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El 3-4-3 de Messi

Los mapas de calor reflejan la creciente influencia del astro con el cambio de sistema

Marcos López Joan Domènech

Messi festeja su primer gol al Celta en el Camp Nou.

Messi festeja su primer gol al Celta en el Camp Nou. / GETTY / VLADIMIR RYS

El Parque de los Príncipes fue el escenario de la gran catástrofe de la temporada. También de la 'era Luis Enrique'. Su Barça se ve obligado a una remontada histórica, que nunca necesitó y que ningún equipo de Europa ha consumado. El entrenador empezó por cambiar el sistema. Leo Messi, la piedra angular de la plantilla, se acomodó a él. El paso de los partidos ha reflejado su creciente influencia en el juego y ha revertido en una clara mejoría general del equipo. El astro argentino ha metido seis goles y ha dado tres asistencias. Tocó fondo en París, como el Barça, y desde entonces se ha reinventado.

PARIS SAINT GERMAIN

DESAPARECIDO

Messi ni pisó el área en París. Estuvo tan desconocido que hasta perdió un balón que acabó costando el 2-0 del equipo de Emery. A partir de ahí, la estrella se apagó. Fue irreconocible al punto de que ni tan siquiera firmó un solo disparo a puerta, incapaz, además, de conectar con Neymar, el más atrevido en el Parque de los Príncipes, y Suárez. No pisó el área, ahogado por la estructura defensiva del conjunto francés. Tan solo un tiro realizó la estrella, aunque no vino ni de jugada. Era una falta directa que estrelló en la barrera. Messi no fue Messi en París. Tampoco el Barça fue el Barça.

LEGANÉS

ENFADADO

En su último partido como extremo derecho, o falso extremo porque él se mueve por todas las zonas del campo con absoluta libertad, se le vio crispado sin haber superado aún la catástrofe de París. Ni en esos días de duelo abandonó al equipo. Marcó los dos goles del Barça. Al inicio del partido (m. 3) y al final con un penalti angustioso en el último suspiro (m. 90). No celebró con demasiada alegría el primer tanto, tras asistencia de Suárez, y exhibió su enfado cuando marcó ese penalti. No tenía entonces nada que celebrar la estrella.

ATLÉTICO

REBELDE

El equipo acusaba aún las secuelas de la profunda herida de París cuando Luis Enrique, de manera inesperada, lo agitó en el Calderón. Empleó un 3-4-3 a la hora de atacar que colocaba a Messi en la punta del rombo abandonando así la banda derecha. En la primera mitad, sin embargo, el nuevo media punta participó en el juego, asediado el Barça (y Leo) por el Atlético de Simeone en los 30 minutos iniciales. Luego, en un gesto de rebeldía lideró al equipo en la segunda parte. Y celebró el gol del Calderón a lo grande, como si no hubiera un mañana.

SPORTING

FELIZ

El pobre Sporting no pudo contener a un revitalizado Barça por el triunfo de Madrid. Messi había decidido los dos anteriores partidos y no fue menos ante un condenado al descenso que, encima, se presentó con suplentes. Un bello gol de cabeza, colándose entre la zaga en busca de un balón de Mascherano selló pronto (m. 8) la suerte gijonesa. Leo intervino menos y dio menos pases que en los anteriores partidos porque jugó menos. Luis Enrique le retiró del campo en el minuto 60, ahorrándole esfuerzos para que el astro se exprima ante el PSG.

CELTA

GENIAL

Dos goles y dos asistencias. Lo que para muchos futbolistas sería la actuación de su vida, en el caso de Messi fue una jornada rutinaria. Un día más en la oficina. El peligroso Celta se derrumbó en cuanto vio a Leo. Primero con esa penetración que abrió en canal a la poblada defensa; a continuación, con el sutil pase que dejó a Neymar mano a mano con Sergio. Sentenciado el choque en el primer tiempo, Messi hizo feliz a Umtiti y luego terminó con otra cabalgada lo que había empezado: el triunfo ante el Celta y el sueño de la remontada.