"Cruyff hizo la Capilla Sixtina"

El legado del exentrenador holandés no solo cambió al Barça, que vive su época más gloriosa, sino la manera de mirar el fútbol

Cruyff sostiene la foto de Pep Guardiola celebrando la victoria del Barça en la final de Champions de Roma.

Cruyff sostiene la foto de Pep Guardiola celebrando la victoria del Barça en la final de Champions de Roma. / JORDI COTRINA

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MARCOS LÓPEZ / BARCELONA

Sentado en su despacho cambió el fútbol. Su despacho no tenía paredes. Su despacho era el campo del fútbol, disfrutando de ese olor a hierba recién cortada que tanto le gustaba a Johan Cruyff. Sentado sobre un balón de cuero observaba el juego que él cambio. Hay un fútbol antes de Cruyff. Y otro fútbol después de Cruyff. Decidió que los pequeños jugadores, por diminutos que fueran, tenían sitio en su equipo abriendo un territorio inhópisto por el que después se colarían Xavi e Iniesta, por ejemplo, hijos o, tal vez, nietos de Johan. Hijo fue Guardiola, un medio centro esmirriado, de poca presencia física, que no tenía regate, disparo ni juego aéreo. Pero entendía el fútbol de maravilla. "Cruyff hizo la Capilla Sixtina", declaró el ahora técnico del Bayern de Múnich a este diario cuando ni siquiera era entrenador. Hablaba de su maestro con devoción. Era mayo del 2006. 

"Salid y disfrutad",  "Salid y disfrutad", ese fue su último mensaje a los jugadores antes de la final de Wembley en 1992

Estaba Guardiola entonces sacándose el carnet de técnico en Madrid cuando el Barça de Rijkaard, otro discípulo de Cruyff, estaba a punto de alcanzar la segunda Copa de Europa en París. Pero nada habría sido posible sin JC, el hombre que revolucionó este deporte. No solo por lo que ganó (el Barça no tenía ni una sola Copa de Europa cuando llegó en 1988 y ahora, en cambio, tiene cinco) sino por cómo lo ganó. Trasladó al fútbol su visión lúdica de la vida, desacomplejado, sin miedo alguno a nada. Ni a nadie.

Antes de la final en el viejo Wembley (1992) contra el Sampdoria italiano, y al comprobar la tensión que desprendían los rostros de sus asustados jugadores, Cruyff, con su clásica gabardina marrón y sus inconfundibles gafas Ray Ban con las que paseó por la pradera londinense, tomó la palabra. Nada de discurso futbolístico. Ni siquiera de arenga emocional. Todo fue muy simple: "Salid y disfrutad". El mensaje caló en un equipo que cambió la historia del Barça. "No, no sabía que habían ensayado la falta de Koeman", confesó 23 años después desconociendo que el fútbol, caprichoso él, le había reservado una acción a balón parado para romper con la frustración de varias décadas.

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"Cruyff hizo la Capilla Sixtina y Rijkaard la restaura", explicó Guardiola en el 2006 sin saber entonces que él sería quien sublimaria ese legado de Cruyff, que ahora mima y venera Luis Enrique. Su obra es eterna. En Barcelona, en Múnich, el Bayern, la casa de Beckenbauer, tuvo que ir a fichar al cruyffista más radical, y en Inglaterra, donde el City, con Txiki Begiristain, sigue fanáticamente su filosofía. Se ha ido en silencio el Miguel Ángel del fútbol.