuera a dentro de la portería.

El Messi más centrocampista que nunca decidió aprovechar su tiempo. Sabía que le iban a sustituir a la hora de partido en una imagen simbólica al ser sustituido por Aleñá, un joven de la casa. Por eso, antes de que el Camp Nou se pusiera en pie para despedirlo, manteando muchos aficionados sus camisetas, como hizo él en el Bernabéu, tenía que cumplir con su trabajo. Vayan preparando la próxima pancarta. Le quedan 98 goles para alcanzar las 600.  

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